Ella
- Lilhy Camacho

- 16 ago 2022
- 16 Min. de lectura

No puedo creer que justo hoy me agarre esta lluvia torrencial, no es posible que el día de mi entrevista de trabajo, cuando venía tan guapa y arreglada, la lluvia hubiera destruido todo el look.
Lo peor es que solo fue mientras caminé del lugar donde comí hasta el edificio, dos calles bastaron para arruinar todo.
La gente va corriendo por la calle, el tráfico comienza a notarse más y el caos es inminente cuando por fin entro a un edificio super moderno.
El guardia de la puerta me pregunta a qué piso voy… y yo con cara de idiota lo miro y lentamente niego con la cabeza para decirle que no sé a qué piso debería ir, porque lo único que me dijeron fue que preguntara por la Sra. Jones.
Al escucharlo él abre mucho los ojos y me mira tratando de entender lo que digo, pero yo sigo ahí como una sopa, pasmada, mientras una gota de agua pasa por mi frente y yo la seco con la orilla de la manga de mi saco tratando de disimular… y como suele suceder, empiezo a hablar como loca por los nervios.
- Claro, antes de pasar me gustaría ir a un baño a secarme un poco y arreglarme el cabello y el maquillaje - lo digo señalando lo obvio - y después, me gustaría poner las ideas en orden, porque ahora que lo pienso, quizá la señora me quiere hacer la entrevista en inglés y cuando estoy nerviosa olvido todo.
Él seguía sin contestarme, aún con tacones yo no alcanzaba ni de chiste el 1.70, él hombre que estaba a dos pasos de mí mediría más de 20 centímetros que yo, y con su traje negro me imponía demasiado… y pensar en la señora que me haría la entrevista lo empeoraba todo.
Algo escuchó en el auricular de su oído derecho y miró a todos lados, tomó aire y por fin dijo en una voz muy ronca…
- Te esperan en el piso 82, pregunta por Aline al bajar del ascensor y ella te llevará a la oficina de la señora Jones. Si quieres pasar al baño antes, hay uno detrás de ese muro - dijo mientras señalaba una pared de piedra blanca, donde caía una cascada de agua y había unas grandes letras plateadas, que iluminaban por detrás.
- Muchas gracias - fue todo lo que pude contestar.
Me miró una vez más y sentí como si me mandara la bendición antes de moverse un poco y dejarme pasar.
El ruido de mis tacones me sorprendió, era como el cliché de las películas donde una chica hermosa y con todo el porte camina sobre aquellos salones elegantes, pero en este caso era una muy mojada versión mía, con unos tacones que casi no ocupaba y ahora corría a un lugar seguro para arreglar el daño y pasar lo más desapercibida posible.
Mi cabello era un caos, rizos escurrían por todos lados, pero al menos el maquillaje seguía casi intacto.
Así que la mejor idea que tuve fue agachar la cabeza en el secador de manos y sacudirla hasta que sentí que todo el agua se había esfumado, cuando me paré parecía salida de algún show de los 90´s con unos rizos alborotados.
Mi vestido tenía unos botones en el pecho, negro totalmente y tenía un cinturón que marcaba mi silueta de forma discreta, al menos eso fue cuando traía el cabello acomodado, ahora con el pelo así me aventuré a desabrochar los últimos tres botones, hasta llegar al cinturón, busqué entre las cosas de mi bolsa y encontré un collar plateado que había usado unos días antes y fue el accesorio perfecto para darle un giro a todo.
Al salir de ahí me sentía radiante y empoderada, el cabello me daba una extraña seguridad y el escote, aunque era más profundo no se veía vulgar.
Tomé el ascensor especial que me llevaría hasta su piso y en mi mente iba repasando las lecciones de inglés que he tomado, porque no es mi fuerte, manejo mejor el sarcasmo.
Al abrirse la puerta me sorprendió la cantidad de luz que había en el lugar, pero a esa altura era obvio que había luz, estábamos sobre las nubes literalmente. El recibidor tenía una gran barra negra y detrás había tres chicas que parecían super modelos, casi casi perfectas. Y yo con mi look de antro noventero me sentía dispuesta a todo.
Es como si ese cambio me hubiera dado la seguridad que me faltaba. Así que caminé lentamente por aquel piso perfecto escuchando los tacones anunciarme, y como era lógico, las tres levantaron la mirada al mismo tiempo.
- ¿Aline? - pregunté.
Pude sentir como la chica del centro me miraba de arriba para abajo tratando de analizarme, su cabello era oscuro en una coleta muy alta y super lisa, una camisa blanca y un collar dorado sencillo, era su look.
- ¿Señorita Camacho? - contestó.
Su tono me descolocó, o sea, no es que me sorprendiera, era obvio que se le iba a notar lo fresísima en cada detalle, pero lo que pasó es que me recordó que estaba a punto de enfrentarme con la dueña de una cadena de hoteles, a la cual había pedido trabajo. Y si la secretaría manejaba este tono, la señora Jones me comería viva.
Pero no bajé la postura, si iba a morir, sería con honor.
- Sí, soy yo. Tengo una cita con la señora Jones a las 5.
Miré el reloj de mi muñeca y eran 4:58, justo a tiempo. Ella hizo lo propio en la pantalla de su ordenador y un destello de sonrisa pareció figurarse en su cara, pero duró muy poco, así que no estaba totalmente segura.
Se paró de su lugar y dio la vuelta a la barra y descubrí que usaba un pantalón de pinzas super cool y la amé desde ese momento.
Caminó delante de mí un par de pasos, por un pasillo que llevaba a una puerta negra sumamente grande… (ideal para que entre su ego, pensé).
Al abrirla había solo una mesa de cristal, que debajo tenía una clase de piedra blanca y cuatro sillas de piel la rodeaban, una pared era totalmente negra con las iniciales de la empresa, y de los hoteles. Había un muro de cristal que te dejaba ver al infinito, a esa altura solo se veía la punta de algunos edificios y las nubes.
Mientras me perdía en la vista la voz de Aline me distrajo.
- Toma asiento y en un momento te atenderán.
- Gracias - aún no terminaba de decirlo cuando ella se dio vuelta y comenzó a caminar.
Y me quedé ahí como idiota por segunda vez.
Caminé hasta una de las sillas, puse mi bolsa en el respaldo y antes de tomar asiento me acerqué a aquella ventana y tomé una foto de esa vista espectacular, al tomar la tercera selfie y la que me gustó como salió fui a mi lugar y me senté.
Al cruzar la pierna me di cuenta que mis zapatillas quedaban perfecto con la ocasión y me felicité yo misma. Así que, sin pensarlo más subí un poco más mi vestido y tomé una foto donde salía mi pierna, mis zapatillas, un poco del piso y, de fondo, una vista impresionante.
“Esta va directo a Instagram” dije en voz alta cuando vi el resultado.
- Me gusta, pero puedo apostar lo que quieras, que en la noche, esa foto quedaría mejor - dijo una voz tras de mí.
Me dio un susto de muerte, la voz era dulce y tenía un toque de humor. Al voltear me topé con un vestido rojo, muy rojo de hecho, casi casi navideño, arriba un abrigo blanco que jamás en la vida podría ocupar y unos labios del mismo rojo.
Su cabello era platinado, aunque en la cara no se le notaba más de cuarenta y pocos años, en sus ojos había un brillo peculiar, como cuando sabes un secreto y esperas la reacción de la otra persona… que en este caso era yo, con la boca abierta. Jamás me imaginé una imagen así. Para acabar rápido, jamás imaginé conocerla.
Cuando mandé mi Currículum a la empresa juré que algún becario de recursos humanos me haría una entrevista en una vieja oficina, pero no, ahora estaba ante la dueña y fundadora de toda una compañía que manejaba los mejores hoteles de la ciudad.
- Disculpe, no la escuché llegar - dije de lo más apenada.
- Por dios mujer, esta voz no va con la pose que acabo de ver - contestó entre risas mientras se quitaba el abrigo y lo ponía sobre una silla para sentarse justo enfrente de mí.
- Una disculpa, no quise perder la oportunidad de tomarla, después de todo, no todos los días se reúnen los factores adecuados - terminé diciendo con una sonrisa de medio lado.
Al darme cuenta de eso, me senté más derecha, bajé un poco la falda de mi vestido y quise entrar en pose ejecutiva, pero ya era demasiado tarde… ya le había coqueteado a la dueña y directora de ese lugar.
Ella tenía un brazo sobre la mesa y recargaba su mandíbula discretamente sobre sus dedos, y me miraba analizándome, cuando la puerta se abrió de pronto.
Aline entró con unos papeles en la mano y un café en la otra, ambas cosas las dejó en la mesa y dio media vuelta sin decir una palabra.
La señora Jones miró a todos lados y solo le bastó con levantar un poco la mirada para poner alerta a la chica que se disponía a salir de aquel salón.
- Falta un café - fue lo único que dijo, ni siquiera alzó la voz, no era necesario, la pose lo decía todo, se notaba que ella mandaba ahí.
- Sí señora, enseguida lo traigo. ¿Crema y azúcar? - me preguntó directamente.
- Sí por favor.
Solo fue eso y salió cerrando la puerta detrás de ella.
- Estoy segura que no te había preguntado nada, ¿no? Estas niñas, cuando logran llegar a este piso se les olvida por donde iniciaron… y la mayoría ni siquiera se entrevistaron conmigo.
Al decir eso, se recargaba poco a poco en su respaldo mientras tomaba el vaso de su café y acomodaba el cartón del exterior para alinearlo perfectamente al diseño de su tapa.
“Vaya TOC´s tiene la doña” pensé.
- Lo cual me lleva a pensar, ¿por qué tengo ese placer? - contesté mientras adoptaba la misma pose que ella tenía unos momentos antes.
Una risa espontánea salió del fondo de su garganta, de esas llenas de poder que imponen, pero en vez de hacerme chiquita la miré de medio lado mientras levantaba mi ceja y mantenía mi mirada, aunque no sabía de dónde salía tanta seguridad.
- Digamos que… tienes buenos amigos - se limitó a contestar.
- ¿Amigos? Yo mandé mi CV a un link austero de una publicidad, yo no llegué aquí por contactos - respondí creyendo cada una de mis palabras.
- ¿Acaso crees que no investigo a mis posibles trabajadores?
No levantaba su voz, al contrario, juraría que lo decía más bajito para marcar su presencia en ese lugar. Y yo me perdía en las notas de su voz, quisiera tener la seguridad que ella mostraba.
- ¿Qué investigaste de mí? - pregunté justo antes de que se abriera la puerta de nuevo.
Aline entró, dejó mi vaso de café que decía “Srta. Camacho” y dio un vistazo a la pila de papeles aún sin tocar sobre la mesa.
- ¿Todo bien? ¿Necesita algo más señora? - preguntó con el ceño fruncido por la duda.
- No necesitamos nada, muchas gracias.
Caí en cuenta que era raro que ella entrevistara a alguien y más aún que se tomara el tiempo para hacerlo, por eso todos estaban tan sorprendidos como yo.
- Cuando llegó tu CV me pareció interesante una escritora solicitando un puesto en marketing, así que te descarté automáticamente. Pero algo llamó mi atención y me bastó con un par de llamadas para saber con quién habías trabajado. Uno de tus ex jefes lo conozco hace años, y por casualidad le pregunté por ti… y quise saber quién era esa escritora sexy y arrebatadora que sube contenido no apto para todos.
La sangre me llegó a la cabeza, si bien nunca he subido porno, el contenido ha llegado a ser sumamente caliente, y ahora pagaba las consecuencias. Pero no todo estaba perdido, al menos tenía la oportunidad de conocer a la gran mujer que tenía al frente.
Ella me leía completamente, me sentía expuesta y a la vez seducida. Para ser sinceros no era la primera vez que me intentaba ligar a una mujer, aunque está era de las ligas mayores.
- Soy una simple escritora que gusta decir lo que los demás callan. El libertinaje corre por mi sangre, y no me pienso disculpar por eso - dije levantando una ceja y tomando el vaso de café mientras me sentaba más segura en mi silla.
- De simple nada, pero ¿marketing? ¿En serio quieres algo tan bajo como las redes sociales?
- Eso no es bajo, puede ser la entrada al placer si así lo quieres…
Ella me sonreía mientras pasaba su mirada por mis labios y bajaba lentamente por mi escote… y ¿quién lo hubiera imaginado?, estaba lista para ella.
- Si quieres hacerlo solo tienes que ir, como a un hotel, nadie te tiene que vender la idea.
Yo estaba tan intrigada como indignada, era claro que ella pagaba miles de pesos por una publicidad exquisita para la cadena de hoteles y ahora me venía a decir que no era necesario… pero, por otra parte, me seducía por completo la idea de hacerle ver que yo era la indicada para ese puesto, y ¿por qué no? para entrar entre sus piernas también.
- Eso no es cierto, nadie se levanta por la mañana pensando “ay qué aburrimiento, voy a ir a un hotel”. Siempre tiene que haber un incentivo. Porque nada seduce más que la idea de entregarte en libertad, sin miedos, sin tabúes, sin ataduras… y en el lugar adecuado.
- Para eso cualquier lugar es bueno ¿no? - decía ella entre risas mientras le tomaba su café.
- Si para ti lo es, ¿quién soy yo para negarlo? - dije mientras me sentaba de nuevo mirando a la ventana.
Sabía que me había pasado, que a una mujer como ella jamás se le pone en duda su clase, pero ella jugaba sucio, me quería retar hasta ver mis límites, pero yo no juego así, yo voy por todo o nada, y ser lamehuevos no es lo mío.
“Por eso estamos sin trabajo” me dijo mi consciencia.
- Si fueras mía - dije cambiando la estrategia, porque ella me veía fijamente, supongo que ante la disyuntiva de conocer de qué era capaz o mandarme a la mierda en primera clase - te dejaría claro qué clase de lugares merecen tu placer.
Lo dije tan bajito y mirándola de reojo, que al ver que soltaba el aire, algo entre mis piernas comenzó a palpitar, y supe que esto ya no era un juego.
- ¿Qué te hace creer que podría ser tuya? - el tono de su voz estaba embriagado de placer - ¿Qué edad tienes? ¿30? ¿31? Te hace falta mucho por aprender.
Volvimos a lo mismo, ella quería tener el control, pero solo verla, me prendía.
Sus mejillas estaban sonrojadas, su pecho subía y bajaba y no dejaba de jugar con su vaso de café. Yo, por el contrario, apretaba más las piernas e instintivamente rozaba ligeramente mis pechos mientras jugaba con mi vaso también.
- Tengo 32, y algo me dice que lo sabes perfectamente, porque me has leído, sabes de lo que sería capaz de hacer por ti.
Dejé el vaso en la mesa y me acomodé de nuevo en la silla.
- ¿Lo harías sin pensarlo? Si te pido tu boca dándome placer, ¿simplemente lo harías?
- ¿Sin pensarlo dices? - contesté entre risas mientras me ponía de pie.
Di los dos pasos hasta ella sin importarme que las paredes fueran de cristal, hasta que ella no me detuviera yo iba a continuar.
Me paré frente a ella sin dejar de mirarla ni un solo momento, mi pecho subía y bajaba, mis manos me hormigueaban queriéndola tocar, pero me quedé ahí de pie unos segundos antes de decir: “Solo tienes que pedirlo”.
Ella no dejó de mirarme a los ojos cuando se ajustó en su asiento, abrió las piernas, me tomó de la cintura, y acerco su boca a mi pecho. Al dejar una marca de labial justo rozando la tela de mi vestido tomó aire y me preguntó:
- ¿No me vas a detener?
Yo la observaba, su vestido cubría sus muslos, sus piernas eran perfectas con unos zapatos no tan altos pero sumamente elegantes. El vestido que tenía le cubría todo el pecho, y parte de sus brazos.
Ella no necesitaba mostrar nada, ella era lo que era, y podía pedir cuánto quisiera, que con gusto se lo entregaría.
Yo negué con la cabeza, mientras sentía como clavaba sus uñas sobre la tela de mi vestido y se acercaba más a mí, está vez para pasar la punta de su nariz desde donde empezaba mi escote hasta llegar a mi cuello… y mi piel se erizaba al toque.
- Te quiero de rodillas entonces, muéstrame qué sabes hacer con esa boquita tan linda que tienes.
Sin pensarlo, levanté mi mano para tomarla de la barbilla, con cuidado y levantarle la cara para decir muy bajito.
- Lo que usted me pida señora Jones.
Y levanté un poco el vestido y bajé hasta tocar el suelo con una rodilla, su mirada me ardía, tenía cada brazo recargado en el posamanos de su silla y una sonrisa con unos dientes tan blancos que hacían contraste perfecto con el rojo de sus labios.
Mientras bajaba la segunda rodilla para abrirle más las piernas, mi mirada se dirigió a la ventana de cristal que llevaba al pasillo donde habíamos entrado, y la duda de que alguien me viera me prendía del mismo modo que me asustaba.
“Si me contratan, todos van a decir que fue por esto… pero aunque no me contratara, hoy probaré lo que nunca soñé”... ante esa disyuntiva devolví mi mirada al par de piernas que tenía al frente.
- No te preocupes por eso niña, los cristales son especiales y no se ve - dijo mientras una risa mezclada con un gemido salía de su boca.
- Mi única preocupación está aquí - dije mientras absorbía todo el aroma de su sexo y me apresuraba a darle un beso sobre la tela de sus pantaletas blancas.
La marca de mis labios quedaron perfectamente marcadas en la tela blanca y lisa, mientras ella abría más las piernas y levantaba un poco la cadera permitiendo llegar más cerca.
Pase mis manos por cada centímetro de sus piernas mientras rozaba con mi nariz la tela que comenzaba a ponerse húmeda y emitía un olor dulzón que me hacía salivar. Mis manos pasaron por sus nalgas hasta llegar a la costura de su prenda interior y la bajé poco a poco con ayuda de sus movimientos.
- ¿En serio quieres trabajar aquí? - dijo mientras se sacaba la pantaleta por los pies.
Yo estaba de rodillas mirándola fijamente cuando asentí con la cabeza, pensando que me pediría que parara, pero no… tomó la prenda de seda que ahora tenía unos labios marcados en carmín, lo acercó a su naríz y olió su propio aroma a placer.
Mientras suspiraba abrió poco a poco los ojos y juraría que brillaban en un tono parecido a la sangre, tomó la orilla de mi vestido y metió sus dedos junto con la prenda debajo de la copa de mi brasier, y ese jugueteo me erizó cada poro de mi piel.
Cuando rozó mi pezón que ya estaba duro lo presionó ligeramente y balbuceó algo así como “buena chica”.
Subió su mano por mi cuello para rodearlo por atrás y acercar mi cara a su sexo una vez más.
Bajé la mirada y descubrí un coño perfecto, que brillaba de placer y despedía el aroma al mejor alimento de la vida.
Mi primer lengüetazo fue desde arriba hasta abajo, abriendo unos labios carnosos que me presentaban un punto de placer exquisito, el segundo venía de abajo para arriba, deteniéndome en el centro para jugar con ese botón que le hacían tomar mi cabello con fuerza.
Al comenzar a moverme ella tomó el control, puso sus piernas fijas y tomó mi cuello para moverse a su antojo disfrutando de mi lengua y mis labios. Cerraba los ojos mientras yo colaba un dedo en su interior, y pude sentir como su sexo comenzaba a palpitar para mí.
Mi boca estaba húmeda de su placer, ahora un par de dedos entraban y salían cuando ya sentía un escozor en el cuero cabelludo, sabiendo que pronto tendría el orgasmo en mi boca, así que me atreví a ir un poco más allá… giré mi mano y comencé a sobar por detrás del clítoris mientras succionaba por fuera. Sus piernas se pusieron tensas, su mano apretó con fuerza mi cabeza y luchaba por calmar sus gemidos cuando mi boca estaba saciada de un líquido suave que me encantaba.
Lamí cada gota de su placer mientras ella poco a poco se relajaba, y me soltaba lentamente. Hasta que en la habitación solo se escuchaba su respiración agitada.
- De pie escritora, que ahora tengo más ganas de ti.
Sin pensarlo me puse de pie y mi rodilla derecha flaqueo por el tiempo que pasé en esa posición, así que de un momento a otro parecía que estaba de pie, tratando de acercarme a ella, y aunque no era la intención, su mano en mi barbilla me distrajo del dolor, pero el primer beso me llevó a un mundo mejor.
Sus labios eran sumamente suaves y los míos aún estaban húmedos llenos de su sabor, y mientras yo dejaba que probara todo lo que quedaba de eso en mi boca ella comenzó a desabrochar mi vestido.
Cuando liberó mis pechos bajó lentamente a besarlos, aunque seguían cubiertos por mi bra, y en el derecho aún se veía la tela de la pantaleta que había puesto ahí.
El vestido cayó al suelo y yo me quedé en tanga, brasier y tacones para ella.
- Date la vuelta - dijo en un tono de voz embriagado de placer.
Lo hice sin pensarlo y mientras giraba, ella ponía sus manos en mi cadera, justo por la orilla de mi tanga negra y recorrió la tela hasta que sus dedos se juntaron entre mis nalgas, y con su mano izquierda tomó mi cadera para no moverme, mientras que su mano derecha bajó aún más, hasta que sus dedos y su palma cubrían todo mi sexo caliente y palpitante.
Un pequeño masaje le bastó para comenzar a sentir mi humedad a través del encaje de mi ropa.
Sentí como se acomodaba bien en su silla y abría bien las piernas para sentarme justo en medio de ellas, su mano ahora me rozaba por delante mientras la otra liberaba mi pecho y lo masajeaba.
Colé una mano entre mis nalgas y su sexo y llevaba el mismo ritmo que ella al masajearme; sabía perfectamente cómo hacerlo, cómo llevarme al límite… y cuando estaba por terminar se detuvo, me giró y acomodó una pierna entre la mías.
Yo tenía un orgasmo casi frustrado, sus piernas entre las mías y su cara a dos centímetros de la mía. Y la besé.
Su lengua jugaba con la mía, movía sus caderas deliciosamente hasta que, en cierto punto, su sexo rozó de lleno el mío y explosiones de sensaciones se crearon en mi mente.
Con una mano sostuvo mis manos por la espalda y con la otra tomaba de nuevo mi cuello, mientras me besaba y me entregaba el mejor de los orgasmos.
Yo me derretía entre sus piernas, sintiendo la humedad de ambas y mi respiración era sumamente agitada.
Poco a poco me relajaba, mientras analizaba que ella seguía vestida de la cintura para arriba, solo se había tomado la molestia de subir la parte de abajo que ahora era un rollo de tela en la cintura.
Ver su cara embriagada de placer era un jodido deleite, en su cara había una madurez implícita que me podía volver loca. Pero era tiempo de tomar distancia.
Me levanté y comencé a vestirme mientras ella me miraba y lentamente se bajaba el vestido, su ropa interior seguía debajo de mi brasier y jamás me la pidió.
Al terminar de acomodar cada detalle de mi look, ella me miraba, mientras tomaba su café y dejaba el vaso vacío en la mesa.
- El próximo miércoles te espero a las 7 para hablar del proyecto que te quiero dar, no va a ser en marketing necesariamente, pero estoy segura que haremos un buen equipo.
Yo asentía con la cabeza, en realidad no sabía bien qué decir, después de todo me estaba dando el trabajo y el mejor sexo. Si abría la boca podría arruinarlo todo.
Entre los papeles que había en la mesa, buscó un folder específico y me lo dio en la mano justo antes de ponerse el abrigo y acomodarse el vestido para salir de ahí como la Diosa que era.
Tomé el folder, di un vistazo de lo que venía y cuando levanté la mirada sus labios rozaron los míos, me tocó la barbilla y sonrió, antes de dar un paso y caminar hacía la puerta.
- ¿Señorita Camacho? - dijo muy bajito
- ¿Sí? - contesté.
- El miércoles puntual y sin pantaletas por favor.
Y salió de la habitación como si nada hubiera pasado, y ahí me quedé yo, pensando que ahora tengo el trabajo de mis sueños.




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