Un domingo cualquiera
- Lilhy Camacho

- 17 oct 2021
- 6 Min. de lectura

Todo empezó como un domingo cualquiera, con algo de trabajo, adelantar unos pendientes para mi próximo proyecto, un par de llamadas y a las 2 en punto ya no tenía nada por hacer.
O sea, sí... quizá acomodar mi closet o terminar de ver la serie buenísima que encontré hace unos días deberían ser la opción. También tengo ganas de cortarme mi cabello, nada radical, solo un par de centímetros en las puntas para darle forma de nuevo.
Pero mi ánimo hoy está para algo más... por alguna extraña razón me siento sumamente sexy, quizá sea porque estoy trabajando en ropa interior, rodeada de cojines tan suaves que rozan delicioso mi piel, o tal vez porque encontré una playlist que no escuchaba en años y cada acorde me recuerda una extraña relación que tuve con un tipo que era feo como la chingada, pero me cogía delicioso.
El simple hecho de recordar sus manos recorriéndome, o su voz a la hora de que le diera placer hace que mis pezones se pongan duros y sensibles. Es ahí donde acostarme boca abajo para poner las cobijas enrolladas entre mis piernas y un cojín debajo de mi pecho es mi mejor decisión.
Escribir sobre la forma en que me cogía acelera mi corazón y de fondo escucho una canción que saca mi puta interna. Es inevitable mover la cadera de arriba para abajo, tan suave que solo es un ligero roce el que consigo.
Y mis pensamientos me llevan a recordar lo bien que se sentía jugar a ser una puta, a ser una fácil que coge con cualquiera. Sentirme sexy para mí, para disfrutar de aquello que muchas veces me pareció prohibido.
Me encanta usar lencería sexy, una tanga de encaje es lo que hoy me está dando las mejores sensaciones entre mis piernas, en la zona que comienza a sentirse húmeda y palpitante... y poco a poco cierro mis ojos y muevo las caderas al ritmo de un reguetón que tenía años que no escuchaba, pero me lleva a recordar las fiestas y los cuerpos calientes que rocé en las fiestas y bares por igual.
Mi mente me lleva por recuerdos sexys y calientes, aunque ya no estoy segura si los viví, los vi o los leí, eso es lo de menos. El roce de mis pezones duros me lleva a pensar en la boca de mi amante que se los comía de la forma más deliciosa mientras me veía con una mirada de fuego, que enciende cada pensamiento. Y mientras me muevo recuerdo aquel falo que entraba en mí.
Me encanta estar sobre él, sobre ellos... qué más da. Me fascina tener el control de la forma en que me están cogiendo.
La música me lleva y nada más me importa, cierro los ojos y destello de mis amantes llegan, recuerdo la voz incomparable de uno de ellos, mezclaba las palabras más tiernas con las actitudes más guarras que podía haber. Después de él me fue imposible escuchar un “Pequeña, cosita o mi niña” sin que mi cuerpo reaccionara recordando como pasaba sus manos por mis nalgas para mantenerme en mi lugar y pudiera rozar su verga mientras pequeñas mordidas en mis hombros me hacían jadear. Esa voz, era todo para mí.
Y caigo en otro recuerdo donde la adrenalina nos llevó a hacer una y mil locuras, ya sea el carro, el baño de una fiesta, un parque, su oficina... todo nos provocaba los mejores placeres. Como tenía que ser rápido y desenfrenado la mayoría de las veces dejaba marcas en mi piel. Mismas que con el paso de los días se volvían moretones que me recordaban orgasmos por solo saber cómo llegaron ahí.
Era lógico que una relación con él jamás sería larga, pero por todos los Dioses, la forma en que tenía de cogerme, con hambre, adrenalina, placer y diversión me hace sonreír y libero mis pechos, que al sentir el aire frío de la habitación me produce un suave quejido que dejo salir de una forma casi mística.
La música sigue, ahora es AC/DC quien me acompaña a un recuerdo más... el chico de aquel bar en la zona rosa que tenía una mirada que te quemaba donde la pusiera, sus manos eran tan grandes y la primera vez que bailamos sentí los huesos de su cadera, bajo una capa de músculos perfectamente trabajados, era el clásico tipo que podía traer loca a cualquiera, muchas de ahí lo deseaban, eso lo sabía él... y lo sabíamos todas. Por eso rechazarlo fue divertido al principio, jugar a la difícil me hizo disfrutar más ese baile, esa noche y esas tremendas cogidas que me daba. Él terminó siendo magia en mi vida. Él me dio más que sexo.
Un par de lágrimas caen de mis ojos, de puro placer... mis gemidos me recuerdan que jamás he sido tímida, un simple beso me puede hacer gemir de una forma deliciosa.
Y mis manos recorren mis tetas, una baja a recorrer el tatuaje de mi pierna, me parece tan sexy, tan delicioso... que en mis noches de placer me encanta tocarlo, o que lo toquen... mejor aún que lo besen y lo muerdan.
Y poco a poco llego a la parte del cuerpo que arde de deseo, ya está húmeda... mis cobijas han hecho un gran trabajo y entre gemidos me muevo para alcanzar el vibrador de cristal que me regalé en mi cumpleaños.
Está tan frio que cuando lo acerco a mi clítoris me hace saltar de la emoción, reprimo un grito de placer por morderme los labios y disfrutar de ese suave roce mientras mis dedos pellizcan poco a poco mis pezones.
Una canción suave lleva el ritmo ahora, si mal no recuerdo es Placebo quien me hace bajar un poco la intensidad de mis movimientos, y aprovecho para quitarme la camiseta azul que traía puesta para sentir en toda la espalda la suavidad de mis cobijas, mientras poco a poco comienzo a meter aquel juguete en mí.
Me arqueo de placer, y en cada gemido suelto aire que llega hasta mis pezones y los pone más alerta, más sensibles. Los acordes de la canción me encantan, cierro los ojos y veo imágenes rojas, sexys, tacones, lencería, a mí jadeando con quién sabe quién. Ya me da igual.
Me encantan mis curvas, mi cuerpo, mis pensamientos tan sexys que tengo. Me fascina este juguete que entra y sale de mí.
Mis piernas se estiran, mi espalda se arquea y busca una nueva posición para que entre un poco más y vuelve otra canción de AC/DC que acelera mi corazón. Por todos los Dioses, estoy ardiendo.
Una vez más vuelvo a tocar mis tetas y en un reflejo me agarro del cabello y me hace pensar que es la mano de mi amante, ese que me lo sujeta para mandar en mí, al único que le permito dominarme.
Sus tatuajes llegan a mi mente, cada una de esas líneas plasmadas en su cuerpo, las historias que cuentan, la vida que ha llevado para llegar a ser quien me haga perder la razón. Pero no es solo sus tatuajes, o sus manos, o la forma en que me domina... es su mente la que me hace desearlo todo el tiempo. Es tan hábil, guapo e insaciable que me parece la pareja ideal para todo.
Me caga ser cursi y más con él, pero qué más da. Voy a perder la razón por un hombre tan genial que me hace reír mientras entra en mí y me sujeta el cabello justo como lo estoy haciendo. Un pequeño homenaje a él.
Y pensar que es su verga la que está entrando en mí en este momento me hace gritar su nombre, y qué pinche delicia saberme tan suya. Entregarme a él, a su placer a mi placer. Ahora lo tengo todo, porque no es solo estar con él físicamente, es saber que siento esto estando sola. Incluso si él se va de mi vida, yo ya seré de él.
Las canciones me están llevado a un viaje magistral, Los Caligaris llegaron a ponerle un toque romántico a mis emociones, sigo ardiendo, estoy aún más húmeda y caliente... pero por alguna extraña razón ahora las emociones y los sentimientos que guardaba en mi corazón aparecen para amarme tal cual soy.
Esto no es por nadie más, es por mí y para mí. Son mis manos quien me tocan, son mis ideas, mis fantasías, mis historias, mi placer, mi sonrisa, mi cabello radiante, la forma tan loca que tengo de amar y entregarme... soy todo.
Me sé guapa, sexy y con una inteligencia que va más allá del promedio y eso me hace disfrutar muchísimo más de pequeños actos de amor como el de hoy.
Y me entrego a todas las emociones y sensaciones y dejo que multipliquen por mil, grito una vez más mi nombre y me parece tan hedonista que mi corazón se quiere salir de tanto placer.
Y me corro como las grandes, gritando, jadeando y mojando todo a mi alrededor.
No hay más, estoy agotada... estoy saciada.
Y bueno, ahora sí tomaré un baño y me prepararé para ir por una cerveza con un amigo. Después de todo... mañana de nuevo vamos al trabajo.




Muy bien excelente, como siempre, logrando hacer que las sensaciones afloren.