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Ahora soy de él.

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 23 jun 2019
  • 13 Min. de lectura

Rodrigo mide poco más de 1.90, su cuerpo es puro musculo, tiene unos ojos negros que te pierdes en ellos y cada vez que sonríe el mundo deja de existir. Lo malo es que no lo hace tan seguido como quisiera.


Lo conocí en un vuelo de regreso a casa, nos tocó viajar juntos desde Londres. La primera vez que lo vi me dio miedo, imagina encontrarte un hombre de su tamaño, con pantalones militares y botas Dr. Marteens, una playera de manga corta que dejaba ver sus perfectos brazos trabajados, uno de ellos tenía un tatuaje fantástico y maravilloso. Un pavo real de colores que iba de su muñeca al hombro. Su tono de piel era el contraste perfecto con cada color, además su barba le quedaba de una forma magistral. Y, por supuesto, no podía faltar unos lentes de aviador Ray-Ban que lo convertían así en mi chico ideal. No te confundas, me daba miedo, pero podía comérmelo con la mirada tanto como yo quisiera.


Cuando lo vi esperando en la sala del aeropuerto no dude ni un minuto de saborearmelo con la mirada, después de todo ¿qué probabilidad tenía de que me descubriera? O ¿cuándo lo volvería a ver? En ese momento creí que las respuestas eran que nunca lo vería y en ese caso daba igual que me descubriera o no.


Al cabo de una hora de espera por fin nos llamaron para abordar, de forma automática y sin pensarlo demasiado me pare a formar, olvidándome por completo del perfecto adonis que estaba en la sala. Porque justamente moría de ganas de subirme a ese avión y llega a ver a mis amigos o mi familia, aunque más que nada quería llegar a ver a mi hermana, la extrañaba tanto. Moría por contarle cómo me había ido en mi viaje. Y ahí estaba yo, ensoñada, pensando en ver a quien más quería cuando sentí una gran presencia detrás de mí.


Literalmente lo vi volteando hacia arriba, mi 1.65 me hacía parecer una oompa loompa, (y mira que de todas las personas de las que me rodeo suelo estar entre las no tan chaparras), pero él era enorme. Si en la sala me robo el aliento y lo veía grande, ahí detrás de mí, fue demasiado.


Recuerdo que me vio completita, sentí que me repaso cada centímetro de mi cuerpo luego me dio una sonrisa que el mismismo diablo se pondría nervioso. Sus dientes blancos y perfectos, con unos labios carnudos, tan marcados y su barba, le daban un toque tan perfecto que debería ser ilegal.


Fue en ese momento donde descubrí que iríamos en el mismo vuelo, y de pronto entrar en el mile high club, no me parecía tan mala idea. Y es que su sonrisa y todo él era perfecto. El me seguía viendo y repasando, como sabiendo un secreto que por supuesto yo no alcanzaba a saber.


Sentí que el tiempo se detuvo y hasta que la señorita que recibía los pases de abordar me habló fue que volví de nuevo a la realidad, le di mi pase y subí al avión.


Mientras nos acomodábamos me di cuenta que él estaba a cinco filas de mí, en el lugar perfecto para verlo y sabrosearlo por todo el vuelo y que él no se diera cuenta. Así que me disponía a acomodarme cuando un chico, un poco más joven que yo me tocó el brazo y en un tono muy apenado me dijo que el chico que estaba junto a él le había pagado para cambiar su lugar conmigo. Con mi cara de sorpresa miré y efectivamente era él.


Miles de pensamientos cruzaron por mi mente, pero me di cuenta de que cosas como esas suceden pocas veces en la vida, así que acepté.


Al llegar al lugar me senté como si nada, como si fuera lo más normal de la vida, y es que en cierto punto lo es, muchas veces cambias de lugar y no pasa nada.


Pues ya estaba ahí, junto a él y… ¿ahora?


Silencio…


Nada…


Cero…


Entonces después de unos minutos le pregunté:


- ¿Cómo te llamas?


Él no dijo nada, pero como si fuera en cámara lenta volteo hacia mí, me miro y sonrió. Y yo morí. Se sabía tan guapo, tan confiado, tan poderoso… que yo simplemente acepté que tenía razón.


- Vamos por partes.


Dijo en un tono de voz sumamente suave, viéndome de una forma tan ardiente y con esta media sonrisa que parecía que era permanente en él.


- ¿Partes?


Le pregunté aún extrañada y perdida en su belleza.


- Si, primero dime por qué me veías tanto en la sala de espera.


Y sí, mi corazón se aceleró de una forma crítica, rogaba porque alguien regresara el oxígeno porque no podía respirar. Era hora de fingir demencia.


- ¿Yo? No sé de qué me hablas.


Soltó una pequeña carcajada, de esas forzadas cuando sabes que te están intentando engañar y yo no supe si sentí miedo, calor o una excitación repentina. Quizá las tres al mismo tiempo.


- Si pequeña, tú.


- Pues es obvio, esperaba el momento que tus compañeros de la Interpol llegaran o quizá

tus compañeros de la banda o peor, quería saber en qué momento iba a empezar la pelea de box. Pero cuando vi que no pasó nada de eso, dejé de hacerlo.


Él me miró entre extrañado y divertido, se limitó a sonreír y dijo:


- Rodrigo, así me llamo. Y no soy ni policía, ni músico y mucho menos boxeador. Lamento no poder darte el show que esperabas en la sala de espera, pero quizá pueda hacer algo por ti aquí.


Entonces hizo como si se fuera a parar y yo abrí los ojos tan grandes en espera de que hiciera algo megamente genial, me miro y oficialmente se carcajeaba de risa.


- ¿Cómo puedes ser tan tierna e inocente?


Preguntó aún con las últimas risas que le quedaban.


- No soy así, solo me tomaste de sorpresa.


Dije a punto de hacer un tremendo berrinche, y es que después de todo si soy así.


- Bueno, venga. Cuéntame quién eres tú.


Y así pasamos gran parte del vuelo conociéndonos, platicando y riéndonos, él era genial.


Tenía ese toque sensual y coqueto que demostraba en cada segundo mientras contaba las miles de historias que tenía. Y cuando era el momento de que yo hablara me escuchaba y hacía preguntas realmente interesado en lo que pudiera contestar.


Al llegar me acompaño a mi taxi, me pidió mi teléfono y un segundo antes de entrar en el carro y despedirnos me tomo de la cintura y sin pedir permiso me besó. La forma tan dulce en que sus labios tocaron los míos no se comparaba a la que tenía de tocarme por la cintura, tan firme y un poco posesivo. En un equilibrio perfecto. No fue un beso cursi, ni dominante… fue perfecto, sin más justificación que un simple adiós.


Dos días después recibí una llamada, de un número que no conocía, pero en el fondo sabía quién era.


- Hola pequeña


- Hola guapo


- ¿Estás muy ocupada?


- Algo, trabajo hasta las 7. ¿Tú?


- Me desocupo a las 5, ¿te puedo ver hoy?


- Hoy tengo que llegar temprano a mi casa, pero podemos cenar si quieres.


- Perfecto, quiero contarte algo.


- ¿a mí?


- Sep, te veo a las 7.


- Ok, hasta entonces.


Y colgó, eso fue todo, ahora sentía que todo era extraño, además porque en el día que venía más pandrosa a la oficina, mezclilla, tenis y sin maquillaje, y así lo vería.


Quedamos de vernos en un lugar donde me encantaba ir a comer, curiosamente él también lo conocía, así que a los dos nos quedó perfecto. Cuando llego, así como en el taxi me saludo con un beso en la boca, increíblemente suave a pesar de que toda su presencia era mortal.


Traía un pantalón negro, algo ajustado que le marcaba unas piernas tan firmes y trabajadas, una camisa negra de manga corta y unos tenis negros. Vestido así, con ese tamaño y esa estúpida sonrisa parecía el mismísimo diablo. Un ser oscuro que te podía hacer perder la razón.


Y su beso yo no lo sabía encajar, era tan suave, en cierto punto tierno.


Durante la cena me contó, literalmente, cómo es que empezó su vida sexual, me dio detalles en algunas cosas y otras las dejo muy en el aire, pero me dio a entender que sabía divertirse y lo hacía de forma magistral.

Y de repente… puff. Lo dijo.


- Desde que te vi en la sala de espera me gustaste, esa forma tan descarada que tenías de verme y seducirme, sabiendo que yo te había visto también. Esa sonrisa coqueta, el no dudar en sentarte junto a mí y que me dejaras besarte al llegar me tienen duro desde ese día. Me parece sorprendente que no dijeras nada cuando empecé a contarte mi vida, por el contrario, creo que tu interés aumentó y no sabes cuantas veces te he imaginado teniéndote, haciéndote mía mientras muerdes esos labios tan perfectos que tienes. Esa manía me esta volviendo loco.


Yo me quedé sin palabras, creo que era la forma más loca y directa que habían tenido para invitarme a follar. Y por favor, era obvio que yo también quería tenerlo para mi solita, y luego algo cambió cuando dijo:


- Pero antes de que pase algo más quiero que sepas que me gusta el sexo duro, muy duro, me gusta llevar al límite a cada mujer que tengo en mis manos, me gusta el dolor que se convierte en placer, me fascina hacerlas mías en formas que podrían ser ilegal y además en el tiempo y lugar que yo quiera. Quiero que te pongas en mis manos y te aseguro que voy a darte todo el placer que te imagines. Yo cuidaré de ti.


Y no se si por la revelación, la forma, el adonis que era o el misterio que esto traía que sin dudarlo asentí con la cabeza.


- No pequeña, piénsalo bien. Analiza lo que te conté y lo que quiero de ti. Porque, si dices que sí, serás mía. Cuando quiera, como quiera, donde quiera y yo me haré cargo de tu placer. Pero esto solo funcionará si estas plenamente consciente de lo que pido y lo que ofrezco. Piénsalo bien y yo te hablo mañana.


Y así, con todo el asombro me dejo en mi casa.


Esa noche no dormí. Pero sabía que si decía que no a su propuesta me arrepentiría toda mi vida.


Y eso nos trajo hasta hoy. Hoy seré suya, después de la revelación comimos y me explico cómo sería si yo aceptara su propuesta, dimos los detalles de cuanta confianza y comunicación necesitábamos para mantener esto y ahora aquí estoy. A punto de subir a su departamento.


Me pidió que trajera falda y me depilara completita (eso de por sí me hace sentir cada roce de mi braga como una caricia), el saber que estoy a punto de entrar en su mundo es demasiado.


Siento que mi corazón va a mil por hora y las manos me sudan. El portero me veía de una forma tan sonriente y cordial que hasta me daban ganas de quedarme con él, en una zona segura. Pero a quien quiero engañar, esto ya de por si es sexy y eso que aún no entro.


Tengo que subir al tercer piso y el ascensor va demasiado lento, o quizá así lo siento yo.


Y al llegar y tocar la puerta los minutos son eternos. No puedo evitar distraerme con su tapete de la entrada… “Bienvenidos” y sin pensarlo lo agradezco en mi cabeza, en eso la puerta se abre de golpe, no puedo evitar saltar, por todos los Dioses, estoy muy nerviosa.


Pero al verlo todo pasa, me siento segura, su mirada me hace sentirme sexy… su pose dominante detrás de su puerta es extraña, nueva para mí. Sin decir nada solo se movió para que pasara y cerró la puerta, con seguro. Y en un segundo, tomo mi cadera con fuerza y me pego a él para darme el beso más arrebatador que me han dado en la vida, sentir sus labios tomándome con fuerza, sus manos clavarse en mi cadera y la fuerza en que me empujaba para recargarme en la puerta me hicieron abrir la boca, y aprovechó eso para meter su lengua y jugar con la mía. Prácticamente me está follando con la boca de una forma inimaginable. Me tiene caliente y jadeando y solo me toca las caderas y los labios. Nada más.


Al soltarme me sonríe de esta forma, sabiéndose ganador, y yo encantada de la vida de dejarlo ganar.


- Vamos al cuarto, quiero que dejes tus cosas en la sala, y que al entrar al cuarto te quites la falda y la blusa, vas a estar solo en bragas y sostén todo el tiempo que estés ahí.

Cuando haga algo me tienes que decir solo dos cosas, si te gusta o no, y qué tanto te dolió.


Puta, ¿dolor?, ¿eso dijo de verdad? Soy una nena con el dolor, no, no voy a aguantar mucho, pero al verlo, todo cambia, tiene una seguridad y una confianza, que me desarma.


Además, me ve de una manera que me hace sentir sumamente sexy, el pensar en andar en bragas para él no me parece mala idea. Ok, veré que tanto puedo aguantar.


Su cuarto es muy grande, muy limpio y huele a él, su perfume es perfecto, su cama es tan grande que por poco hace que olvide que me debo de desvestir. Es tan raro y sexy el saber que solo dos prendas de encaje casi transparentes es lo que me cubre mientras el trae un pantalón de mezclilla que le queda perfecto, con sus botas y sin playera. Que mejor manera de disfrutarlo, le he contado 7 tatuajes en áreas estratégicas que me tienen jadeado, su cuerpo está perfectamente moldeado y ahora solo camina por el cuarto y yo no se que hacer, así que me limito a verlo.


- De rodillas pequeña


Su voz es más fuerte, no concuerda con la dulzura de la palabra, pero hace que lo obedezca de inmediato, aunque siendo sincera, creí que cuando le fuera a dar sexo oral iba a poder disfrutarlo como a mi me gusta, pero ni modo… hoy haremos lo que él pide.


Por suerte la alfombra de su cuarto no lastima tanto mis rodillas y de pronto siento una cinta satinada cubriendo mis ojos y mi corazón se acelera de nuevo, no puedo ver nada.


- Las manos atrás.


Antes de cualquier cosa me quitó el bra, para poner ahora sí, las manos atrás. Al hacerlo siento unas esposas de cuero que me ajusta a ambas muñecas, y ahora no me puedo mover. Mi corazón está tan acelerado que creo que me va a dar un infarto. Pero no, nadie a muerto por ponerse unas esposas, ¿o sí?


Solo escucho sus pasos por la habitación, lo más que puedo, la alfombra puede ser engañosa. Pero siento su calor muy cerca de mí, detrás de hecho.


Puedo sentir y escuchar su respiración, y de repente su boca en mi cuello me hace sentir que todo mi cuerpo se pone alerta, me besa con pasión, devoción y justo cuando me pierdo en esa delicia, con una mano sostiene mi cabello y puff, una fuerte nalgada.


- La madre de Dios, eso me dolió


- ¿Qué tanto?


Preguntó al momento que besa y muerde mi cuello y pasa su mano tan firme y caliente por

donde me escocía, ahora solo siento un cosquilleo interesante.


- No tanto, ya paso.


- No pequeña, esto apenas empieza.


Dos, tres, cuatro nalgadas al tiempo que me besa el cuello y los hombros y juega con mi cabello de una forma mágica, y me tiene con el culo rojo y sensible, anhelando que pase su mano de nuevo para darme calor.


Siento sus manos por mis tetas y su voz en mi oído agradeciéndome que me ponga en sus manos, y como no hacerlo, esto es demasiado sexy.


Siento mi cuerpo caliente, pero me falta algo.


Su mano empieza a moverse entre mis piernas, y estoy tan sensible que siento cada roce como el cielo. Él lo sabe y se toma su tiempo, le gusta hacerme sufrir, después de lo que creí era una eternidad llega a mi clítoris y lo masajeó con vehemencia, al tiempo en que se pega totalmente a mi espalda, puedo sentir su verga dura a través del pantalón, el calor que me transmite, su mano jugando con mi teta y su otra mano poniéndome más húmeda con cada rose.


Por todos los Dioses, lo siento por todos lados, su voz… esa voz me hace jadear, podría escucharla todo el tiempo, aunque hoy la noto mucho más firme que en otros momentos, con mis manos solo puedo sentir algo de su abdomen y el botón de su pantalón y eso no me deja hacer nada, que desesperación, quiero sentirlo aún más.


¡Zaz! Un manotazo en mi teta me hizo saltar más de la impresión que del dolor, ¡zaz! ¡zaz!


- Dime


- Duele mucho


Contesté con la voz entre cortada.


- ¿Y por qué aquí no se nota?


Lo decía mientras metía dos dedos en mí y seguía jugando con mi clítoris que cada vez estaba más húmedo.


- Pero si me dolió


- ¿Y esto?


De repente sentí tres dedos dentro de mi mientras una mordida llegaba a mi hombro y tres palabras bastaron para darme el mejor orgasmo de mi vida.


- Ahora eres mía.


Y al escucharlo, sentirlo, escucharlo y no poderlo besar ni moverme o ni siquiera ver me di cuenta de que tenía razón.


Con los últimos estragos de mi orgasmo escuché como se quitaba la ropa y de repente lo sentí parado frente a mí.


- Abre la boca.


Al hacerlo sentí la suavidad y firmeza de una verga que me moría de ganas de probarla.

El primer lengüetazo lo hizo gemir de tal forma que me pareció lo más hedonista, yo quería tocarlo, sentirlo y jugar con él como siempre me gustaba, pero esta vez ni siquiera verlo podía. Cada vez que lo chupaba y recorría con mi boca me movía más por la desesperación de sentirme atada, entonces de repente sentí su mano en mi cabello y con la otra me levanto la cara, si no fuera por la cinta de mis ojos estoy segura de que lo vería directamente a los ojos.


- Hoy eres mi puta, lo vas a hacer cómo y cuándo yo diga, ¿queda claro?


- Si


- Si, ¿qué?


- Si señor


Pude sentir perfecto como se ponía más duro aún, a unos centímetros de mi cara. Me tomó del cabello y metió tu verga tan profundo como pudo. Y de un jalón me llevó a la cama, me recostó y abrió mis piernas.


Lentamente me quitó mis bragas y sentí unos golpecitos en mi clítoris, podía sentir su verga tan dura que cada golecito era una ola de placer. Y de repente entró.

Sin avisar, sin permiso y mientras me decía una y mil cosas me dio el segundo orgasmo de la noche.


Entrar y salir, nalgadas, mordidas, mis brazos atados y sin ver, es un espectáculo que en mi mente podría ser degradante, pero en la realidad es la gloria.


Cuando me puso en cuatro y tomo mis caderas con fuerza me di cuenta de que eso dejaría unos cuantos moretones. Y aún así aquí estoy, entregándome a él.


Por fin liberó mis manos y puedo sentir como mi cuerpo se acopla a él. Lo siento tan dentro, por todos lados que estoy segura esto es lo último que puedo dar.


Siento que él se tensa, sus embestidas son cada vez más profundas y firmes, me tomó del cabello y lo jala.


Acerca su boca a mi cuello y lo besa, lo muerde… y dice:


- Vamos pequeña, termina conmigo.


Y sus palabras son órdenes para mí.


Me deshago en mil pedacitos alrededor de él. Mi corazón está a mil y yo ya no puedo más.


Él aún se mueve lentamente, y tiene el detalle de abrazarme y darme un beso en la cabeza, como si fuera una niña chiquita.


- Bien hecho hermosa. Esto lo vas a disfrutar, ya lo veras.



 
 
 

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