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Bajo las luces de la ciudad

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 21 oct 2019
  • 11 Min. de lectura


La hora y el lugar estaba pactado desde tres días antes, los mismos que llevaba pensando en lo que me iba a poner, ¿jeans y tenis?, ¿un pantalón de vestir y una blusa?, ¿vestido?, ¿falda?


Me probé 48 looks diferentes en todos los estilos que me gustan, estaba nerviosa a más no poder, una y otra vez descartando todo solo porque algunas cosas eran más complicadas de quitar… y el final estaba dicho.


Según como habíamos acordado la cita sería más o menos así: pasaría por mí a la oficina, caminaríamos juntos por Reforma, íbamos a ir a cenar y de ahí… el destino era incierto.

Si te soy sincera esperaba una cena equis en un lugar lindo, pero todo fue millones de veces mejor. Opté por una falda de lápiz, zapatos bajos, una blusa blanca de botones al frente y mi saco negro. Pensé que era un look muy de oficina, pero imaginarme cómo me desabrocharía mi blusa poco a poco para descubrir mi bra perfecto, me mantenía caliente desde el momento en que me vestí.


Como era de esperarse, antes fui a mi cita en el salón, una depilación completa y humectación en toda mi piel, retoqué mi cabello y por todos los Dioses estaba preparada para él. Me planché el cabello y cuidé cada detalle de mi maquillaje, estaba nerviosa a más no poder. Incluso, pedí permiso en la oficina para salir temprano, y cada minuto que pasaba mi corazón latía más y más.


Hubo un punto donde ya no podía más con los nervios, recordé que en la oficina un par de días antes mi jefe trajo una botella de vino por que salió a festejar el lanzamiento de uno de nuestros libros, así que me serví en una taza como si fuera mi café. Como en los viejos tiempos.


Esa estrategia funcionó, aunque, por otro lado, mi amiga me hacía la tarde divertida para que controlará mis nervios. De repente, media hora antes de salir, mi jefe me pidió una labor titánica, que en otro tiempo no me hubiera molestado, pero por favor, en este momento me quitaría mucho tiempo.


Y así, entre correr por mi trabajo, esperarlo en la oficina, mis nervios de quererlo ver y mi tercera taza de vino… llegó la hora.


Mandé el correo con la información que me solicitaron en el mismo momento que Spiderman me avisaba que daba la vuelta en la calle de mi oficina, mientras él se acercaba cada vez más yo cerraba la lap y retocaba mi labial. Un último trago a mi vino y la taza en la cocina, y ahora sí, podía ser de él.


Bajé lentamente los escalones, el guardia me intentaba hacer la platica y yo solo quería verlo una vez más. Cuando por fin me despedí del vigilante lo vi, como siempre, estaba al final de las escaleras esperando por mí. Esos ojos marrones que me vuelven loca, su sonrisa perfecta enmarcada por su barba que es mi perdición y en las manos un ramo de lilys moradas, mis flores favoritas.


Mientras bajaba lentamente mi corazón palpitaba con fuerza, como nunca… de felicidad, de pasión, de necesidad… de él. Al llegar a él, me jalo y me dio el más perfecto beso de mi vida.


Su mano libre tocaba el punto exacto entre mi cintura y mis nalgas, de una forma super firme, tocándome en los puntos adecuados, y es que sus manos son del tamaño exacto para mi cuerpo. Me hacen recordar el día que nos conocimos, recorrió mi cuerpo bailando durante toda la noche, sus manos se movían de una forma perfecta y ahora estaban ahí, sosteniéndome muy cerca de él mientras sus labios jugaban con los míos. De vez en cuando me mordía de una forma sutil y se nos escapaban unas risas como un par de niños traviesos.


Mis manos estaban alrededor de su cuello, esa extraña manía que tengo de tocarlo y la parte de atrás de sus orejas mientras lo beso, que hacen que inconscientemente me acerque más a él. Y un ramo de flores entre nosotros nos recordó que solo estábamos fuera del edificio de mi oficina.


Así que, tomó mi mochila, me ayudó con mis flores y comenzamos a caminar, para mi sorpresa al carro… se suponía que caminaríamos por una de las avenidas que más me gusta. Pero no, él me llevó al carro. Abrió mi puerta y como todo un caballero me ayudó a subir, después de poner mi mochila y mis flores en la parte trasera, se subió y comenzó a manejar.


Entre besos, música y apapachos vi cómo nos alejábamos poco a poco de ese lugar, ¿entonces a dónde me llevaba?


En cierto momento me saqué de onda, era claro que no sabía que plan tenía, dudé si era el mismo que el mío, pero el simple hecho de saberme con él, ya todo era mágico, genial y divertido.


Las pláticas son interminables, su humor es genial (y aunque odia que diga groserías y le diga “güey”) cada vez que lo hago me besa de una forma única que me provoca decir cada vez más improperios… aunque trato de no decirle así.


40 minutos después llegamos a un restaurant de una zona super exclusiva, entrar de la mano con él me hacía sentir especial, ¿sabes?, me siento protegida y mimada. Tiene esta forma de verme que me hace sentir sumamente sexy, me come con la mirada y eso me encanta.

Además, cuando es consciente de su pose, la tiene perfectamente manejada, esa mirada seria con sus grandes ojos marrones, sus cejas algo inclinadas, serio, con una mini sonrisa como si supiera un secreto que nadie más sabe y esa chispa que me atrae como nadie.


Puede ser mi perdición, me gusta mucho y él me ve de una forma en la que quiero que me vean toda la vida. Su mirada me enciende y me encanta, además esta sonrisa, esa pose, esa actitud de tratarme como lo hace, no lo puedo describir, pero me encanta.


Al llegar descubro que ya tenemos una mesa lista, junto a un ventanal donde se puede ver toda la ciudad, definitivamente me encanta esto, las luces, el movimiento, la vida en la ciudad. Pero voltear y verlo como me mira me enloquece mil veces más. Su sonrisa y esa luz me encanta.


Y entonces empezamos a platicar, me cuenta un poco más de su vida, de su trabajo y de su familia. Puedo ir conociendo las cosas que le duelen porque lo cuenta todo en un tono más bajo, con pausas, tratando de mostrarse fuerte, pero quiero hacerle ver que no es necesario, yo lo quiero humano, lo quiero sensible, lo quiero tal cual es.


Entonces de repente me cuenta de sus proyectos, de su trabajo y saber que eso le enorgullece me intriga, me hace darme cuenta del porqué me lo contó cuando nos conocimos y ahora lo entiendo un poco más. Tener el cargo que tiene no es fácil, eso no lo sabía, comienzo a ver su poder en la empresa y eso me gusta, solo por el brillo que tienen sus ojos al contarlo.


Y de repente pregunta por mí, ¿qué puedo yo decir? Le cuento de mi trabajo, de mi hermana, mi familia, mis amigos… me hace preguntas estratégicas, muchas veces me sorprende que sea de mi edad, tiene la mentalidad de alguien mucho mayor. Y entre tantas preguntas da al clavo.


- ¿Después de este trabajo, qué sigue?


- Un proyecto personal


- ¿Escribir?


- No precisamente


- ¿Entonces?


- Algo mucho más grande que publicar un libro


Y me suelto hablar de lo que quiero hacer, de cómo me veo dentro de unos años y cómo lo voy a conseguir, le hablo de mis capacitaciones, de mis retos, de mis pasos a seguir, de mi plan a 1 año, a 3 y a 5… le digo a dónde voy a llegar.


Sus ojos brillan como nunca, su sonrisa es increíble y por primera vez me siento cómoda hablando de esto, todos me tiraban de loca, él no. Y eso me fascina.


Mientras yo hablo como loca, de metas, de porcentajes, de negocios, de proyectos, de cursos y tantas cosas, su mano en mi pierna me regresa a la realidad y hace que mi corazón se detenga.


Y es que no estoy segura si yo tengo frío o su mano es muy caliente, pero siento que me quema, me distrae y me pone tan nerviosa que empieza a cortar las palabras.

Su risa es contagiosa y me hace otra pregunta:


- ¿Quién es tu inspiración a la hora de escribir?


Intento decir que es mi escritora favorita, pero el cerebro no me da, no puedo pensar en otra cosa que no sea su mano subiendo por mi muslo, creo que me tiene jadeando y solo ha tocado mi pierna.


Mientras me ve de reojo sonríe y toma su copa de vino con la mano libre, le da un pequeño sorbo y acerca su boca a la mía, yo estoy inmóvil, disfrutando del calor de su mano, sintiendo como mi corazón no sabe si acelerarse o de plano detenerse y ahora siento sus labios húmedos y esa barba que me da cosquillas. De repente, lo beso y un líquido aun frío entra por mi boca, definitivamente lo mejor, un beso sabor a vino.


Mientras me distrae con ese beso sube de golpe la mano hasta llegar a mi tanga y un leve golpe me hace brincar y gemir de placer. Me tiene húmeda, me sigue besando y yo estoy a punto de enloquecer.


Pongo mi mano en su pierna y mientras la voy subiendo él la detiene con su mano libre, me suelta y con una risa diabólica me dice “No niña, aquí no”


Y en un segundo, saca su mano de mi falda, se sienta bien, da un sorbo a su vino y hace como si nada hubiera pasado.


Y ahí estoy yo, roja, agitada, emocionada, y un tanto frustrada queriendo recomponer un poco mi postura.


La cena sigue genial, me hace reír y me cuenta las cosas más divertidas que le han pasado, veo que cuando cuenta cosas así su pose es relajada, su tono de voz se convierte como en la de un niño y ahora sí, le creo que tiene mi edad. Entiendo que la vida lo ha hecho ser lo que es, y conocerlo en todas sus facetas me encanta.


Paga la cuenta y me pregunta en un tono divertido, “¿quieres ir a bailar?”


No puedo decirle que no, desde la noche que nos conocimos no hemos bailado y es una de las cosas que me encanta hacer con él, así que vamos a un lugar lleno de gente, ruido y mucha música. Pedimos un par de mezcales y desde el primer brindis nos paramos a bailar.


Llevamos aquí poco más de dos horas, mi pelo es un caos, el maquillaje ya no está impecable y el vino combinado con mezcal es mi perdición; ya no puedo más.


Así que en un acto de valentía (y ebriedad un poco) lo beso a media canción, a media pista, y doy mi vida en ese beso. Esta vez soy yo quien lo tiene prisionero en mis brazos y empiezo a recorrer con mis manos su espalda. Cada centímetro, lentamente, mientras lo beso.


Al soltarlo, los dos respiramos con dificultad, sabemos lo que queremos, y vamos a ir por ello.


Los mezcales se nos han subido a la cabeza, así que decidimos dejar el carro en un estacionamiento seguro muy cerca de ahí y tomar un uber. En la app puedo ver el nombre de un hotel y eso me encanta.


2 minutos de espera y 10 de camino y estamos listos para pedir la habitación, debo aceptar que dudaba si hubiera lugar, a fin de cuentas, es viernes por la noche, así que mientras camino a recepción el me detiene y me besa, ahí en medio de todo. Me jala y me lleva a los elevadores, entonces caigo en cuenta que esto también lo tenía planeado.


Por todos los Dioses, yo solo planee el traer mis calzones más coquetos y este hombre piensa en todo…


Subimos por el elevador al décimo piso. Una de las mejores vistas del hotel que da a una palmera en la ventana, definitivamente me encanta. Al llegar, pongo un poco de música, me quito el saco y voy al tocador…


Al salir, me sorprende verlo sin camisa, y en cierto punto me da ansiedad saber que no lo pude desvestir, pero se acerca, lentamente, mientras tararea la canción que está de fondo, que curiosamente es una que me dedicó y ahora es parte de mi playlist.


Y yo lo veo, cada paso, casa centímetro de su piel, no hay cosa que no me guste, es alto, delgado, moreno, y por todos los Dioses ¿ya te dije que me encanta su barba y esa sonrisa que esconde tras ella?


Me estira la mano y yo no lo quiero tocar, aún soy un poco consciente de que estoy a punto de perder la razón por él, así que analizo todo lo que es, todo lo que me demuestra, todo lo que me empieza a querer.


Al notar que no le doy la mano, a los dos nos lleva al momento del bar donde no quise bailar con él, y por la misma razón nos empezamos a reír, porque el tiempo a pasado y seguimos con lo mismo. Mi propio juicio se pierde cuando estoy con él, pero al mismo tiempo mi consciencia de querer ser solo de él aumenta.


Me sonríe, niega con la cabeza y en un acto que nunca imaginé da los dos pasos hacia mí, me levanta y acto seguido me avienta a la cama… lo cual me hace gritar y reír como nunca, acto seguido se avienta el y los dos volamos por los aires como si estuviéramos en un juego de niños.


Risas, risas y más risas… mis nervios desaparecen y me dan ganas de besarlo de nuevo pero esta vez solo para agradecerle el estar aquí conmigo, nada más.


Pero él me gana, me besa la frente y me ve de esta forma en la que me derrite, después de lo que para mí son largos minutos, suspira, me besa la punta de la nariz y se pone de pie.

Es algo absurdo, se que va a hacer algo, pero esa distancia me deja fría, tengo miedo de que se vaya, pero tengo mucho más miedo de lo que siento por él. Mi juicio y mi razón me quieren detener, se que no es bueno perderme, porque las lecciones que aprendí me han dolido mucho y de repente, parado a un metro de mí, voltea, me estira la mano y me sonríe. Y me doy cuenta de que me la voy a jugar por él.


Esta vez estiro mi mano y me ayuda a ponerme de pie, me para frente a él y mientras me empieza a decir que soy bonita, sexy, encantadora y divertida, desabrocha un botón de mi blusa, así un botón… una palabra.


7 palabras si contamos mis mangas y me tiene en falda y brasier al verme suspira y puedo ver como su pantalón está a punto de explotar, baja el cierre de mi falda y me la quita lentamente mientras se pone de rodillas ante mí, verlo ahí no solo es hedonista, es sexy y sumamente perfecto.


Me empieza a besar el estómago y su barba me hace cosquillas a la vez que me enciende más, de pronto baja mis bragas y me besa como nadie.


En cierto punto lo detengo y se pone de pie para saber qué está pasando, tras una pequeña pausa que claramente veía en sus ojos que trataba de analizar lo que pasaba, mi cara cambió, ahora es traviesa y divertida.


Me puse de rodillas ante él para poder descubrir lo que venía imaginando, probarlo fue el cielo para los dos, saberme dueña de su placer fue lo mejor que me pudo haber pasado.


Probar cada centímetro, ver su cara (que de por sí me gusta) disfrutando del placer, era lo mejor para mí.


Y ahí comenzaba lo que sería la mejor cogida de mi vida, no solo es sexy, no solo se sabe guapo, no solo es cursi o detallista. Sino que, se toma el tiempo de conocerme, de recorrer mi cuerpo, de llevarme al cielo las veces que sean necesarias hasta ya no poder más.


Sabe lo que me gusta porque me pone atención en todo momento, sabe donde tocar, donde besar y donde morder, controla la intensidad y el ritmo. Y, después de todo, fue el mejor hombre con quien he estado.


No hay parte de mi cuerpo que no haya tocado, me hizo gritar y reír, para que al final diera todo por dormir junto a mí.


Esta vez no hubo un uber al terminar, esta vez vimos el amanecer juntos y planeamos el desayuno, esta vez me cubría con su cuerpo para quedarnos más tiempo así, siendo solo él y yo.


Se ha quedado muy grabado en cada parte de mi piel, cada vez me gusta más y debo confesar que lo extraño en cada momento.


La promesa fue recorrer cada hotel temático de la ciudad, cada uno con una historia diferente, no se si habrá juegos o regalos… lo que, sí sé, es que nunca había sentido nada igual por nadie.


Y esto apenas comienza…

 
 
 

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