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¿Cuánto cuesta el amor?

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 22 sept 2019
  • 13 Min. de lectura

Martes 4:00 pm


“Hola bonita, espero que tengas un maravilloso día, a ver que día me dejas invitarte a comer”


Uno de los mensajes que más odiaba y me hacían poner los ojos en blanco, ¿acaso no era muy obvio que no me interesaba en conocerlo?


Jueves 9:35 pm


“¿Ya en casa?”


Curiosamente no, iba saliendo de la oficina después de un día muy pesado, donde no quería hablar con nadie, solo pedía un par de aspirinas y mi cama para perderme de todo.


Sábado 10 :15 am


“Buenos días preciosa, espero que tengas un bonito día, tan bonito como tú. A ver qué día nos vemos”


¿Es en serio?, él es casado, tiene 3 hijos, no tengo ni idea de qué trabaje, pero por todos los Dioses, no puede pretender ligar de esa manera… ¿o sí? Además, para acabarla es mi vecino y conozco a su esposa.


Lunes 3:30 pm


“¿Te sientes bien, hoy te veías extraña en la mañana?”


No, estoy hasta la madre, cansada, enojada, frustrada, solo quiero llorar, comprarme un litro de helado y no hablar con nadie… lo que más me espanta es que nadie lo ha notado. Todos en mi trabajo me buscan para contarme sus penas o simplemente para divertirse un rato. Porque irónicamente, me la paso riendo todo el día, pero hoy, justo al llegar de la escuela y preparar mis cosas del trabajo me quité los zapatos altos, la ropa de vestir y por hora y media volví a ser la Lily de sandalias, camiseta y short que anda por su casa con un chongo mal hecho. Y resulta que él me vio dos segundos mientras salía a comprar algo de comer y lo notó. 2 horas más tarde, preocupado, me preguntó.


Martes 8:10 am


“¿Me dejas invitarte a desayunar?”


No te voy a engañar, ayer sí me dejó pensando en el detalle que tuvo. Aún así ya estoy en la escuela, no puedo salir a desayunar con él.


Jueves 10:30 pm


“Qué raro verte en tu casa, ¿tienes noche libre?”


Home office le llaman, aunque siendo sincera en vez de trabajar me la pase limpiando y remodelando mi casa, que buena onda que lo notó.


Lunes 9:30 am


“Gracias por dejarme invitarte ese café, hubiera preferido que fuera en otro lugar, pero al menos me dejaste pagarlo y eso es un gran honor para mí”


Si bueno, que me encontrara en el Oxxo justo cuando me preparaba mi café no cuenta, es obvio que no saldría con él, aunque después de todo es divertido.


Jueves 2:30 pm


“Está lloviendo terriblemente y a esta hora te vas, ¿quieres que te lleve a tu trabajo?”


Después de mucho pensarlo, tenía razón, esto no cuenta como una cita porque solo me está ayudando a llegar a tiempo, aunque sus detalles conmigo son geniales, es atento y cuando pasó por mí traía un café del sabor que me gusta, además resulta que en verdad es divertido y aunque dice cosas como “jamasmente” lo que lo hace aún más divertido (quiero pensar que lo dice en broma y no porque crea que así se hace más grande el “jamás”), además llegué temprano a mi trabajo y sin mojarme.


Sábado 9:00 am


“Es sábado, ¿de verdad vas a ir al gym a esta hora?”


Y sí, llevo semanas con tanta presión que quiero alejar mi mente de todo y lo voy a hacer sudando un rato, aunque también estaría padre desayunar con él. Pero no lo propuso, mejor el gym, y ya.


Mismo sábado 8:00 pm


“Verte salir tan arreglada, con esa falda que delinea tus perfectas piernas, y esa blusa que muestra solo lo necesario es maravilloso. Aun así, estoy debatiéndome si me gustas más así o con pans y sin maquillaje cómo te vi en la mañana. Sea como sea, diviértete en tu fiesta, si necesitas algo háblame”


Por todos los Dioses, solo nos vimos mientras esperaba mi Uber y me deja pensando mil cosas, porque es lindo, divertido, me hace sentir tan linda, cómoda y protegida. Y si al salir de aquí le marco… ¿vendría por mí? Voy a hacer la prueba.


Me escudo en la cantidad de cerveza que hay en mi sistema, diciendo cosas como “Es un poco tarde y tendría que pedir un Uber otra vez”, “Creo que quiero pasar a cenar, pero no me gusta comer sola” y “Sería genial que me acompañaras a cenar”


45 minutos más tarde esta afuera del lugar, no solo vino por mí… también cenamos juntos y dimos una vuelta por la ciudad mientras platicábamos en el auto, solo porque le dije que uno de mis lugares favoritos era el mirador en el camino a Cuernavaca, mejor aún recorrimos varios puntos altos de la ciudad con fotos increíbles juntos.


Me dio pena que las tuvo que tomar él, mi teléfono no me dejaba tener una foto perfecta, pero él sin problema las tomó y me las mandó. Estar con él es tan divertido que me nubla la razón, no debo olvidar que tiene un compromiso y una familia, que esto está prohibido.

Pero a quien quiero engañar, eso lo hace mucho más sexy.


Llegué a casa sana y salva, muy tarde, pero fue la noche perfecta.


Miércoles 7:00 am


“¿Te llevo a la escuela?”


Por lo general me voy hasta las 7:30, pero dice que quiere que desayunemos juntos antes de que entre a clases.


Desayunamos en un lugar super cute, al entrar me sentí tan rara, yo iba con tenis y jeans esperando unos hot cakes en algún lugar, y él me llevó donde todas las personas que estaban ahí iban vestidas super arregladas, los perfumes tan caros y dulces inundaban el lugar y había lujo hasta en el sabor del café.


Él estaba cómodo en ese ambiente, sabía pedir con clase y dejaba siempre muy buenas propinas, era amable con todos los meseros y siempre caballeroso conmigo.


Justo antes de pagar, me dio un regalo, envuelto en un papel metálico de un tono violeta, con un gran moño dorado, en la tarjeta solo se podía leer: “Lilhy”.


Al abrirlo, ahí estaba un teléfono como el de él, última generación, con una capacidad tan grande que de seguro puedo meter los archivos de una biblioteca completa y toda la discografía de los Rolling Stone y aún así tener espacio suficiente para todo lo que quisiera.


- ¿Qué es esto?

- Un regalo

- ¿Por?

- Para que puedas tener mejores fotos y guardar todo lo que quieras

- Pero, no es necesario

- Ya sé, lo hago porque quiero hacerlo, así nada más.

- No lo puedo aceptar

- ¿Por qué no?

- Porque es demasiado.

- No mi niña, para ti nada es demasiado, por favor recíbelo.

- Pero, pero…


Y después de mucho insistir, acepte. Y como niña chiquita me llevó a la escuela con mi juguetito nuevo.


Viernes 9:50 pm.


“Estoy fuera de tu oficina con un café y una botella de vino, ¿cuál prefieres?”


Baje corriendo las escaleras, solo para llegar a verlo, me encantaban esos detalles, esas sorpresas, en realidad, ahora todo él.


En el camino me tomé mi café y me llevo a cenar a un lugar super exclusivo, cuando llegamos, lo dudé un poco porque, aunque si iba de vestir, ese lugar me superaba.


- ¿Te sentirías mejor con esto?


Lo decía mientras me mostraba una bolsa hermosa, negra con el logo de Channel dorado que robaba toda la atención, eso debía costar una fortuna, pero me encantaba, era totalmente mi estilo, algo que yo escogería y él lo sabía. Eso lo hacía mucho más especial.


Tenía razón traer esa bolsa me daba una extraña seguridad, no por el modelo o el precio, era porque él me la había regalado.


Esta vez convencerme de recibirla no le costó tanto trabajo.


Una botella de vino después estaba algo achispada, me reía como loca histérica de cada chiste y él cada vez se acercaba más a mí. Cuando sentí su mano en mi pierna mi corazón se detuvo, pero lo hizo de una forma tan natural que después de dos segundos estábamos como si nada.


Al pagar, antes de irnos, como siempre el se levantaba primero y separaba mi silla, esta vez, al hacerlo, me tomó de la cintura y me besó. Tan tierno, suave, a mi ritmo… Dándome las riendas para que pudiera llevar la intensidad. Fue genial.


Caminamos al carro de la mano por primera vez.


Miércoles 3:30 pm.


“¿Comiste?”


Mi día a sido imparable, dos exámenes y una presentación en la escuela y la entrega de tres proyectos del trabajo me han traído como loca y no, no tengo tiempo ni de dormir, mucho menos de comer. Me la paso con arándanos y nueces que cargo todo el tiempo en las bolsas de los sacos.


Y en punto de las 5 tocan la puerta de la oficina.


- ¿Lilhy?

- Si, ¿quién la busca?

- Le traigo su pedido, vengo de “Santino”, hizo un pedido especial.

- Claro, gracias ¿cuánto te debo?

- Nada señora, ya está pagado. Provecho.

- Gracias.


¿Provecho? Al momento que abrí la bolsa el olor a la pasta italiana inundo mi oficina, mi hambre se desató y fui a comer todo. Era delicioso, él sabía que amo la comida italiana, la combinación perfecta e incluso la bebida ideal.


Lunes 2:00 pm


“Estoy afuera”


Parezco niña de secundaria otra vez, al salir de la escuela corriendo para verlo ahí recargado en su auto, esperando por mí, su sonrisa es la réplica de la mía. Me encanta su seguridad, su porte, y porque negarlo, su auto.


Una rosa en la mano y un regalo en la otra, la escena perfecta. Al llegar a verlo me lo como a besos y abrazos, es la clase de hombre que se enorgullece de la chica que tiene. Me ha comprado ropa, mucha la ha escogido él, pero me sienta muy bien, la falda que traigo hoy es ajustada y la apertura que tiene atrás muestra solo lo necesario de una forma mega sexy, traigo una camiseta negra y un saco rosa, los zapatos (que por supuesto pagó él) me hacen ver alta y estilizada, y él me muestra como su trofeo. Eso es demasiado hedonista.

Cuando le propongo tomarme la tarde para estar con él dice que no, que tenga paciencia.


Jueves 10:00 pm


“¿Pediste permiso para faltar mañana al trabajo?”


Y sí, entregué todo en la escuela y el trabajo, en ambos lugares pedí el día, creo que tiene una sorpresa para mí y estoy lista para saber qué es.


Viernes 7:20 am


“No se te olvide el bloqueador solar”


¿Es en serio?, en mi maleta llevo lenceria, ropa sexy y una gran cantidad de condones. En ningún momento pensé en bloqueador solar.


Cuando pasa por mí salgo de jeans y camiseta blanca, mis converse blancos que le encantan y mis gafas Prada que fue mi último regalo. Al subirme a su camioneta me puso un sombrero playero que era más grande que yo, lo amé en ese preciso instante.


- ¿Adivina a dónde vamos?

- ¿Cuerna?

- Jajajaja no mi niña, no vamos a Cuerna.


Dos horas más tarde vamos en un avión a Cancún, por lo que entendí vamos a llegar al aeropuerto y de ahí pasará una camioneta por nosotros para llevarnos a una playa que es casi casi privada. A veces me supera, mi equipaje no viene preparado para esto, pero él lo sabe y con una sonrisa triunfante solo dijo “hice unas compras”.


Al llegar, el lugar es increíblemente hermoso, hace calor y ya nos tienen listas unas bebidas deliciosas. La señora que nos recibió nos dijo que era la encargada de ese lugar que ella iría por las mañanas a limpiar y prepararnos el desayuno y por las tardes y noches prepararía nuestros alimentos en el comedor de su casa, ya fuera que comiéramos con ella ahí o si lo preferíamos lo traerán a la casa.


Hay una alberca y un jacuzzi en la casa, pero eso es lo de menos, la playa nos queda a unos minutos, todo es silencio, calor, bebidas y lujo.


Él disfruta con esas cosas, demostrando cuanto me puede dar, siempre llevando todo al siguiente nivel, siendo sincera llevo un tiempo preguntándome cómo será estar con él.

Después de almorzar una deliciosa ensalada que nos preparó la señora Ana, los despide a todos cortésmente, sé que ha llegado el momento y estoy muy nerviosa, mi corazón va a mil, voy por la tercera copa de vino blanco y creo que no está ayudando mucho.


Al cerrar la puerta, camina hacia mí, la casa es tan grande que, para llegar de la puerta donde él está hasta la barra de la cocina donde estoy yo, tiene que dar como 30 pasos, así que lo hace con calma, lento mientras me mira fijamente, ha dado los primeros 10 y desabrocha su camisa. Poco a poco me empieza a mostrar su fabuloso cuerpo, sabía que estaba en forma, pero jamás imaginé que tuviera esas marcas de ejercicio, su ropa no le hace justicia, además un tatuaje va de su pezón izquierdo, pasando por sus costillas y llegando a su espalda. Un pez koi lleno de color, ¡me encanta!


Su mirada me enciende, pero no me puedo mover, solo puedo ver como deja sus tenis en el camino, desabrocha su pantalón y con una técnica adecuada se los quita sin dejar de caminar. Y 30 pasos después está parado frente a mí solo en boxer.


- ¿Quieres nadar?


Le doy la mano que me ofrece para ponerme de pie. Con un gesto de la cara me pide que levanté las manos y así lo hago, me saca la camiseta por la cabeza como niña chiquita, después desabrocha mi pantalón y me sostiene para que me lo saque por las piernas, y ahí estamos frente a frente en ropa interior viéndonos fijamente. Mi corazón está tan acelerado que pienso que en algún punto me voy a desmayar. Él se ve seguro y confiado, algo hay en su sonrisa que me pone mucho más nerviosa, quiero que haga algo… ¡Ya!


Un beso dulce y rápido fue todo, mejor me toma de la mano y me lleva a… ¿afuera? Eso de nadar creo que va en serio… pero ¿de verdad?


Lee mi cuerpo y mi mirada y suelta una carcajada, entiende perfectamente que quiero y sabe que no me lo va a dar hasta que el señor quiera, y ahora tiene la osadía de reírse de mí.


De repente me toma de la cintura, me abraza y en el momento que lo abrazo colgada de su cuello, me levanta del suelo y en un salto caemos los dos al agua. Siento que me ahogo, no se que pasa, hay agua en mi nariz, y en mi boca, mi maquillaje se va a arruinar y mi cabello es una locura.


Por fin logro sacar la cabeza del agua y tomo aire, y no entiendo qué pasa, dos segundos después él hace lo mismo y su risa es contagiosa, parece niño chiquito totalmente divertido con la travesura que acaba de hacer.


Toma mi cabello con una mano y lo jala para levantar mi cabeza, con su otra mano me toma muy bien de la cintura y lo puedo sentir, tan duro y firme por todos lados.


Siento como jala mi cabello y eso lo hace demasiado sexy, no puedo dejar de verlo a los ojos, son casi negros y en ellos hay una chispa que me encanta y me enciende por completo, su sonrisa es épica y no se cuanto tiempo más soportaré tenerlo tan cerca y no comérmelo a besos.


Inevitablemente bajo la mirada a su tatuaje y lo delineo suavemente con los dedos, mientras pongo mis piernas alrededor de su cintura y mientras recorro su pez siento como se pone duro debajo de mí, su respiración se agita y jala más fuerte de mi cabello.


Tras un largo beso siento como baja sus manos a mi cintura y me toma muy muy fuerte, y antes de entender lo que pasa siento que me levanta, yo sin darme de que la orilla de la alberca está a mi espalda, entendí lo que hizo, con su ayuda, como niña chiquita me sienta justo en el borde.


Verlo ahí, con su cabeza a la altura de mis piernas me hace jadear y él lo sabe, por eso se para justo en medio de ellas, las separa y empieza a besarlas, lentamente, un beso tras otro, justo para llegar donde mi ropa interior ya no lo deja besar mi piel.


Decide hacerla a un lado para poder descubrir que me he depilado por completo solo para él, al verlo suelta un suspiro y por inercia se toca la verga, me mira una vez más y da un largo lengüetazo que me lleva al cielo, siento su lengua húmeda pasando por mis labios, sus manos sosteniéndome de la cadera, pasa su lengua de un lado a otro. Una que otra mordida ligera me hace gemir más fuerte.


Sentirlo es la gloria, me hace tocar el cielo con su boca, con ser él, por estar ahí para mí.


Al regalarme mi primer orgasmo de esa forma tan magistral quede tirada en el piso, la espalda totalmente estirada y las piernas dobladas para que mis pies tocaran el agua donde está él.


Era inevitable cerrar los ojos entre el sol y el orgasmo que aún sentía, así que solo pude escuchar el agua agitarse cuando él se salió de la alberca para que, dos segundos después, pudiera sentir sus labios besarme. Su cuerpo está mojado y me da el contraste perfecto con el calor que sentía en el cuerpo por el sol, recorro con mis manos sus brazos, que al hacer fuerza para no poner todo su peso en mi se le marcan de una forma magistral, recorro su espalda y dejo mis manos en sus nalgas.


Sus piernas están a cada lado de mis caderas, su cuerpo está en tanta tensión que es fabuloso sentirlo. Al ponerse de pie me da la mano para seguirlo. Con gusto lo hago.


Caminamos juntos, besándonos hasta el lindo sofá que está junto a la alberca, y sin dejar de besarme me desabrocha mi bra y baja mis calzones, de sorpresa me da un ligero empujón y caigo sentada en el sofá. Él con una mirada triunfante, viéndome desde arriba da una clara señal.


Ahora soy yo la que está bajando lentamente su boxer para descubrir una verga dura, perfecta y lista para mí. Muero por probarla, sentir su calor, su textura, su sabor. En el momento es que la pruebo sus sonidos son sexys y hedonistas, verlo me pone tan caliente que gimo cada vez que la saco de mi boca. Este hombre me encanta, y follármelo con la boca es lo mejor que me ha pasado.


En cierto momento se pone tenso y se separa de mí para jalarme y ponerme de pie junto a él, me abraza y siento todo su cuerpo cubriéndome, mimándome y dándome placer ilimitado. Sin dudarlo me da la vuelta y entiendo perfecto que es la señal para ponerme en cuatro para él. En cierto punto espero que entre de una forma dura o fuerte, sin piedad. Pero no, me besó mi espalda y mi cuello, mientras me tocaba cada parte de mi cuerpo.


Es lindo y caballeroso en todo momento, me encanta en todos los sentidos, me hace suya en todas las formas posibles. Junto a él nada más me importa.


En cierto momento me dijo: “Creo que te amo”


Lo besé con intensidad, fui de él y follamos delicioso, pero no estaba preparada para decir lo mismo, y él lo sabía.


Estoy consciente que no lo amo, que él no puede ser mío, y que esto va a terminar tarde o temprano. Por eso disfruto cada beso, cada caricia y lo dejo creer que en ciertos momentos soy de él.


Hacemos el amor de forma magistral, y es que, junto a él, todo es especial.


El fin de semana se nos acabó, entre tragos, sexo, comida, besos, el mar, caricias, la alberca y demasiada diversión hicimos las maletas para volver a la realidad.


El regreso la pasé dormida la mayor parte del tiempo, estaba cansada y adolorida, me hizo sentir tantas cosas que juro por todos los Dioses que ese hombre sabe lo que hace.


Durante las interminables horas de pláticas le conté de los proyectos de la escuela y mi trabajo, mis futuros cursos y planes para el fin de año. Y, es que, en muchos momentos era difícil escucharlo hablar de sus planes familiares, preferí no saber y contarle yo.


Él no lo sufre, yo vivo sola, estudio y trabajo… así que no tengo tiempo de hacer una familia en estos momentos.


Y así volvemos a la realidad.


mMartes 8:00 am

m.


¿Quéééééééé? Ese diplomado está en 30 mil pesos. Era un sueño muy lejano y ahora los

tenía en mi cuenta para hacerse realidad.


Definitivamente fue un fin de semana productivo… Y esto apenas comienza.




 
 
 

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