Hambrientos y sedientos
- Lilhy Camacho

- 12 sept 2020
- 21 Min. de lectura

“Te espero a las 2:45 en la mesa 1” eso decía la nota que encontré en mi escritorio cuando llegué a la oficina. Estaba completamente segura que era de Jonhy;|siempre tenía detalles así. Y en los últimos días hemos tenido tanto trabajo que casi no pasábamos tiempo juntos, los mensajes eran muy cortos y nuestros únicos encuentros eran en la copiadora mientras ajustábamos carpetas para las reuniones. Eso de ampliar la plantilla de la empresa nos estaba alejando.
Así que al ver esa nota me di cuenta que podríamos tener la oportunidad de buscar más momentos juntos y eso me pareció genial. Sin dudarlo, alisté mis cosas y en punto de las 2:40 bajé al comedor, mi comida ya me esperaba en ese lugar y de hecho me tomé la libertad de pedir para él lo que más le gustaba. Mientras caminaba para llegar se me ocurrió marcarle para saber si necesitaba que pidiera algo más y no perder tiempo ahí.
- Hola muñeca, ¿cómo va tu día? – me contestó con su inigualable voz llena de energía.
- Súper amor, ¿y el tuyo? – pregunté fingiendo demencia respecto a nuestra cita que cada vez se acercaba más.
- Cansado, vamos en carretera hacía Cuautla para ver a los proveedores nuevos, de ahí pasamos a Tepoztlán a ver el lugar donde será el evento y en la noche tenemos junta en la oficina para ver todos los detalles. No creo que te alcance mi vida.
Mientras él hablaba yo seguía caminando hacía el comedor… mil emociones pasaban en mí. En primera ¿quién carajos me había dejado esa nota?, ¿Por qué yo no sabía de todas estas reuniones? ¿Qué estaba pasando en mi relación, aún existía?
- No te preocupes cariño, yo estoy bajando a comer y más tarde tengo la agenda llena, te marco en la noche para saber cómo te va. – contesté lo más tranquila que pude, aunque la duda de mi cita seguía ahí.
- Lo siento de verdad, te extraño.
- Yo también, pero ya tendremos tiempo de vernos.
- ¿Solo vernos? – en dos palabras podía poner todo la excitación necesaria.
- Y besarnos – dije en un tono seductor.
- ¿Solo eso? – decía mientras reía.
- Uff baby, la de cosas que te haría, empezando por morder cada parte de ti, tan rico y tan suave que tu verga se pondrá dura a mi tacto… y así poco a poco bajaré besando todo a mi paso hasta que…
Un resoplido me hizo recordar que el venía en el carro con nuestro jefe, el chofer y quizá alguien más, así que ponerlo duro en esa situación no era lo más conveniente. Además yo estaba a punto de llegar a una cita misteriosa, y no quería llegar sobresaltada mientras pensaba en la verga dura de mi novio.
- Baby, te marco en la noche para cenar juntos – me dijo con una voz quebrada. El deseo estaba plasmado en cada tono.
- Si mi vida, que tengas bonito día. Te amo.
Fue lo último que dije mientras ponía mi bolsa en la mesa 1 aún vacía. Al parecer mi compañero de comida no era tan puntual. Mi reloj marcaba 2:46 y con lo obsesionada que soy con la puntualidad eso me estaba estresando.
Un minuto después llegó la camarera a saludarme como todos los días, y dejó una copa de vino en mi mesa.
- Pero Ana, yo no pedí vino. Solo voy a comer.
- Lo pidió el caballero para esta mesa – lo decía mientras miraba a un hombre que venía caminando hacía nosotras con una seguridad increíble.
- ¿Segura? – dije más sorprendida de lo que quisiera admitir.
- Si señora, en seguida traigo las entradas que pidió.
- Gracias Ana, qué linda.
Y mientras Ana se alejaba yo clavaba mi mirada en cada paso que acercaba a ese hombre hacía mi mesa.
Alto, fibroso, con el cabello largo peinado hacia atrás en un chongo (que me parecía lo más sexy que Disney nos pudo dejar como estereotipo de masculinidad), de traje negro con camisa negra, una barba hecha para un hombre como él, una sonrisa que tenía tatuada la palabra sensualidad en cada detalle y una mirada que me quemaba.
12 pasos le bastaron para llegar, los mismos para descubrirme saboreando cada detalle de él y en cierto momento olvidarme un poco de la llamada que acababa de terminar.
- ¿Liliana?
Pufff, odio que me digan así. Pero escucharlo en él alboroto todas las hormonas de mi cuerpo.
- Perdón, ¿tú quién eres? – dije con tanta seguridad que incluso a mí me sorprendió.
- La pregunta que día a día me formulo a mí mismo… ¿quién soy yo? – lo decía como si estuviera estudiándose a sí mismo, mientras movía la silla que quedaba a mi lado derecho y se sentaba con una familiaridad que me parecía algo sexy – ¿Tú podrías contestar quién eres tú?
Mi sentido común decía que le tenía que preguntar su nombre o qué lo llevó a esa cita, a mi escritorio o simplemente qué diablos le pasaba… pero apelando a su iniciativa opté por seguir el juego.
- Cada día tendría una respuesta diferente – contesté - hoy por ejemplo, puedo decir que dejé de ser una persona que llega a citas misteriosas dando por sentado su compañero a la hora de comer.
- Interesante, aunque de no hacerlo te quedarías con la duda que más ha matado personas en la vida… esto es ¿qué hubiera pasado?
- Creo firmemente que ha tenido más muertes el hecho de hacer las cosas que el no hacerlas, aunque no puedo hablar de los traumas o pesadumbres que “el hubiera” ha dejado en la vida de las personas.
- Buen punto, hoy te libré de ese peso… de nada.
Era extraño su sentido del humor, y bueno, debo decir que era el tipo de hombre por el cual me pondría de rodillas de vez en cuando.
Pensar en eso me hizo ruborizarme y sonreír de una forma tan coqueta que no pasaba tan seguido. Jonhy me provocaba amor, pasión y confianza… la coquetería se me había esfumado un poco. Pero de repente aquí estaba, bebiendo el segundo trago de un vino que era muy dulce para mi gusto, pero igualmente delicioso.
- Mi nombre es Rodrigo, mucho gusto.
- Bueno Rodrigo, el gusto es mío. Dime por favor ¿qué te trajo a irrumpir mi comida el día de hoy?
- Me encanta como se escucha mi nombre en tu voz – dijo mientras sonreía de lado y mis bragas casi casi se me caían.
- Bueno entonces te llamaré de otra forma para que no te acostumbre a ello – dije con un poco de sarcasmo tratando de ocultar que a mí me pasaba lo mismo.
- Ok, me puedes decir mi vida, mi amor, mi cielo, esclavo o como quieras – dijo mientras reía.
Pero ese último comentario me hizo imaginarme en ropa de látex muy ajustada, tacones muy altos y unos labios rojos, teniéndolo a él de rodillas ante mí, con una correa en su cuello mientras yo le ordeno darme placer a mi gusto, a mi tiempo y a mi forma. Sintiendo el poder de someterlo, de mandarle, de hacerlo mío una y otra vez. Ser dueña de un adonis así.
- Dime mi cielo, ¿qué te trajo hasta mí? – Lo dije en un tono suave, sintiendo una domina en toda esencia. Mientras mi sentido común se dio un tiro en la cabeza y murió.
- Quiero conocerte un poco más
- “Un poco más” implicaría que ya nos conocemos y no es así.
- Soy nuevo en la empresa, según entendí seré la mano derecha de Jonathan, tu novio, estaré en la oficina haciéndome cargo de sus pendientes mientras él cierra negocios de lado de Uriel, quien ya lo conoces bien porque es tu jefe. Y según cuenta la leyenda ustedes dos son grandes amigos.
- Ok, no sabía de tu puesto. Pero te aseguro que hacerte cargo de sus pendientes no incluye a su novia.
- ¿No te gustaría que así fuera? Yo estaría a tus pies en cada momento. – dijo mientas tomaba una uva de mi propia ensalada y la llevaba a mi boca, alimentándome.
Y ahí estaba ante una propuesta que me llevaba a una gran disyuntiva. Ofenderme y decir un rotundo no… o darle la oportunidad ante una posibilidad. Todo mi juicio y moralidad estaban frente a frente contra un hombre extremadamente sexy que me proponía una fantasía que me encantaba.
- No podría contestar ante eso, tengo mucho trabajo y poco tiempo para comer… así que no perdamos el tiempo en tonterías, comete esa uva tú y no vuelvas a meter tu mano en mi comida de nuevo.
- Lo que tú me pidas – dijo mientras metía la uva en su boca y me guiñaba un ojo.
La comida transcurrió más normal de lo esperado, conocí un poco más quién era, me contó cómo fueron las entrevistas con Jonhy y con Uriel y como los dos dejaron muy en claro el cariño y respeto que me tenían. Incluso comentó que a mi novio le parecía que él era la clase de chico que me gustaría tener para trabajar con él. “Puntos extra por la barba, ¿de casualidad tienes tatuajes?” Fue lo que él dijo.
Al terminar de comer me llevó a mi escritorio y él se metió a la oficina de Jonhy para tomar un video llamado con él. Casi 40 minutos más tarde me llegó un mensaje de Jonhy que decía “¿puedes ir a mi oficina un minuto? Tengo algo que decirte”.
Al entrar ellos seguían en zoom, así que me acerqué a la computadora y Rodrigo se paró enseguida y me dio el lugar para pararse detrás de mí y vernos ambos en la pantalla.
- Hola amor – decía Jonhy con esa sonrisa que me volvía loca
- Baby, ¿cómo va todo? – Al verlo volvía a sentir ese amor por él
- Vamos bien, aunque todo se ha retrasado, no vamos a llegar a la junta en la noche, la cambiamos para mañana. Por lo mismo no llegaré por ti hoy, pero le pedí a Rod que te lleve a mi casa, ¿te parece bien?
- Amor, no es necesario… yo sé llegar a tu casa sola. – Dije mientras miraba de reojo a ese hombre detrás de mí que me veía el escote descaradamente.
Por instinto me senté un poco más derecha y saqué el pecho mientras Jonhy mencionaba que ya lo había pedido y que Rod no tenía problema en hacerlo.
- Ok, entonces te espero en tu apartamento y cenamos juntos.
- Si baby… Rod, ¿nos acompañas? – le decía Jonhy a través de la pantalla.
- No man, creo que es mejor que hablen ustedes.
Aquí había un tema, estaba segura… pero no sabía a qué se referían. Miles de posibilidades pasaron por mi mente, desde negocios, trabajos, hasta fantasías de tríos que me ponían caliente solo de imaginarlo.
Tener por un lado a Jonh que tan amoroso, tierno, cariñoso y pasional, y por otro a una bestia salvaje que medía más de 15 cms que yo, tan grande y sensual poniéndose los dos a mi disposición y a mi placer… claro que sí me ponía. Pero esto era trabajo, era algo formal, no podía ir por la oficina coqueteando con la mano derecha de mi novio. ¿O sí?
- Ok baby, nos vemos más tarde en tu apartamento, tengo mucho trabajo y me tengo que retirar – le dije apunto de despedirme.
- Si nena, pero… ¿seguimos con el plan? – Y ahí entendí todo.
Un par de semanas atrás salimos a cenar a una cafetería muy cursi en la colonia Roma, mientras lo hacíamos me llegó una notificación de un evento cerca. Era una demostración de un taller de shibari, como estaba interesada en aprender eso le pedí que me acompañara a verlo. Al llegar descubrimos que era una demostración BDSM donde no solo había amarres, también sesiones en vivo, amos, dominas, sumisas, esclavos, personas disfrazadas de animales y al fondo de la sala una domina gozaba de dos esclavos que parecías disfrutar cada vez que ella jalaba la correa de su cuello o ponía su tacón en su entrepierna.
Me quedé parada frente a ellos, viendo el placer en todo ese performance, ellos disfrutaban de sus tratos y ella del poder. En cierto punto ella me miró y sonrió sabiéndose sexy hasta más no poder… sus ojos estaban perfectamente marcados con su maquillaje y sus labios rojos demostraban una sonrisa que me parecía retadora. Quitó su tacón del miembro de uno de sus esclavos y le ordenó algo, al momento el man se puso de rodillas y se quedó mirando el piso, ella dio dos pasos y jaló del collar al segundo sumiso hasta llegar frente a mí. Yo no podía dejar de verla… era sensualidad, era poder, era hedonismo, era, simplemente… perfecto.
- ¿Lo quieres? – dijo mientras me ofrecía la correa
- ¿Qué? Nooo – dije sin saber a qué se refería
- Me encantaría que te diera el placer que te mereces – dijo mientras veía de reojo a Jonh que parecía sudar mucho más que yo.
- Ya tengo el placer que me merezco – dije, mientras tomaba la mano de mi novio y me daba la vuelta.
Estuvimos un rato ahí y nos salimos antes de que terminará la demostración. Camino a casa estuve pensando en todo lo que vi, más caliente de lo que debería aceptar. Buscaba cualquier momento para besar o manosear a mi novio, el camino al departamento fue increíblemente largo, entre besos y caricias, manoseos en el elevador y un buen faje justo afuera de la puerta mientras buscábamos las llaves.
Al entrar tiramos las mochilas y los abrigos al piso, poco a poco fui quitando su ropa, quería tenerlo desnudo para mí, quería encontrarme una vez más con esos tatuajes que eran mi mapa del tesoro, eran mi fascinación, mi pasión. No dejé que me quitara nada aún, yo solo lo quería para mí.
En cierto momento cuando intentó quitarme el vestido le di una cachetada (sin pensarlo), su gemido fue tan fuerte que me hizo desearlo aún más… “solo quítame las malditas bragas cabrón” le dije.
Sus manos obedecieron, él estaba de rodillas ante mí, desnudo, más duro de lo que hubiera imaginado.
Yo estaba de pie, con las piernas abiertas viendo como sus manos se perdían entre mi vestido y calentaba todo a su paso, hasta que llegó a mis bragas y las bajó con cuidado. Al momento de sacarlas solo pude decirle “Frota tu dura verga con ellas gusano”.
Desde donde estaba pude ver como su verga brincaba y se ponía más dura cada vez y poco a poco me fui acercando a él hasta que su cara estaba a la altura de mi entrepierna y con tres palabras pude dar la mejor orden del día. “Tu lengua, ahora”.
Sentir su lengua mientras veía como se masturbaba con mis bragas me dio el mejor de los orgasmos, poco a poco fui bajando hasta ponerme de rodillas frente a él para poder sentir su verga tan dura en la entrada de mi vagina, la humedad de mi orgasmo y su lengua hacía que fuera mucho más fácil la entrada, conforme bajaba sentía centímetro a centímetro como abría paso para entrar de lleno y así poderlo montar a mi antojo. Me encantaba sentirlo, sus manos apretando mis nalgas y su barba en mi cuello. Él siempre me llevaba al cielo con la forma de cogerme y hoy me sentía llena de poder y de pronto…
- Quiero verte coger con alguien más – dijo mientras me tomaba con más fuerza
- ¿Perdón? – dije entre quejidos y queriendo retomar el aire
- Quiero verte coger con alguien más, como la domina de hoy.
- Eso es solo un montaje -. Dije tratando de disimular que a mí también me había prendido
- Pues yo lo quiero en la vida real, es más quiero ser parte, quiero tocarte mientras otro te coge, quiero que te entregues a ambos, quiero que nos vean coger, quiero que pasen su mano, su boca, su verga por todo esto – Decía mientras me quitaba el vestido y pasaba sus manos por mis pechos y mi espalda para desabrochar mi bra.
- Pero baby – no podía decir nada, mi mente me daba vueltas y él me estaba cogiendo como nunca
- Piénsalo, tendrías dos hombres a tus pies dándote placer, estaríamos a tu merced para hacer lo que necesitas
- Pero… - definitivamente no sabía que decir, el simple hecho de pensarlo me ponía más caliente y él lo sabía… mi humedad estaba mojándonos todas las piernas.
- Sé que lo quieres, yo también lo quiero. Estamos los dos en esto, nadie más, quiero complacerte, quiero compartirte, quiero verlo, sentirlo, saber que te follan tan rico como yo, saber que me piensas cuando tienes la verga de otro dentro de ti… - cada palabra venía con estocadas más duras y precisas que me estaban llevando a un orgasmo casi casi místico.
- Pufff, sería delicioso – Alcancé a decir entre quejidos
- Anda nena, quiero disfrutarte de mil maneras más – dijo mientras me daba el mejor de los orgasmos.
Caímos los dos al piso, ahí en la entrada del apartamento, con un orgasmo que nos robó todo el aliento… un leve suspiro salió de mí diciendo un suave “Sí”.
Lo volvimos a platicar un par de veces y cada vez terminaba con orgasmos monumentales. Y al parecer él lo tomo muy enserio cuando descubrió al hombre perfecto durante las entrevistas a las nuevas vacantes… eso nos traía a la realidad del video llamado.
- ¿De eso se trata todo esto? – Dije queriendo parecer ofendida, aunque al saberme con la oportunidad de sabrosearme a este adonis hizo que algo palpitara entre mis piernas, sentía como la humedad se acumulaba, pero creí preciso no demostrarlo… aún.
- No solo de eso, Rod tiene un excelente historial, y nos será de mucha ayuda en la empresa, pero al verlo me di cuenta que podría ser genial para nosotros. Platíquenlo y me dices.
- Jonh, espera… esto no debe ser parte de la empresa.
- Ya he firmado un acuerdo de confidencialidad – dijo Rodrigo tratando de mediar lo que parecía una discusión de pareja.
- ¿Es en serio? – Dije en un tono extremadamente bajo, sin dudarlo ambos hombres bajaron la cabeza y susurraron un “lo siento”. – Voy a salir a fumar, y más tarde hablare con ambos por separado.
Fue lo último que dije antes de salir de la oficina más excitada que nunca, el hombre a quien amo y me vuelve loca se había tomado la molestia de elegir el hombre para mí, y me conocía a la perfección, sabía qué tipo de hombre me podía poner tan caliente como estaba y aparte de todo me protegía con acuerdos, con platicas… con un sexo diferente y consensuado.
En cierto momento Rodrigo estaba parado en la puerta de la oficina de Jonh, todas y cada una de las chicas que trabajaban ahí ya habían pasado a saludarlo, todas buscándole la cara y él solo me miraba a mí y me prendía en cada segundo.
Mientras tomaba la última llamada de la noche él pasó con un café en la mano tan caliente que humeaba, su olor llegó hasta mí y solo tape un segundo la bocina para decirle “Quiero”. En ese momento se dio la vuelta, lo puso en mi escritorio y muy bajito dijo “lo que me pidas, para eso estoy” guiñó el ojo y fue por otro café para él.
A la salida pasó por mí. Tomó mi abrigo y me ayudó a ponérmelo, caminamos juntos a mi carro y me pidió manejar al apartamento de mi novio. En el camino me comentó de sus reuniones, de qué tanto habían hablado, de su experiencia en el trabajo e incluso algunas de sus experiencias sexuales.
Al llegar el portero me saludo como siempre, eufórico y un tanto cariñoso… y a él lo saludo por su nombre, respetuoso, lo que me hizo darme cuenta que él ya había estado ahí antes, eso me dio tranquilidad.
- ¿Te sirvo algo de tomar? – me dijo mientras ponía sus cosas en una silla del comedor.
- ¿Sabes dónde está la cantina? – pregunté queriendo asegurarme de mis sospechas.
- Sí, he venido unas cuantas veces, Jonh dijo que me quería conocer mejor antes de que te pudiera conocer.
- ¿Qué te contó de mí?
- Eso se queda entre él y yo… ¿te sirvo un mezcal?
- Jajajaja, ¿un mezcal?
- Hoy no estamos para vino… ¿o sí?
- Bueno venga, un mezcal. Hay cervezas en el refri, ¿me puedes abrir una por favor?
- Creo que no tienes mucha experiencia en ser domina, ¿cierto?
- No, mi único encuentro fue el día de la demostración, ¿tú?
- Yo sí, hace unos meses fui sumiso de una, ella era radiante y sexy pero se mudó de la ciudad y lo nuestro terminó.
- ¿Y cómo es?
- ¿El qué?
- Estar al servicio de una domina.
- Es lo más sexy, al menos para mí. Imagina que tienes a un hombre dispuesto a complacerte, a servirte y darte lo que necesitas para cubrir tus necesidades sexuales – lo decía mientras caminaba entre la cantina, sirviéndonos un mezcal. Abrió un par de cervezas y las sirvió en vasos iguales para llevarlos hasta la barra donde estaba sentada.
- ¿Qué tipo de necesidades? – pregunté más nerviosa de lo que esperaba
- Te puedo ayudar con tus zapatos – dijo mientras me tocaba la pierna y bajaba su mano hasta llegar a la orilla de mi zapatilla.
Su mano ardía, era tan masculina, tan grande, tan fuerte… que mi mente comenzó a volar para imaginar la forma en que este hombre me podría follar.
- ¡Salud! – solo alcancé a decir en medio de un suspiro y le di el primer trago al mezcal sintiendo como el sabor se quedaba en mi lengua, dejando un calor a medida que avanzaba y su olor me hacía disfrutarlo un poco más.
- ¿Quieres algo más? – Decía mientras me quitaba la segunda zapatilla y pasaba sus dedos masajeando mis pies.
El placer de sentir lo caliente de sus manos y la sensación que dejaban sus dedos a su paso me encantaba. Su olor me llegaba hasta el cerebro y seducía algo muy interno en mí, tenía una voz de hombre, gruesa, varonil. Todo de él me gustaba. Y pensar que estábamos en el apartamento de mi novio le daba un toque kinky que comenzaba a mojarme mis bragas.
Uno, dos, tres… cuatro mezcales después y un poco de música de Jimmie Vaugham estaba poniendo el ambiente perfecto para caer en la tentación. Poco a poco se acercaba a mí, me hablaba al oído y me comenzaba a contar innumerables formas en las que me haría suya empezando en los bancos altos donde estábamos sentados, para después subirme a la barra de la cocina y ahí abrirme de piernas para pasar su lengua y probar de mi humedad.
Poco a poco me sentía más caliente y solo le bastó levantar un poco mi barbilla para que llegara el primer beso. Caliente, húmedo y perfecto. Sus labios bailaban con los míos, sus dientes rozaban de una forma suave mis labios y dejaban un hormigueo maravilloso.
Sus manos bajaron hasta mi cuello y en un segundo se separó de mí y me dijo:
- Pídeme lo que quieras.
- Desnúdame – dije sin pensar en nada más. Sabía que en cualquier momento Jonh cruzaría esa puerta y eso me excitaba aún más.
- Lo que usted me pida.
Y sus manos comenzaron a desabrochar mi blusa mientras el besaba mi cuello y bajaba lentamente a mis pechos. Mis manos disfrutaban de la textura de su cabello casi rapado debajo de su cabeza y su cabello largo después, ese contraste me encantaba.
Su lengua comenzó a dibujar pequeños círculos en el pezón derecho mientras pellizcaba lentamente el izquierdo, y yo misma le ayudé a quitarme el sostén para que tuviera acceso directo a ellos.
Al tenerlos duros y perfectos los dejó por un momento para ayudarme a bajar del banco y así desabrochar mi falda…su boca seguía torturando mis pezones uno a uno sin piedad.
Cuando bajó el cierre de mi falda está cayó al piso y ahí estaba yo, en tanga solamente frente a un adonis perfectamente vestido que olía delicioso, al cual pude ver perfecto como se ponía de rodillas ante mí para bajar centímetro a centímetro mi tanga quemando todo a su paso con esas manos geniales y después mirarme desde abajo como si me pidiera permiso para algo más. Con un gesto vago pude decir que sí.
Una sonrisa de medio lado me hizo gemir más de lo que hubiera pensado y sus manos me recargaron en mi silla alta para poder subir mi pierna derecha en ella y así darme el primer lengüetazo que me hizo arquear la espalda y soltar tal quejido de placer que él interpreto perfecto para chupar y morder a su antojo.
El placer era sublime, sabía ocupar su lengua y sus manos a la perfección, ahí hincado ante mí.
- Quiero verte desnudo – dije, cuando él tomó un segundo para respirar.
- ¿Cómo se dice? – contestó en un tono un poco retador
- ¡Ahora, gusano! – dije sin más.
Sus ojos brillaron y en un segundo se puso de pie, mientras yo me sentaba bien en la silla para ver el show. El saco negro lo dejo perfectamente acomodado en la silla junto a mí. Sus zapatos los acomodó en el piso y se quitó la corbata tan lento que imagine pasar esa pedazo de seda por sus muñecas para amarrarlo y hacerlo mío cuantas veces quisiera, mientras pensaba esto la corbata cayó al suelo y comenzó a desabrochar uno a uno los botones de su camisa. Al desabrochar los botones de sus muñecas la camisa fue a dar al suelo y ahí estaba un hombre perfecto con un pantalón negro ajustado y un cinturón abierto que se me antojaba quitar para descubrir el tesoro final.
En vez de eso comencé a pasar mis manos por mis pechos, poco a poco sintiendo como mis pezones reaccionaban a mi tacto y a la maravillosa vista que tenía, mi mano derecha bajó un poco más y llegó a sentir mi humedad. Mis dedos comenzaron a jugar con mi clítoris al paso que yo gemía más y más.
Este hombre se tomó el tiempo que quiso en sacar el cinturón de su pantalón y bajar su bragueta lentamente hasta que pude descubrir un par de boxers ajustados que sostenían una verga tan dura y preparada para mí que me hizo tocarme cada vez más rápido, más descarada para él.
Al bajarse los boxers se acercó a mí y se plantó entre mis piernas para rozar su verga en mi humedad, de arriba para abajo, una y otra vez.
Puso sus manos en mi cabello y antes de darme un beso, en un pequeño suspiro dijo “¿puedo?”.
Yo misma pasé mis manos por sus nalgas, tan duras y perfectas que fue un deleite acercarlas a mí para sentir como entraba poco a poco abriendo todo a su paso. Su calor y su textura eran perfectos y al besarme me deje ir por completo para que me cogiera a su antojo.
Después de un par de estocadas me estaba dando el mejor de los orgasmos, pero él seguía duro pidiéndome más.
Yo sentía que caía en pedazos y que gotas de mi humedad caían hasta la silla donde estaba, así que con un gesto le pedí ir al sofá, donde curiosamente a Jonh le encantaba ver sus series favoritas.
El solo hecho de pensar en eso me encendió de nuevo mientras sentía dentro de mí la verga de un hombre que no era él.
Me tomó de las nalgas y me cargó hasta que se sentó él para queda sobre él y poderlo cabalgar a mi antojo. Yo me movía deliciosamente, de arriba abajo sosteniéndome de sus hombros o de su cabello, viendo esa sonrisa perfecta. Era todo tan delicioso que no supe en que momento abrieron la puerta.
Quizá ya llevaba tiempo ahí, porque solo fui consciente de ello cuando una boca ajena comenzó a besar mi cuello.
El beso me sobresaltó, pero Rodrigo me tomó de la cadera y siguió embistiéndome, al mismo ritmo, pero la sorpresa de sentir a mi novio, el calor que expedía su cuerpo… ¿desnudo?
Poco a poco fui dejándome llevar por el calor de sentir su pecho en mi espalda mientras tocaba mis senos por detrás y besaba mi cuello.
Rod en ningún momento detuvo las estocadas y eso me calentaba demasiado. Cuatro manos tocándome, dos en mis pechos torturando de una forma deliciosa mis pezones y otros dos clavándose en mi cadera marcando el ritmo de las embestidas. Mis manos estaban en la cabeza de Jonh acercándolo totalmente a mi cuello.
- Te extrañaba tanto mi vida – dijo él entre jadeos
- ¿Estás bien? – pregunté buscando la posibilidad de verlo a la cara, pero todo pasaba muy rápido.
- ¿Quieres ver cómo estoy?
- ¡Sí!
Con un ligero manotazo que Jonhy le dio a Rod en la pierna este paró de pronto y en un movimiento que no me esperaba me bajó para darme la vuelta y ponerme de pie frente a frente con mi novio. Un beso caliente y apasionado me sorprendió al estar ahí.
Sus labios se fusionaron con los míos y me besó con hambre, con ganas de más. Y cuando me tenía jadeando sentí de nuevo las manos de Rod que me sentaba sobre su verga. Conforme bajaba para yo misma meterme ese falo duro entre las piernas, iba besando todo a mi paso en el cuerpo de ese hombre que tanto amo.
Al sentir totalmente dentro a Rod pudo llegar mi boca a la verga de Jonhy, sus manos se posaron en mi cabeza y mi felación iba a la misma velocidad que las embestidas que me daba con Rod. No estaba segura de quien era el que llevaba el ritmo, quizá era la canción que sonaba de fondo en la habitación. Nine Inch Nails con la mejor actitud cantando “closer”.
Rod, me inclinó un poco más y comenzó a jugar con mi ano, poco a poco. Mezclando un poco de saliva y mi humedad para meter un dedo, poco tiempo después dos y así darme el segundo orgasmo de la noche.
Yo gritaba y gemía mientras Jonhy me pasaba su verga por los pechos y Rod no paraba con su movimiento. Poco a poco fuimos parando hasta que de plano quedamos los tres inmóviles, yo de espalda a Rod aun sintiendo su verga dentro de mí.
- Hola Muñeca – dijo mi novio mientras sudaba frente a mí.
- Hola amor – dije con una sonrisa pícara sintiendo como la verga de Rod de repente se movía.
- Rod, ¿cómo vamos man? – dijo Jonhy mientras lo veía sobre mi hombro.
- Todo bien – contestó mientras me ponía de pie.
- ¿Un mezcal? – dijo Jonh mientras caminaba a la barra seguido de nosotros dos.
Servimos tres mezcales y tres cervezas y brindamos como si fuera lo más común de la vida.
- ¿Estás bien? – Me dijo Jonhy mirándome a los ojos.
- Sí, ¿y tú? – en ese momento parecía que solo estábamos nosotros dos.
- Perfecto, mira – dijo mientras daba un manotazo a su verga que estaba tan dura que me apuntaba perfecto.
- Rod, ¿cómo vas man? – Jonh realmente se preocupaba de llevar bien la situación.
- Sin pedos bro – contestó brindando con nosotros.
Los tres levantamos las copas y bebimos un par de mezcales más. Más animados y con la música de Cigarettes After Sex (muy atinado playlist escogimos) Jonh se acercó a mí y lentamente me comenzó a besar, sus manos me sostenían del cuello y de la cara y poco a poco me empujaba hacía atrás. Dos pasos atrás me topé con un par de manos que rodeaban mi cintura y llegaban hasta mi pecho mientras otra boca me besaba mis hombros y mi espalda.
Eso era sexy, hedonista, prohibido, inmoral y absolutamente delicioso. Sus manos me daban placer por todos lados, mientras uno me besaba el otro mordía y yo ardía de placer.
Rod estaba perfectamente sentado en su silla cuando me cargó y poco a poco comenzó a entrar por mi culo. Lento, con mucho cuidado me bajaba lentamente al paso que su verga abría paso para entrar por completo, se tomó el tiempo necesario para hacerlo.
Jonhy me acompañaba mientras me lo metía más y más. Mis quejidos eran por los besos de ambos, por cuatro manos tocándome y por los cuidados que ambos ponían en mí.
Al tenerlo totalmente dentro de mí lo movía suavemente, de arriba abajo, mientras que pasaba un dedo por mi clítoris y me hacía mojarme más y más. En cierto punto, Jonh levantó mis piernas y entró muy despacio. Mientras Rod se quedaba tan quieto que podía sentir como temblaba ante la sensación de que mi culo apretaba su verga y él no se podía mover. Lo imaginé sudando como yo.
Sentía dos hombres al mismo tiempo, ambos cuidándome, ambos dándome placer.
Al entrar por completo, comenzaron a moverse y ahí se desató la locura. Lo sentía por todo mi cuerpo, el calor aumentaba, mi cabeza daba vueltas… no era consciente quién me besaba qué, solo sé que los sentía en todo mi cuerpo. Mientras uno salía él otro entraba y yo me perdía en el placer, eso dolía deliciosamente, me llevaban al cielo o al infierno ¿qué se yo?, solo me entregué a ellos, al placer, a mis fantasías, a mí.
Una y mil veces se movieron, chuparon y mordieron hasta que los tres terminamos en semejantes orgasmos que nos dejaron agotados. Ambos pasaron por mi culo, ambos terminaron en mí y ambos eran míos. Hoy más que nunca.
Terminamos los tres cansados y sedientos, pero llenos de vida. Ese había sido el mejor sexo de toda mi vida y lo mejor es que esta aventura apenas comenzaba.




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