
Mi cita con un señor Misterioso
- Lilhy Camacho

- 22 nov 2020
- 13 Min. de lectura
Siéntate, por favor… ponte cómodo. Quiero que te imagines lo que estoy apunto de contarte.
Pensarás que solo es una historia más, una conquista nueva. En teoría podría serlo, pero esta vez le llamaremos “El día que me follaron épicamente". Cada segundo que pasé en sus manos me hizo sentir cosas que jamás había sentido.
Te pondré un poco en contexto… Después de pasar días de muchísimo trabajo y estrés en mi vida, mi hermana y yo decidimos que necesitábamos un break, una noche de chicas. Un bar, un Spa, una meditación solía ser nuestras salidas de escape, pero por distintas razones ahora no nos apetecía eso. Ambas buscábamos algo diferente.
En búsqueda de un poco de emoción descubrimos que cierta obra de teatro estaba de moda una vez más… “Monólogos de la vagina”. Nada mejor que escuchar a mujeres hablando de los problemas que a todas nos atacan con un toque de humor. Justo eso necesitábamos, así que sin pensarlo dos veces conseguimos un par de boletos para la función del jueves a las 8 p.m.
Como siempre ella llegó unos minutos antes que yo, esa perfecta puntualidad que se contrapone con mi habilidad de perderme en la ciudad. Así que no le quedo de otra más que esperarme en el bar, pedir un trago y ver su teléfono.
Al llegar la busqué por todos lados, y justo en medio de dos mesas ruidosas estaba ahí, esperando por mí. Me acerqué lentamente y la veía concentrada en su teléfono, seguro estaba trabajando todavía. Mientras me reía de esa idea algo llamó mi atención en la mesa de atrás… un hombre que le hablaba a la mesera para pedirle el siguiente trago.
Parecía un pavo real, haciendo demasiado circo para que todos lo vean. Pantalón negro sumamente ajustado, una camisa negra con los primeros botones desabrochados (enseñando el pelo en pecho y una cadena que brillaba más que mi carrera como artista) resaltaba a primera vista. Si lo observaba bien podías darte cuenta del reloj que traía, más caro que mi carrera universitaria y para rematar un tono de voz de rico que se escuchaba en todo el lugar.
- Mami, dos más para acá. Por fa preciosa. – le decía a la mesera
- ¿Algo más corazón? – preguntó ella pensando en la jugosa propina que le dejaría, si no es que incluso un poco más… era el sugar daddy perfecto, eso hasta yo lo sabía.
- No mi vida, gracias. Ya vi lo que quiero – contestó mientras me veía caminar en dirección a él con una sonrisa en los labios, decidida y feliz.
Sus ojos se abrían más en medida en que me acercaba y yo no apartaba la mirada, podía ver como sentía que con esas 5 palabras yo caía rendida a sus pies, y mi sonrisa era de una niña traviesa, que sabe que algo malo va hacer y lo disfruta desde mucho antes.
Todo parecía en cámara lenta… él me veía, me deseaba. Incluso, caminé más recta sabiendo que el escote de mi blusa verde era de infarto, lo miraba y sonreía y tres pasos antes de llegar a su mesa toqué el hombro de mi hermana y nos fundimos en un abrazo lleno de amor. Y ahí estaba mi travesura, hombres así me dan hueva.
Me senté con ella y comenzamos a platicar, cuando pedí una cerveza la mesera me la llevó con el mensaje: “El caballero de allá invita esta ronda". Era claro que era un cazador y que buscaría todas las alternativas.
Cuando voltee a verlo noté de reojo cómo le decía algo a su compañero de mesa, imagino que se pavoneaba por su victoria, no sé. Solo fui consciente de que en el momento que vi a su compañero todo dejó de importar.
Un hombre maduro, discreto… guapo. Con unos ojos grandes y divertidos que me veían con un poco de pesar imaginando que yo era la nueva presa de su amigo. Su sonrisa, Dioses esa sonrisa… tan segura, tan madura, tan clavada en mí.
Sentí como me recorría poco a poco con la mirada, lugar donde ponía la vista por inercia pasaba mis dedos deseando que fuera él.
Una barba perfectamente delineada era el marco perfecto para su sonrisa. Una camisa azul, perfectamente planchada (y abrochada) le ajustaba perfectamente, las mangas dobladas y una simple pulsera roja en la mano. Él no necesitaba tanta atención, su simple presencia imponía.
Mientras lo analizaba mi hermana me trajo de vuelta a este plano con un mal chiste, la risa salió desde mi corazón… ella conseguía eso. Poco a poco me fui olvidando de ese hombre que hacía que mi temperatura aumentara.
Faltaban 20 minutos para iniciar la obra y yo ya iba por la segunda cerveza cuando el pavo Real se acercó a la mesa.
- Hola hermosuras, ¿cómo se llaman? – dijo con más seguridad de lo que imaginé.
- Yo soy Lilhy, te presento a mi hermana – dije cordialmente sabiendo que ella sabría que hacer
- Yo soy Carlos, mucho gusto. Él es Luis – mientras se acercaba a saludar de beso a mi hermana yo pude conocerlo al fin.
- Hola – solo eso pude decir… mi gran mente creativa se apaga en lo peores momentos.
- ¿Te puedo decir algo? – me preguntó mientras se acercaba a saludarme y me lo decía muy cerca de mi oído, como un secreto.
- Por favor – mi mente seguía sin responder, solo me perdía en su aroma, tan rico, a madera a hombre.
- Me intriga una mujer que tiene la seguridad que tu tienes… más porque eres una niña. O bueno, no.. – dijo mientras se perdía descaradamente en mi escote – Sabes que puedes traer a cualquier hombre, incluso a alguien más grande que tú.
Escucharlo de su voz, tan cerca de mí me encantó, tenía el punto exacto donde me podría perder. Al verlo de cerca juraría que la diferencia de edad estaba muy marcada.
Hablamos un poco más, seduciendonos en todo momento, hasta que me pidió mi teléfono, sin dudarlo se lo di y como era de esperarse mi hermana y su cordialidad supo que hacer con el amigo ruidoso.
Al entrar a la obra nos perdimos cada quien en su lugar. Y así comenzamos.
Tras la primera media hora y después de un chiste de un humor muy negro donde solo pocas personas se rieron (yo entre ellas) recibí un mensaje.
“No puedo dejar de verte".
Un número desconocido, y su foto de perfil solo había un ojo detrás de un lente. Recuerdo que pensé que era interesante eso… ¿Por qué lo haría si él es guapo? Muy guapo de hecho.
“Pon atención a la obra" - contesté.
¿Era en serio que nos mensajeabamos durante la función?
“Esta es la tercera vez que vengo, y hasta ahora me pareces más intrigante tú de lo que puedan decir ellas".
Wow, cuando vibró mi teléfono mi corazón se detuvo, pero al leer eso ahora iba a mil por hora. Me empezaba a dar calor, mi temperatura poco a poco aumentó al mismo tiempo que mis pezones se ponían duros.
“Pues para mí es la primera vez, por favor déjame un bonito recuerdo".
Seguido de un sticker de guiño y en mi cara una sonrisa traviesa.
“Por mi encantado, ¿tienes que llegar temprano a casa?”.
Y ahí estaba la propuesta…
“Claro, además vengo acompañada”.
Estaba más nerviosa de lo que quería aceptar.
“Esperare por ti, disfruta esta noche”.
Y así terminamos nuestra conversación de ese día. La función terminó y ya no hablamos más esa noche.
Paso uno, dos y tres días y yo no dejaba de pensar en él. Era la primera vez que alguien de su edad se presentaba con la posibilidad de algo más. Conocía mi situación amorosa, imaginaba la de él.
A su edad o tienen un matrimonio estructurado o de plano viven la vida sin compromisos. Conocerlo me intrigaba, saber quién era y qué quería de mí me hacía darle mil vueltas en mi cabeza. Después de horas de pensarlo y en un arranque de valor le mande un mensaje.
“Buenos días señor Misterioso ¿ya me va a contar de usted?”
Los mensajes que vinieron a continuación me dieron tranquilidad, porque se notaba su emoción al conocerme, eso me quitaba el sentimiento de la niña chiquita que quiere llamar la atención. Esto era mutuo y ahora se me antojaba aún más.
Él era súper directo, le bastaron 15 mensajes para invitarme tomar un café y a mi parecer le sobraron 12. Yo estaba más que lista.
La cita estaba pactada, después de la oficina pasaría por mí para ir a tomar algo. Estaba nerviosa, ansiosa, feliz, eufórica… no sé, era demasiadas emociones. Los minutos pasaban lentamente y yo moría por verlo de nuevo. Darme cuenta que no era un producto de mi imaginación.
Dos minutos antes de salir me miré una vez más en el espejo. Y me sentía una niña tratando de impresionar a un señor. Mi look: pantalón negro roto de las piernas, una blusa negra (sin chiste) y un saco café. Amaba ir así a la oficina, de hecho, amo ir así por la vida. Mi cabello era unos chinos indomables y ni siquiera de los lindos y mis ojeras las cubría unos lentes de sol.
El desastre perfecto intentando estar a la altura de un hombre mayor. Aún así me puse un poco más de mi labial favorito, despeine un poco más mi cabello y salí de ahí con una sonrisa. Bajé el elevador cantando la canción que sonaba en mis audífonos. Madona alegrando mi día como siempre. Al salir del edificio estaba de pie recargado en su carro, una camisa negra que le quedaba perfecta y su perfume inundaba mi nariz.
Mientras me acercaba le sonreía y cantaba a lo bajito.
Dos pasos antes de llegar a mi dijo: “¿Madona? ¿Es en serio?”. Al parecer mi música estaba muy fuerte. Solo le sonreí y nos fundimos en un abrazo magistral.
Puso sus manos sobre mis hombros y me acercó a él, mis manos rodearon su espalda y pude sentir el latido de su corazón, su calor y una seguridad extraña. Eso era nuevo.
- Me da gusto verte de nuevo – dijo con una sonrisa sincera.
- A mí también - contesté mirándolo a los ojos desde esos 15 cms que nos separaban.
- ¿Vamos por un café? – me dijo con toda calma.
- ¿Lo puedo cambiar por un helado o un frappe? – dije más nerviosa de lo que esperaba.
- Niña, lo que tu quieras – dijo mientras cerraba la puerta del auto después de que me sentara en mi asiento.
Era curioso, yo no me sentía como una niña, es más en mi día a día era lo que se puede llamar un adulto responsable, pero este hombre con tan solo 5 palabras me volvía una niña, literalmente.
Llegamos a una cafetería hermosa, coqueta y discreta. Con privados donde podías platicar y coquetear sin ser molestado. El pidió un espresso con leche de almendra y yo un frappe de matcha. Cuando nos trajeron las bebidas me dijo que mi bebida parecía un zombie. Y yo no podía más de la risa.
La platica fluía, nos empezábamos a conocer… él era inteligente e intuitivo. Leía mis movimientos, mis gestos, mis respuestas. La diferencia de edades por momentos se notaba cuando le contaba algunas aventuras de mi vida, pero cuando la cosa se ponía seria podíamos platicar de tú a tú, como iguales. Había temas y puntos de vista en común, algunos dicen que tengo un alma vieja lo cual me hace adaptarme a cualquier situación, aquí lo podía sentir así.
Dos horas más tarde pidió la cuenta y pagó. Mientras salíamos de ese lugar tomó mi mano… un gesto raro e inesperado. Al voltear a verlo un par de labios perfectos impactaron mi boca, sus manos subieron de mi cuello a mi nuca y me acercó a él. No lo podía creer, era un par de labios que bailaban con los míos, su barba me dejaba un cosquilleo y de pronto su lengua acarició mis labios, con eso le di entraba a mi boca por completo. Nos acercamos más y podía sentir su corazón latiendo al mismo ritmo que el mío. Inconscientemente lo sujete de su cinturón hasta sentir el roce de su verga, y un suave gemido salió de mí.
Me soltó poco a poco y con una mano movió mi cabello para mirarme fijamente a los ojos.
- Esos ojos me encantan, jamás me cansaría de verlos.
Una frase cursi y tranquila después de hacer latir mi corazón me descontroló. No supe qué decir o hacer. Yo estaba perdida en su mirada y en esas suaves arrugas que se le hacían en sus ojos. Su perfume me embriagaba y su respiración era tan agitada como la mía. Aún así sus palabras fueron suaves, podría decir cursis.
- ¿Vamos a mi departamento? – dijo mientras acercaba de nuevo sus labios a los míos. Un beso suave, marcando la pregunta.
- Sí
No había más que decir… los dos queríamos. Como adultos responsables éramos libres de hacer lo que nos viniera en gana. 20 minutos en carro y llegamos a un edificio ultra moderno e inteligente.
El ascensor nos dejó dentro de su departamento después de que puso un código en el tablero. Al abrirse las puertas quedé impactada, un departamento de hombre con un aroma a cítrico que inundaba mi nariz. De lado derecho una cantina con sus bebidas perfectamente acomodadas. Un poco más adelante un comedor genial. Había una sala que pedía a gritos sentarme o quizá acostarme y sentir su suavidad. La pantalla parecía una sala de cine y fue ahí donde caí en cuenta que estaba con un cazador en toda esencia.
Un hombre maduro con un departamento así ha de tener a cientos de chicas detrás de él, mi inseguridad dio un chispazo y me dieron ganas de salir corriendo… yo no quería ser una más en su lista.
Pero lo veía y me encantaba… ahí estaba una disyuntiva para mí.
Mi corazón estaba agitado y mi mente me daba vueltas, era euforia, quizá un poco de miedo a no estar a su altura… y mil cosas más pasaban por mi mente. Pasé al baño a refrescarme y pensar un poco la situación.
Mientras estaba ahí dentro comenzó a sonar música afuera, Nina Simone llenaba la habitación con su voz, su dulzura y esa chispa ardiente que tiene. Comencé a cantar y bailar mientras lavaba mis manos y retocaba mi labial, ya estaba ahí, tenía que disfrutar. A fin de cuentas él y yo sabíamos lo que hacíamos.
Al salir una copa de vino me esperaba sobre la mesa. El estaba contestando unos mensajes distraído y mientras caminaba hacia él me recordó la primera vez que lo vi, tan seguro y divertido con su amigo. Y vi el entorno, y me vi en su departamento caminando en tenis y un cabello rojo alborotado. Y sonreí.
Al llegar con él lo abracé del cuello y su risa fue natural, sincera. Levantó las manos y me tomó del cabello y me besó. Un beso caliente y ardiente, uno que hizo que algo entre mis piernas palpitara y poco a poco se humedeciera.
Di medio paso a un lado y me instaló entre sus piernas, la silla alta del comedor lo ponía en la altura perfecta para besarlo. Por este momento él era mío, no importaba quien había pasado por ahí antes… y analizando un poco la situación me di cuenta que cuando yo nací el probablemente ya habría tenido un par de amores en su vida. Era una pérdida de tiempo pensar en eso.
Cuando yo pensaba en las chicas afortunadas el aprovechaba para meter sus manos debajo de mi blusa y al colarse por mi sostén para traerme a una realidad ardiente. Pude sentir perfectamente como mis pezones respondían a él, se ponían duros a su tacto. Por inercia levanté los brazos y él sacó la blusa por mi cabeza. El bra que tenía ese día me marcaba unas tetas perfectas, él lo notó y se perdió besando mi cuello, bajando poco que poco hasta llegar a ellas. Y se levantó de la silla.
Uno, dos, tres pasos detrás y brasier cayó en alguna parte de la sala mientras comenzaba a desabrochar mi pantalón. Al llegar a la habitación él acariciaba mis nalgas dentro del pantalón y era la jodida gloria, él sabía lo que hacía. Era hábil, delicado, encantador.
Me sentó en la cama y estando de pie frente a mí, decidí abrir su pantalón, bajar sus boxers y poder probar su tan anhelada verga. Una perla sobresalía de la punta y al pasar me lengua ahí su gemido fue glorioso, y su sabor aún más. Su textura era suave, el calor que desprendía era mi perdición. Poco a poco bajé a chupar cada centímetro, y al meterlo hasta la garganta su gemido era de placer puro. Tenía las piernas firmes y su espalda recta, los ojos cerrados y en ese momento yo era dueña de su placer. Nadie más.
Me soltó y fue el momento perfecto para quitarme los tenis y mi pantalón, estaba por llegar a mi tanga cuando me dijo “¿puedo?” y comenzó a besarme desde el cuello y bajó a mis tetas, un poco después a mi estómago hasta llegar al resorte de mi tanga y al bajarlo poco a poco me besó justo entre las piernas.
Mi humedad era la señal de que lo hacía perfecto. Su lengua tenía una maestría en llevarme al cielo y junto a dos dedos me regaló el mejor orgasmo de mi vida. Ahí estaba yo, gimiendo y retorciéndome de placer mientras que se acercó a mi y besó con mi sabor en la boca. Eso era sublime.
Mientras me besaba entró lentamente en mí… poco a poco sentía como abría paso para instalarse muy dentro. Hasta el fondo. Cuando estuvo ahí se detuvo, me miró y dijo “pídemelo".
Mis ojos se abrieron y él entró un poco más y entendí que él no solo follaba mi cuerpo, también mi mente.
Lo hice y mientras le pedía que me cogiera movía mis caderas para que entrara y saliera de mí. Nos perdíamos en el placer, no había nada más, solo éramos él y yo. Lo disfrutaba como nunca. En cierto momento estando yo arriba de él descubrí que tenía un espejo de cuerpo completo justo enfrente de nosotros y veía claramente cómo lo follaba. Cómo lo hacía mío.
Verme disfrutar era nuevo, al menos para mí. Podía ver como entraba y salía al ritmo de mis movimientos, su cara de placer (junto con sus fabulosos sonidos) mi cabello alborotado tan rojo que le daba un toque místico a la situación, sus manos agarrando con fuerza mis nalgas… eso era el jodido cielo.
- Es mi turno de ver – dijo de pronto y me tomó por sorpresa.
- ¿Cómo lo quieres?
- A ti en cuatro por favor.
¿Por favor? ¿Era en serio? Por este hombre me pondría de cabeza si me lo pidiera, aunque probablemente no pueda, pero lo intentaría.
Mientras reía y me ponía justo como quería me levantó y en el oído me dijo “eres una Diosa" y me besó el hombro mientras entraba en mí para ponerme en cuatro y ahora ver él la forma tan sublime de poseerme.
Sus estocadas eran perfectas, me tocaba con delicadeza y a la vez entraba tan profundo que yo me sentía en el cielo y el infierno al mismo tiempo.
Mis gritos se fusionaban con sus gruñidos, hacía mucho calor, el placer era insoportable y ahí en medio de todo entre gruñidos dijo: “vamos nena". Y esa fue la señal perfecta para terminar con él de la mejor forma.
Nuestra respiración era inestable, yo sentía que todo se movía y de pronto caímos sobre las almohadas, al hacerlo él marcó mi cuerpo con su calor… me hacía sentir segura en todo momento y eso me fascinó.
- ¿Quieres tu vino?
- Aún no, déjame disfrutar de este momento.
- Cuando tú me digas.
Y hubo un silencio cómodo, por momentos cada quien veía a puntos diferentes y solo escuchaba su respiración y había paz, como nunca antes.
- ¿Qué esperas de esto? – me dijo más serio de lo que podría pensar.
- No puedo ni quiero tener una relación con nadie en este momento, pero me gustaría verte de nuevo… varias veces más.
- Por mí encantado, en el momento que quieras yo aquí estoy.
Y sí, eso era la verdad, en mi vida no cabe la posibilidad de tener algo y mucho menos con alguien tan mayor, con una realidad tan alejada a la mía. Pero se quedaba una puerta abierta.
La próxima vez que lo vea ten presente, querido lector que te contaré qué tal me va.




Comentarios