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Mi novio Lalo

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 29 jul 2020
  • 8 Min. de lectura



Llevaba días de estudiar para mi nuevo curso... libros, técnicas, videos y unas cuantas conversaciones del tema y me sentía lista para hacer mi presentación.

Faltaban solo unas horas y estaba muy nerviosa, el tráfico de la ciudad solo hacía que aumentara mi ansiedad, me empezaba a dar hambre y creí que jamás llegaría a ese lugar temido.


Una hora cuarenta y cinco minutos después, me estacioné en un lugar donde al bajar un charco mojó todo mi zapato. De la impresión mi café se derramó sobre mi blusa y no me quedó de otra que entrar al auto y cambiarme ahí. Total, ya iba tarde.

Entré con mi pantalón mojado, un suéter en lugar de blusa y una derrota anticipada. Definitivamente los nervios habían ganado.


La prueba comenzó, los primeros 30 minutos fueron para leer un ensayo y preparar los puntos para un debate que vendría después.


Curiosamente la lección era sobre la historia de la sexualidad, un tema que, por mucho, me encantaba.


El ensayo lo acabe en minutos, lo volví a leer mientras anotaba los puntos importantes y mis ideas respecto a ellos. Cuando sonó la campana estaba muchísimo más tranquila y un poco confiada.


El debate sería 1 a 1 frente a todos. 10 minutos para dar a conocer tu punto de vista respecto a eso.


Éramos 10 personas en el curso, 5 debates y una conclusión y con eso acabaría la hora destinada a la prueba.


Pusimos nuestro nombre en una tómbola y cada quien sacó uno. Los primeros 5 iban a escoger las parejas y los siguientes 5 las preguntas iniciales.


Lo divertido de tomar cursos como este es aprender de la interacción humana, con prueba así.


Uno a uno fuimos sacando los nombres, yo fui la 3a, es decir, me tocó sacar el nombre de la persona que sería mi oponente en el debate.


“Eduardo” decía en una muy bonita letra, siempre tuve la teoría de que los hombres tenían fea letra, pero en mis manos estaba la prueba de lo equivocada que estaba.


No lo conocía y nadie hizo ningún gesto de presentarse, así que me quedé con la duda de cuál de los chicos que estaba aquí iba a ser el indicado.


Antes de conocer las preguntas de partida teníamos que buscar nuestra pareja. Así que me puse de pie y dos segundos después me senté, cayendo en cuenta que ni siquiera sabía a quien buscar.


Justo me reía de mí misma cuando una mano en mi hombro me hizo saltar del susto y al voltear lo vi.


Solo un poco más alto que yo, una sonrisa bonita y unos ojos cafés que me veían con humor (supongo por el susto que me dio).


⁃ ¿Lilhy?

⁃ Si, esa mera soy yo

⁃ Hola, yo soy Eduardo

⁃ Hola, ¿cómo estás?

⁃ Ahora mucho mejor


Lo dijo mientras me mostraba una sonrisa de medio lado que confundí por un segundo.


⁃ Perfecto, ¿estás listo para empezar?

⁃ ¿Hablas de nuestra historia juntos?


No, no estaba confundida, este chico estaba coqueteando conmigo. Así que lo repase con la mirada, cada centímetro de su cara, sus ojos, su sonrisa, sus labios (muy besables por cierto) y bajé poco a poco la mirada... su pecho subía y bajaba, su panza se inflaba con cada respiración que se hacía más irregular cada vez y cuando estaba bajando más la mirada puso su libreta a la altura de su cintura y me dijo:


⁃ Solo era una broma

⁃ ¿El qué?

⁃ Nuestra historia juntos

⁃ O sea, ¿no quieres nada conmigo?

⁃ No

⁃ Ohh ok, sólo me ilusionas y luego me abandonas. Nunca creí que fueras esa clase de hombre, ¡qué equivocada estaba!


Dije en un tono muy dramático y me empecé a reír.


Él soltó una carcajada de esas que haces cuando no entiendes el chiste y luego se sentó frente a mí.


⁃ ¿Qué te pareció el ensayo? - preguntó educadamente

⁃ Interesante y muy educativo. ¿A ti?

⁃ Igual, creo que nuestros antepasados estaban muy kinkys

⁃ Cada generación viene con nuevos degeneres

⁃ Sip, así es. ¿A ti te gusta?

⁃ ¿El qué?

⁃ El degenere - lo dijo en un tono muy sincero, como si un niño chiquito lo preguntara.

⁃ Supongo que si... es lo que sazona la vida de vez en cuando

⁃ Eso dicen, yo soy más de ser de una sola mujer.


Su comentario me pareció dulce y tierno. Lo vi de nuevo con detenimiento y algo había en él que me parecía interesante.


⁃ ¿Tienes novia?

⁃ No, no me interesa tener algo ahorita

⁃ ¿No sales con nadie?

⁃ Nop, ahora me dedico a mi trabajo, mi carrera y este tipo de cursos que me enseñan muchas cosas

⁃ ¿Me aceptarías un café?


Ahí estaba yo siendo cazadora de este chico, que claramente me decía que no quería nada. Y yo cada vez estaba más interesada en él. Curiosamente, esta vez no lo quería en mi cama, o sea si, pero también lo quería en mi vida.

La prueba pasó perfecta, al salir pasamos por un café. Y descubrí que platicar con él era lo mejor de mi día.

Era divertido, creativo, honesto y súper sincero a la hora de hablar de temas importantes. Además me hacía reír como niña chiquita.


Al dejarme en mi carro se despidió de mí de un beso en la boca, abrió mi puerta y se fue.


Estuvimos hablando y saliendo por unas semanas, cada vez me tenía más loca por él. Su mente era fascinante, me hacía sentir tan mimada y consentida, que no podía dejar de pensar en él.

Para festejar el fin de ciclo decidimos irnos de campamento todo un fin de semana, lejos de la ciudad.


El sábado súper temprano pasó por mí y tomamos carretera. Nada me gustaba más que ir a su lado en el carro, poner música y cantar... reírme con él, sentir su mano en mi pierna, un gesto que en otro momento pudiera ser sexy, con él era un gesto seguro, cariñoso, tierno.


Llegamos a un lugar mágico, junto a un lago, armamos la casa de campaña, sacamos mil cosas del carro y nos dispusimos a disfrutar del atardecer.


Cada vez se sentía más frío. Poco a poco pasé de una camiseta a una playera, una sudadera, una chamarra y por último una cobija. Si de por sí soy friolenta, más ahí.


Teníamos una pequeña fogata que nos daba calor, aún así él y yo estábamos envueltos en la misma cobija.


Mientras veíamos el atardecer me la pasé tomando fotos, y él me tomó muchas a mi.


Hasta que nos tomamos una foto juntos, luego otra y otra... una besándonos, otra abrazados y nos volvimos a besar. Un beso que se extendía desde nuestro corazón. Era el lugar, el tiempo y la persona adecuada.


Lo sabíamos así que comenzamos a besarnos con más intensidad, y mi chamarra cayó al piso, después mi sudadera y eso nos sirvió para acostarnos junto a la fogata.

Poco a poco me quito mi ropa, cada beso era una oda a la pasión, a saberme deseada y querida. Yo fui quitándole la suya, su cuerpo me calentaba, me cubría y me protegía.

Besó mi cuello, mis pechos, mi estómago y fue bajando tan lentamente que hacía crecer mi hambre por él. Al sentir su boca entre mis piernas toque el cielo, lo sabía hacer muy bien.


Mientras yo seguía disfrutando de los últimos estragos de mi orgasmo, me dio la vuelta y entró en mí.


De golpe, sin dudarlo, haciéndome suya a su manera. Y yo aceptaba todo lo que me diera.


Entraba y salía una y otra vez de una forma tan deliciosa que me hacía estremecer... cada vez más fuerte, cada vez ardiente y con tres palabras me hizo suya.


“Termina conmigo nena”


Y ahí estaba yo cayendo a pedazos en sus manos con su Verga aún dura dentro de mí.


Poco a poco fue saliendo de mi cuerpo hasta que me acomodó y me abrazó para podernos cubrir con la misma cobija que había quedado junto a nosotros.

Y ahí estábamos los dos, junto a la fogata sintiéndonos plenos y satisfechos.


Nuestros cuerpos encajaban perfectamente y junto a él no sentía nada de frío. Platicamos por horas, hasta que la noche ya era muy oscura.


Las estrellas brillaban el lago era calmado y sus besos perfectos.


Esa noche tocó cada parte de mi cuerpo, me hizo suya como quizo y cuantas veces creyó necesario. Antes de dormir apagamos la fogata y entramos en la tienda. Ese lugar que se convirtiera en testigo de las cogidas más ardientes.


Probé su Verga, su calor, su entrega y sus finales felices... mi cuerpo quedó lleno de su esencia y su olor permanecía en mí. No le podía pedir nada más a la vida.

Al día siguiente paseamos un poco antes de regresar a casa, al recoger todo y meter todo al carro, este fue un lugar que disfrutamos unas cuantas veces más.


Este hombre no tenía paz y lograba que cada vez fuera especial y sexy.


De regreso a casa pasamos a cenar y me llevó a mi casa. Al entrar le invité un café, acepto con una condición: “¿nos podemos dar un baño?


Claro que le dije que si.


Entramos directo a mi habitación y de ahí al baño. Abrí la regadera y el cuarto de empezó a llenar de vapor.


Poco a poco me quito mi ropa, no me dejó tocarlo mientras lo hacía. Al terminar tomó mi pelo fuertemente en su mano y lo jaló para darle acceso a mi cuello. Los besos parecían mordidas, cada vez más intensos...


Con su otra mano acariciaba y masajeaba mi pecho poniendo duros mis pezones. Esto me gustaba mucho más. Fue bajando su mano y sin dudarlo fue a tocar mi clítoris.


Mis gemidos aumentaban, mi cuerpo sudaba y cada vez jalaba más mi cabello.

Así me puso de rodillas, sólo bajó su cierre y sacó su Verga que ya estaba dura por mi, al momento de querer ir a probarla un nuevo jalón me detuvo.


⁃ Es cuando yo quiera

⁃ Ok


¡Zaz! Un manotazo en mi pecho que me hacía saltar llegó de pronto.


⁃ ¿Cómo dijiste?

⁃ Si señor

⁃ Buena niña, abre la boca


Y así lo hice, el pecho me ardía, mi cabello me lo seguía jalando y el vapor se acumulaba... pero yo estaba ahí en espera de probar su Verga.


Y así entró, primero despacio... después me folló la boca como quiso, él mandaba y yo complacía.


Cuando lo sentía tan duro y tan mío lo sacó de mi boca y me puso de pie, para recargarme por completo en la pared.

El choque de temperatura y las gotas que se hicieron ahí por el vapor me hizo saltar y a él reír.

Poco a poco se quitó su ropa, verlo era fabuloso, ese hombre me encantaba hasta la médula.


⁃ ¿Te gusta lo que ves?

⁃ Me encanta

⁃ ¿Qué te gusta más?

⁃ Besarte aquí- dije mientras besaba su oreja y lentamente mordía su lóbulo - tocarte aquí - dije mientras pasaba mi mano por su pecho y suavemente jugaba con sus pezones

⁃ Buena niña- repetía una y otra vez mientras cerraba los ojos y gemía ante mis caricias

⁃ Me encanta hacerte esto - dije mientras ponía una mano en su muslo derecho y la recorrí marcando su piel hasta llegar a su nalga y apretarla fuertemente

⁃ Niña, me haces perder la cabeza


Fue lo ultimo que dijo antes de cargarme un poco y recargarme en la pared para que yo le rodeara su cadera con mis piernas y así poder entrar de nuevo en mí.


Mientas me besaba y mordía los pechos yo me sostenía de sus hombros y juntos ardíamos en infierno con el orgasmo que tuvimos.


Después entramos en la regadera, el agua calmo algunas marcas de la pasión.


Al salir yo me quedé en bata, él se vistió y se despidió de mí.


Al día siguiente al despertar tenía un mensaje en mi celular:


“Gracias por el grandioso fin de semana juntos, espero que tengas un buen día.”


Sabía que no éramos nada, sabía que nos estábamos conociendo aún, pero aún así edité el contacto y ahora se leía el remitente del mensaje así:


“Mi novio Lalo”


Y eso me parecía genial.



 
 
 

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