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Mi nueva oficina

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 28 ago 2021
  • 14 Min. de lectura


Me despierto agitada una vez más, aún hay flashazos de las imágenes que había en mis sueños y mi corazón palpita tan rápido que siento como retumba, incluso en mi cabeza. Cierro los ojos para volver a un lugar oscuro en búsqueda de calma, pero la luz que entra por la ventana lo hace imposible.


Trato de recordar lo que me enseñaron en mis clases de meditación, pero al cerrar los ojos puedo sentir una vez más la sensación de sus manos en mi cuerpo... la forma tan sexy que tenía para subir su mano por mis pechos hasta llegar a rodear mi cuello, mientras su mano libre bajaba a mi sexo. Siento las manos atadas a la cama mientras mis piernas me ayudan a arquear la espalda y así sentir mucho más placer.


Escucho su voz diciéndome lo hermosa que me veo entregándome a él mientras sus dedos entran y salen de mí, jugando con mi humedad, y yo me agarro con más fuerza a las esposas y siento mi cuello ardiendo por su calor... ya no puedo más y soy consciente que ya no estoy soñando, ahora es una fantasía en toda su esencia porque lo deseo más que nada. Y en el momento en que su boca chupa y muerde mis pezones yo siento que mi mundo se quiebra y caigo en mil pedazos sintiendo como se mojan mis bragas mientras mis dedos siguen masajeando y entrando imaginando que es él quien lo hace.


Mi respiración sigue imprecisa y mis ojos apretados... poco a poco empiezo a bajar mis caderas y con un suave quejido caigo en mi cama y el roce de mis sábanas me hace estremecer. Y después de varios minutos por fin abro los ojos para despertar.


Me levanté de mi cama de buen humor y algo sonrojada, y antes de tenderla pongo música y comienzo a bailar, un suave vaivén de mis caderas que hacen que mi suéter roce mis nalgas aún sensibles por el increíble sueño que tuve. Este hombre me tiene loca por él, y lo mejor es que hoy vendrá a mi casa de nuevo.


Hace un par de semanas, después de dejar mi trabajo y optar por independizarme me di cuenta que había enfocado tanto tiempo a esa empresa que me olvidé de los pequeños detalles que me hacían feliz. Ahora estaba ansiosa por empezar a escribir de nuevo, por retomar las clases que me gustaban y quería tener de nuevo mi casa con los hermosos detalles que me encantaban.


Así que era hora de tener mi oficina tal cual la había imaginado en todo momento. Platicando con mi hermana me comentó que hace un tiempo le habían hecho cambios en su oficina y me daría el teléfono del arquitecto que lo hizo. “Es un chico súper formal y con una visión que te va a encantar” esas fueron sus referencias. Así que sin dudarlo le marqué y acordamos una cita para que conociera mi casa y los cambios que quería hacer para mi oficina, además quería instalar el sistema súper moderno para conectar mis electrodomésticos, porque ya quería pasar a la era digital.


Mi última reunión con un posible cliente fue a las 12, él llegaría a las 4 así que sin más puse mi música favorita para abrir mi lap y comenzar a buscar las imágenes que pondría en algunas redes. El tiempo se me pasó entre canciones con acordes sexys y fotos de juguetes y lencería, hasta que escuché el timbre y me dio un susto de muerte.


Salí algo sobresaltada aún, ni siquiera me había dado tiempo de cambiarme, llevaba un short muy corto y una blusa roja algo formal, a fin de cuentas, eso es lo único que se ve en mis reuniones. Al abrir lo vi, un chico de mi edad, más alto que yo y una sonrisa de infarto. Pantalones de mezclilla, botas y una camisa de cuadros con las mangas dobladas que dejaban ver unos tatuajes hermosos en sus brazos. Lo recorría con la mirada, mientras tomaba una tabla que tenía algunos papeles y pude ver a la perfección sus manos. No me esperaba esta imagen, y mucho menos llevando la pinta sobresaltada que tenía.


Lo dejé pasar y comencé el recorrido por mi casa indicando qué era lo que esperaba con los cambios, en cierto momento mirando hacía el comedor, que ahora funcionaba como oficina temporal posó su mirada en mi computadora que tenía una imagen en blanco y negro de una chica en lencería... no solo eran los tacones de infarto o las medias lo que seducía, más bien era su mirada que hacía que te pusieras algo nervioso.


Se perdió en la imagen y poco a poco comenzó a recorrer con la mirada algunos detalles de aquella mesa, los libros con portadas sugerentes, algunas imágenes de mi contenido y una copa de vino que me acompañaba aquella tarde... y entonces me miró. Llegó directo a mis ojos, y un brillo extraño se asomaba en ellos. Bajó a mis labios y por inercia los lamí, y su sonrisa de medio lado apareció. Su mirada fue bajando un poco más y en medida de que avanzaba yo me ponía más nerviosa.


Estudió mi blusa roja, con un escote discreto y pequeños detalles sobrios como mi collar o mis aretes, pero bajó aún más para descubrir que mi short no dejaba nada a la imaginación, apenas cubría mis nalgas y la tela era tan suave que me hacían sentir libre y sexy. Mis piernas descubiertas y pies descalzos eran el toque final.


Y mientras me analizaba yo fingía que le platicaba cómo visualizaba mi nuevo hogar. Pero, ¿a quién quiero engañar?... yo también lo había analizado centímetro a centímetro. Su espalda grande y fibrosa, juraba por todos los Dioses que estaba ante un cuerpo trabajado, sus hombros se marcaban perfecto debajo de su camisa y sus brazos eran una joya. En cierto momento, cuando se dio la vuelta para medir una pared me descubrí sabroseando sus nalgas como nunca antes. Esto cada vez se ponía mejor.


Fue poco más de una hora donde me dejó más caliente que nunca, y pensar que ese Adonis trabajaría en mi casa por un tiempo me encantaba.

El primer día de trabajo yo lo esperaba ansiosa, esta vez traía mi pantalón favorito y una camiseta algo escotada con mis botas altas. Mucho más normal que la pinta con la que me había visto antes. Él traía un pantalón negro y una playera de algodón negra que me dejaba ver un poco más de sus tatuajes y eso me fascinaba.


Pero llegó acompañado de un chico al cual no le presté nada de atención, porque este hombre robaba todo mi oxígeno, así que mientras ellos trabajaban yo escribía en mi comedor, sin necesidad de interferir en nada. Yo me senté a revisar uno de mis textos en el hermoso trabajo de editarlo cuando de pronto sentí una mano caliente en mi hombro que me hizo saltar, era él que ahora se reía de mi habilidad para pegar brincos en cada momento.

  • Perdón por espantarte, no fue mi intención - dijo mientras se aguantaba la risa

  • No te preocupes, ya se me está pasando – era mentira pero que pena ir de susto en susto.

Y todo para que me pidiera algunas medidas y me hiciera unas preguntas respecto a los colores finales, ¿era en serio que me preguntaba eso ahora? ¿no se supone que eso es hasta el final? Bueno, pues yo pensaba en eso mientras fingía platicar con él cuando de pronto pasó su mano por mi espalda y en una voz un poco más ronca dijo “Discúlpame de nuevo por el susto, te dejo en lo que estabas, se ve interesante”. Echó un vistazo a mi pantalla seguido de mi escote, sacó el aire y se dio la vuelta para seguir en su trabajo para dejarme ahí, más nerviosa que nada.

Los días pasaban y el trabajo iba quedando maravilloso, me encantaba ver mi casa con los cambios, pero me fascinaba mucho más ver a ese Adonis andar por cada rincón, tomando lo que le apetecía. Solo estaba en espera de que me tomara a mí.


Me enteré que él era el jefe y que usualmente se la pasaba en la oficina y que era muy raro verlo en el lugar donde se hacía los trabajo, así que conmigo se había tomado el tiempo para hacerlo él mismo y eso me ponía más nerviosa, y todo se descontroló cierto día cuando llegó con una cinta en la mano, no estoy segura que iba a pegar... la verdad no me interesó. Solo sé que al momento que escuché como jalaba la cinta y la rompía con la boca imagine estar de rodillas ante él, en espera de que pasara esa cinta por mis manos, por mi cuerpo o por donde quisiera.


Inconscientemente comencé a frotar ocasionalmente mis pechos, mis pezones estaban tan duros por lo que me hacía sentir que era necesario sentir un roce y disfrutar de esa sensación, sentía como mis braguitas se ponían húmedas por la forma en que me miraba y verlo de pie sosteniendo cualquier cosa me hacía repasarlo con la mirada una y otra vez, ya no podía más.


En varias ocasiones tuve que meterme al baño para tocarme, jugar con mi humedad y terminar en silencio sabiendo que él y sus empleados estaban en mi oficina... tras unos minutos salía acalorada y radiante, y él lo sabía porque medía cada uno de mis movimientos, se sabía deseado, yo me sabía sexy y esto era solo cuestión de tiempo.


El último día había llegado, en mi oficina había una barra donde podría poner mi vieja Olivetti, mis plantas y algunas cosas más. Al lado había un espejo de cuerpo completo donde me pude ver una vez más, mi falda verde dejaba ver mis piernas y mi blusa de botones tenía un escote exquisito, además era de una tela muy suave que hacía juego con el brasier de encaje que tenía debajo, ambas telas me provocaban el mejor de los placeres.


Estaba perdida en el movimiento de mi cabello y el color rojo de mis labios cuando el timbre hizo acelerar mi corazón, él estaba aquí. Caminé lentamente hasta la puerta y mis manos me sudaban, ¿Quién se había robado el aire de mi casa? Me acerqué más a la puerta y por fin abrí.


Verlo era un arte... pantalón negro, tenis y una camisa negra con las mangas dobladas, su increíble sonrisa y un brillo en los ojos que me hacía perder el norte, ¿Cómo podía ser tan guapo? Está vez traía algo en las manos, pero antes de poder preguntar qué era me sorprendió con un abrazo, yo pasé mis manos por su cintura y me deje envolver en el fabuloso calor que desprendía, su perfume inundaba mi nariz y mis piernas perdían la capacidad de mantenerme en pie. Así de mal me ponía este hombre. Pasaba sus manos por mis hombros y poco a poco me soltó para poder dar un paso atrás.

Podría jurar que mis pezones se veían a kilómetros y que podía sentir como mi cuerpo buscaba amoldarse al de él, aunque en realidad este era nuestro primer abrazo. Llegamos a mi nueva y mejorada oficina, y me explicó los cambios que su equipo había realizado y repasamos una vez más el lugar, en la barra ya se encontraban mis cosas y justo cuando miraba la pared él carraspeó y me hizo mirarlo de nuevo.

  • He traído un pequeño regalo para ti – dijo en un tono suave.

Caminó hacia la puerta donde había dejado el paquete que tenía en las manos al llegar y me dio una oportunidad para disfrutar de su hermoso trasero una vez más, al llegar de nuevo conmigo sacó lentamente un cuadro de una imagen en blanco y negro que llevaba el título de mi proyecto. Un cuadro hermosísimo, sexy e ideal para mí.

Me hizo sentir como una niña consentida y mimada de nuevo, y lo miré con ganas de agradecerle con un beso, un abrazo o con mi cuerpo entero... pensar en eso me hizo sonreírle con un brillo especial en los ojos, así que mejor agradecí el detalle mientras me giraba para ponerlo en la pared, justo arriba de aquella barra.


  • ¿Qué te parece ponerlo aquí? - dije mientras sostenía el cuadro con mis manos.

Era consciente que al hacer eso mi falda se levantaría un poco más y dejarían casi nada a la imaginación, me sentía sexy y deseada y eso me fascinaba. Pensaba en eso mientras fingía acomodar el cuadro cuando un par de manos se posaron sobre las mías y un cuerpo calentó todo a su paso, sus manos eran tan grandes que cubrían las mías por completo, el aroma de su perfume otra vez invadía mi nariz y ahora sentía que me marcaba mucho más.

Levantó un poco el cuadro con el fin de ponerlo más alto y ese gesto me ayudó a inclinarme un poco más hasta que sentí mis nalgas rozando su verga que ya estaba dura por mí. Yo retenía el aire y disfrutaba de ese suave roce, así que sin pensarlo comencé a moverme lentamente, él soltó el aire en mi cuello y eso me hizo estremecer demasiado.

Soltó una de mis manos para recorrer mi brazo hasta llegar a mi cuello, yo me perdí en ese suave toque que dejaba una estela a su paso hasta que sentí su mano llegar a mi cuello y moví mi cabeza para recargarla en su hombro y el bajó de nuevo su mano para rozar ligeramente mis pechos y tras un quejido ambos soltamos el cuadro para poderme dar vuelta y caer de lleno a su boca que me besaba como nadie.

Sus manos comenzaron a rodear mi cintura y a bajar por mis piernas para llegar a la orilla de mi falda y poderla subir lentamente hasta que tomó mis nalgas por completo mientras mordía ligeramente mis labios y yo tocaba cada parte de sus brazos perfectamente trabajados. Este hombre era lo que siempre había soñado y ahora lo tenía solo para mí. Bajó sus manos por mis muslos y me ayudó a subir a la barra que se encontraba a mi espalda y se posó entre mis piernas para que su verga dura y la tela de su pantalón rozara el lugar exacto para humedecerme aún más.

Dejó el beso para quitarme la blusa por la cabeza y disfrutar de mis pechos que se escondía detrás de un encaje que seducía... los miró y poco a poco bajó hasta que sentí su boca besándolos, sin más bajó la tela y ambas tetas salieron disparadas a su boca y comenzó a besar y succionar cada uno mientras yo lo tomaba de su cabello para mantenerlo así. El roce entre mis piernas iba en aumento y mis pechos estaban más sensibles a su boca... lo sentí por todos lados y me encantaba.

Yo estaba perdida en ese placer cuando movió mi tanga y coló uno de sus dedos dentro de mí, sin avisar y sin esperarlo... solo le bastaron un par de movimientos para hacerme tocar el cielo y mientras me derretía ahí mismo cerré los ojos y me agarré a la orilla de la barra para no caer. Dejé de sentir su boca, pero nada me importaba, eran sus dedos quien me estaba dando la mejor experiencia y de repente un lengüetazo en mi humedad me hizo abrir los ojos para descubrirlo de rodillas ante mí.

Su mirada ardía y era sumamente sexy, me hacía sentir una Diosa teniéndolo ahí y comencé a mover mis caderas en búsqueda de un orgasmo mucho mayor que el que había tenido momentos antes, sus dedos entraban y salían mojando todo a su paso y su lengua bailaba en mi clítoris y de pronto lo sentí... cómo mi cuerpo se tensaba, mis piernas permanecían inmóviles y mi cuerpo se deshacía para terminar en un orgasmo que me hizo perder el aliento y caer ante él.

Probó cada gota de mi placer para después ponerse de pie y darme un beso aún húmedo con mi sabor aún plasmado en él. Yo estaba con una pinta de mujer recién follada, con la falda hasta la cintura, las tetas de fuera una tanga muy mal acomodada... y él tan fresco como cuando llegó.

Imaginaba la escena cuando se acercó de nuevo a mí, rodeo mi cintura y me miró directamente a los ojos.

  • ¿Te gustó tu regalo? - preguntó mientras ambos volteábamos a ver el cuadro que ahora estaba chueco sobre aquella vieja máquina de escribir.

  • Me encantó, ¿cómo supiste? - contesté mirándole a los ojos con un brillo como niña chiquita.

  • Me... fijo... en... los... detalles... - decía cada palabra mientras besaba mi cuello y bajaba de nuevo a mis tetas – ¡Que hermosa estás!

Yo me sonrojé de nuevo y esta vez comencé a desabrochar su camisa. Cada botón que soltaba era como descubrir un poco del tesoro que había debajo, los tatuajes comenzaban a diseñar un cuerpo perfectamente trabajado, justo como lo había imaginado. Y besé su pezón izquierdo y soltó un bufido, hasta eso me encantaba de él. Así que le quité la camisa y cayó al piso junto a mi blusa y comencé a desabrochar su hebilla, seguido de su pantalón mientras veía como su verga ya estaba dura por mí y se movía lentamente en espera de que yo la liberara de una vez por todas.

Y así fue, solo bastó con desabrochar su pantalón y bajar un poco su bóxer para que está saliera disparada hacía mí. Él contenía el aire y tenía los ojos clavados en mí, mientras yo me perdía en esa hermosura que ahora tomaba con mis manos. Al primer toque cerró los ojos para levantar su cabeza y dejarme mover mi mano a mi antojo... de arriba abajo la movía mientras sentía como esta palpitaba en mis manos, y aceleré los movimientos, ahora veía su cara, su sonrisa y sus ojos que poco a poco se abrían para verme.

En cuestión de segundos me miró, pasó una mano por mi espalda hasta llegar a mi cabello y sostenerlo para acercarme a mí y besarme de nuevo. Esta vez su beso estaba cargado de deseo y placer, sentía su cuerpo arder y su boca mordía todo a su paso, mientras que su otra mano la pasó detrás de mis nalgas para acercarme a la orilla y al hacerlo quité mis manos para tocar su espalda que estaba tan grande que el contraste con mis pequeñas manos pudo ser épico.

Ahora su verga rozaba con mi humedad y él gruñía como un macho alfa y eso me encantaba. Así que comenzó a mover sus caderas provocando todo a su paso, no entraba en mí aún... pero ya me tenía sensible de nuevo. De pronto volvió a tomar mi cabello y levantó mi cara para mirarme a los ojos, mis manos y mis uñas se clavaban en sus hombros y una sonrisa replicaba a la mía, tras unos segundos de misterio, con su fabulosa pausa dramática, acomodó la punta de aquel exquisito falo y entró lentamente.

Yo no me podía mover porque me mantenía como presa agarrando mis nalgas, mi cabello y mi cuerpo. Y sentía como avanzaba a mi interior para después salir y volver a entrar ahora un poco más... y yo solo veía su cara entre destellos de placer. Poco a poco comenzó a moverse más rápido y yo ya no podía más. Él me follaba a su antojo, me soltó y se hizo un poco atrás para levantar mis piernas y entrar en mí.

“Dámelo nena” , dos palabras que me hicieron terminar una vez más... sentía como ya no podía más y sus estocadas eran profundas y ahora más lentas. Yo había terminado una vez más y él aún no lo hacía, pero disfrutaba de la sensación que le provocaba las contracciones de mi sexo.

Cuando soltó mis piernas las bajé al piso y sin dudarlo lo empujé un poco para caer de rodillas ante él y probar mi sabor. Su verga estaba dura y totalmente mojada, roja y sensible y la tomé en mis manos y sin pensarlo pasé mi lengua por su punta que ahora tenía una gota de su placer. Al hacerlo él rugió de nuevo, sus sonidos me pusieron más caliente y metí aquel falo de lleno a mi boca, y él tomó mi cabeza y comenzó a moverse a su antojo, yo lo sentía hasta la garganta, y eso me fascinaba.

De vez en cuando hacía unos movimientos con mi lengua y entre el roce de mi pieza en la lengua y la humedad de mi boca sentí como se puso tenso, no movía sus caderas y tenía las manos como en puño al lado de estas. Y yo lo metí hasta el fondo para sentir como poco a poco la leche tibia resbalaba por mi boca hasta mi garganta. Él me tomó una vez más y se movió muy lentamente mientras veía como se contraía sintiendo aquel líquido salir por mi boca y dejarnos saciados a los dos.

Me levanté lentamente mientras limpiaba con mis manos aquellas gotas que salieron de mi boca y mientras me reponía y ajustaba de nuevo mi brasier él se acercó a mí y me tomó de la cintura para besarme.

Al soltarme ambos sonreíamos, saciados. Nos ajustamos un poco la ropa, aunque me sentía cómoda andar en bra frente a él, descubrí que nos caíamos súper bien y ahora su regalo adorna mi nueva oficina, pronto remodelaré mi habitación.


 
 
 

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