top of page

Mi tatuaje favorito

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 16 may 2019
  • 5 Min. de lectura

Hace unos meses me hice un tatuaje que amo, un hermoso y coqueto cupcake en mi clavícula izquierda. Tenía meses queriéndolo pero no encontraba un estudio que me convenciera.


Un día, un amigo me dijo que se iba a tatuar en cierto lugar súper genial donde, según él, estaban los mejores artistas de la ciudad. Así que me auto invité a su sesión. Cuando llegamos y vi al chico que tatuaba me convencí. Definitivamente era el lugar adecuado.


Sin perder el tiempo le pedí una cotización y sin pensarlo dos veces, ahí mismo me tatué.

El chico me paso a una sala aparte, la única que tenia las cuatro paredes porque todas las demás tenían solo cristales. Debo confesar que al imaginarme sola con él, en un cuarto donde me iba a generar un dolor delicioso que me dejaría algo perfecto mi corazón se acelero.


Mis manos empezaban a sudar y yo a hiperventilar, no por el tatuaje en sí, sino, por el adonis que me llevaba a ese cuarto apartado.


Aproximadamente veinticinco centímetros más alto que yo, fibroso, con una barba súper sexy y un aro cruzando su labio inferior que desde el momento que lo vi quise probarlo. Su cuerpo lleno de tatuajes, los repasé con la vista una y otra vez.


Obviamente él notó este interés, y en cierto punto el coqueteo fue extremo... me caía genial, hacía bromas interesantes y poco a poco la conversación subió de tono. Me desvestía con la mirada mientras yo saboreaba su perforación, sus tatuajes, su cuerpo y me preguntaba cómo sería probar toda esa combinación en mí.


Mientras preparaba el equipo puso música, y de pronto Portishead sonaba a todo volumen, y sí, fue todo un seductor, puso la música perfecta, el ambiente adecuado y dijo lo que esperaba escuchar...


-Quítate la blusa.


Y yo, obedecí, mientras entraba en este juego de seducción y de sabernos que estaba, en cierto modo, prohibido me quité la blusa, con tal ceremonia que se le detuvo la respiración. Solo vi como repasaba cada centímetro de mi piel mientras pasaba su lengua por ese coqueto aro de su labio.


Me pidió que me acostara y mientras me limpiaba la zona para ponerme la plantilla bajo el tirante de mi bra. Curiosamente ese día traía uno de encaje negro que ajustaba mis tetas de una forma magistral. Al momento de bajarme el tirante, el bra se movió y por un momento mi pezón salió pidiendo atención. Mi simulación de vergüenza lo hizo mucho más obvio aún.


Mi corazón estaba acelerado, yo súper excitada y cada vez húmeda que solo podía imaginar escenas de sexo ardiente con el tatuador. Podía ver como me follaba de la forma más rica inclinada en la cama, o como me daba el mejor el sexo oral estando yo acostada como tal cual estaba. Quizá yo dárselo a él, total, solo era necesario que se pusiera de pie. Me preguntaba cómo sería su verga. ¿Tendría tatuajes en lugares mucho más sexys?


Su voz me sacó de mi ardiente ensoñación, resultó ser que ya me había puesto la plantilla, ahora tenía que verla y aprobarla. Así que juiciosa me acerque al espejo y la vi, tan perfecta, del tamaño ideal, incluso acomodada estratégica mente para jugar con los lunares de mi pecho. Mientras la veía detenidamente el se paró detrás de mí. Sentía su respiración en mi oreja y sus manos dibujando figuras al rededor de la plantilla.


Sabía que con medio paso que retrocediera mis nalgas se estamparían con su verga, podría jugar con lo prohibido, llevarlo a otro nivel.


Justo cuando lo iba a hacer el acerco su boca a mi cuello y me dijo con una voz muy ronca que en definitiva iba a ser su tatuaje favorito, sentía como respiraba, su voz me encendía aún mas y sin dudarlo dí ese paso. Él lo hizo mucho mejor, aprisionó mi cuerpo sosteniéndome por las tetas, movía sus manos y sus caderas a un ritmo delicioso, la música nos envolvía, mis pezones estaban riquísimos y cada vez jadeaba más por él.


Baje mis manos lentamente por mi cuerpo, me gustaba tocarme frente al espejo mientras veía como movía sus manos, y su boca. Pase mis manos por mis nalgas y las colé entre nuestros cuerpo. Porque yo quería su verga, sí o sí.


Cuando la toqué sentí como se puso mucho más dura, y el soltó tal gruñido que me puso alerta, caliente y lista. Yo movía mis manos sobre su bragueta con el mismo compás que él movía sus manos y sus caderas.


Sus manos bajaron lentamente hasta el botón de mi pantalón, lo bajo tan lentamente que en cierto punto creí que follar con él iba a ser dulce y tierno, que ilusa me vi.


Cuando me tuvo solo en tanga y con un bra mal puesto, literalmente bajo su pantalón junto con su boxer con una firmeza que su verga salió disparada ante mí. Grande, firme, venosa y con un hermoso tatuaje unos centímetros arriba de la base que pedía a gritos que pasará mi lengua por ahí.


Yo solo lo veía por el espejo... podía ver sus ojos totalmente clavados en mi, sus manos, sus tatuajes, sus piernas, y toda esa masculinidad que pedían a gritos placer. Sin dudarlo dos veces me separe de él y me puse de rodillas ante tal hombre. Moría por sentir su sabor, su textura, escuchar el sonido de su placer al pasar mi lengua por cada centímetro de su verga.

Apenas toqué la punta con mi lengua el rugió, lentamente empecé a probarlo, era delicioso, y lo fui chupando como si mi vida dependiera de su placer.


Por supuesto que tenia que besar esos tatuajes, cuando lo hice, el tomo mi cabello con una mano y marco el ritmo y el camino y yo, me deje llevar. En cierto punto, cuando yo creí que estaba a nada de terminar, me paro de repente, me dio la vuelta y con una voz ronca solo dijo, sujetate bien de la cama.


Cinco palabras hicieron la orden adecuada. Ahora me tenía ahí, lista para él y aún así se tomo su tiempo, masajeo mis nalgas de una forma deliciosa, sentía el calor de sus manos como calentaban mi piel y de repente, dos nalgadas a la vez, el sonido fue tan fuerte e inesperado que un grito combinado con gemido salió de mí.


Sentía mi piel ardiente, el pasaba sus manos dándome calor y de repente, otra vez. Extendía el dolor, el placer y los jadeos, y de repente entro en mí en una forma tan precisa que me dio el más delicioso orgasmo, al momento, sentía como me partía en mil pedazos, mi humedad mojaba por completo su falo firme que seguía moviéndose dentro de mí.


Mi cuerpo no soportaba tanto placer, apenas se recuperaba de esa emociones cuando sentí como se ponía más duro y mas tenso a la vez, sus movimientos eran cada vez más certeros, una y otra vez sin parar, lo sentía tan dentro de mí. Su mano se clavaba en mi cadera, mientras que la otra sujetaba mi pelo. Dolor y placer. El cielo y el infierno. El arte de disfrutar lo prohibido. Todo a la vez.


Una, otra y otra vez en el punto preciso y yo caí ante un segundo orgasmo fenomenal, sentía como él terminaba junto a mi, con toda su fuerza, con toda su furia y dándome todo el placer.


Cuando nuestra respiración se calmo, salió de mí y pudimos limpiarnos un poco, para, ahora sí, terminar con el trabajo.


Tatuarme le llevo poco más de una hora, el tiempo se me paso súper rápido y el resultado fue genial.


Y ahora, sin quererlo... llevo en mi piel algo que toda la vida me recordará una de las mejores cogidas.





 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


Déjame tu correo y nunca te perderás de la diversión.

Thanks for submitting!

  • Facebook icono social
  • Instagram
  • Icono social de Spotify
  • Twitter

© 2023 by Fashion Diva. Proudly created with Wix.com

bottom of page