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Modelo por una noche

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 14 jul 2019
  • 15 Min. de lectura

Actualizado: 5 ago 2020


Desde que tengo memoria recuerdo que siempre me pregunté cómo sería ser modelo, estar en pasarelas y que los mejores fotógrafos puedan convertirte en una obra de arte.


La vida me llevó a tomar otros caminos y nunca intenté realmente ser modelo, hasta hace un tiempo que me entró una extraña idea en la cabeza.


Sigo en las redes sociales a una revista local que, por alguna extraña razón, me llama mucho la atención, y es que no solo son sus notas divertidas y educativas, es algo más, algo que no alcanzo a distinguir, pero me llama. Un día platicando con Carlos, mi novio, le dije que quería llamarlos para conocer a los genios detrás de la revista y en realidad a él le dio igual, de todos modos, me presentaba como una fan más, ¿qué tan serio podría ser?


Así que mande un mensaje y al poco tiempo me contestaron, después de varias preguntas me pidieron mi teléfono y una chica super amable y simpática me llamó, me explicó que justamente como eran una revista local querían hacer parte a las personas de ahí, y después de varias preguntas de rigor por fin me paso el contacto del fotógrafo que hacía magia.


Sin dudarlo y antes de que otra cosa pasara le llamé, a fin de cuentas, solo era para una cotización de una sesión de fotos, algo muy común en su día a día. Recuerdo que cuando marqué cada timbrazo me producía un nervio total, me sentía tan cerca de un sueño, de una travesura, de algo que en cierto punto podría estar mal visto, porque era obvio que yo no era modelo, y aún así lo iba a intentar.


Una voz con demasiada energía me sorprendió, lo primero que imaginé fue un locutor de radio, alguien que te puede hacer sonreír solo con un comentario, pensaba que su sonrisa debía ser contagiosa, y por mucho, un coqueto irreparable… la simple idea me hizo sonreír.


Me contó cómo sería trabajar juntos, me sugirió las cosas que debía llevar y tener en cuenta, me dio la dirección del estudio y dijo que me mandaría un correo especificando estilos y enseñándome varias propuestas, dejando súper en claro que yo decidía hasta donde llegarían las fotografías. Al colgar con él me quedé pensando en lo que me había dicho, a fin de cuentas, solo era pararte frente a una cámara, ¿no?


Cuando llegó su correo con algunas muestras de su trabajo estudié cada una de las fotos, y descubrí que cada modelo, a pesar de ser todas diferentes tenían algo en común, un brillo en los ojos que era contagioso, sus poses eran sexys, no a la forma clásica y ortodoxa, sino, seducían, incluso te retaban y te hacían pensar en cosas indebidas, todas y cada una de ellas se veían excitadas y calientes, por eso supe que si tenía que vivir esa experiencia.


Así que sin más justificación acordé una cita con él. Jueves 7 pm al sur de la ciudad.


Cuando vi la lista de cambios de ropa mi corazón se aceleró, ¿de verdad decía ligueros? ¿tacones? ¿faldas?


Una extraña sensación me recorrió la espina dorsal, mi piel se erizó y me descubrí con los pezones tan duros que estaba segura lo notarían a tres calles, tenía una extraña necesidad de cruzar las piernas y empecé a recorrer con los pensamientos toda mi ropa pensando en lo más sexy que tengo, ahí descubrí que todo mi juicio se fue y solo quería saber que hay detrás de esas fotos.


Mis jeans ajustados favoritos fueron la primera opción con mi blusa rosa transparente que uso con mi bra super coqueto, pero algo me decía que eso podría caer en lo común y esto está lejos de serlo, así que opté por una minifalda negra, mi favorita definitivamente.


Conforme se acercaba el día me ponía cada vez más nerviosa, dos días antes pedí una cita en el salón para depilarme, esta vez pedí el paquete premium, algo me decía que lo agradecería después. Un día antes de la cita me probé cada estilo, cada tanga de encaje, liguero, camiseta y demás ropa que solo ocupaba en los momentos importantes, definitivamente este lo era.


Y por fin llegó el día, me metí a bañar, mi piel estaba super suave y sensible aún, mi crema la dejaba con un aroma dulce, recorrerla con mis manos mientras la humectaba me hacía pensar en lo sexy y hedonista que sería no llevar nada debajo de mi ropa, y un impulso me hizo aceptar el reto que yo misma me puse. Así que me puse mis botas que llegan arriba de la rodilla, y me vi en el espejo, increíblemente desnuda solo con unos tacones que me hacían 14 centímetros más alta, sudando y jadeando por la travesura que iba hacer. Me puse mi falda que con trabajo cubría mis nalgas y una camiseta casi transparente, no había nada debajo, solo mi piel suave y sensible, solo un cuerpo caliente que aspiraba a salir perfecta en unas cuantas fotografías.


Como era obvio no podía salir así a la calle, por eso me puse un abrigo que me cubría lo justo para pasar desapercibida por los demás. Me subí a mi coche y manejé hasta la dirección que me dio. Mi maleta venía en el asiento de atrás y mi juicio lo deje bajo llave en el cajón que estaba al lado mi cama. Era momento de disfrutar la vida.


Cuando llegué a la dirección me sorprendió de sobremanera el que fuera un edificio con apartamentos y no un estudio como tal, el guardia me dejó subir.


- Segundo piso- dijo con una extraña sonrisa como si supiera todo lo que sucedía dentro.


Moría de calor, de nervios y de ansiedad, cada escalón hacía que mis nalgas rozaran con la tela de mi falda y eso se sentía perfecto. Mis pezones estaban tan duros que exigían una caricia de vez en cuando, sentía el aire entrar debajo de mi falda y eso me ponía más húmeda y nerviosa. De pronto me vi frente al apartamento 201, y mi corazón se detuvo.


Toque un par de veces el timbre y nadie abría, vi mi reloj y marcaba 7:05 pm, la hora perfecta si contamos que me tarde unos minutos en subir las escaleras, una vez más toqué y una voz de hombre gritó desde adentro.


Y la puerta se abrió…


Ahí estaba él, desnudo, mojado, despeinado y con una toalla amarrada en la cintura.


Había gotas que bajaban por su pecho y su abdomen, su cabello escurría agua por su cuello y él tenía una extraña sonrisa entre avergonzado por la primera impresión y un tanto sinvergüenza. Verlo así me hizo suspirar un poco, esa sonrisa era todo, era el cielo, el infierno, la gloria y el purgatorio donde pagaría cada pecado y donde cometería mil más.


No puedo explicar quién disfruto más el show, mientras más lo veía más húmeda me ponía, mi respiración se volvía más agitada y mi pecho subía y bajaba con fuerza. Al parecer eso le entretenía porque su mirada se perdía entre mis senos, recorrió lentamente con la mirada desde mi pecho hasta mi cuello, cuando llegó a mi boca soltó un suspiro que me hizo humedecer mis labios automáticamente, por instinto más que otra cosa, pasé la orilla del arete que tengo en la lengua por mis labios y juro que pude escuchar su gruñido.


Me pidió entrar y un mundo de posibilidades se abrieron ante mí, me di cuenta que era un apartamento adaptado para ser un estudio, todo era super acogedor, olía a canela con algo más que no supe qué era, pero era más que delicioso, su alfombra era perfecta, te invitaba a quitarte los zapatos y disfrutar de su textura, sus grandes ventanales dejaban entrar la luz de la calle, y sus cortinas eran tan ligeras que bailaban con el aire que entraba por la ventana.


- ¿Te ayudo con tu abrigo? – me preguntó mientras se acercaba cada vez más a mí solo con una toalla tapando lo necesario.


- Si, gracias. ¿Dónde puedo dejar mi maleta? – pregunte mientras lentamente me quitaba el abrigo sabiendo que estaba casi desnuda ante un desconocido, y él sí estaba totalmente desnudo.


- En el sofá, o en una silla, en aquellos bancos. Donde quieras. ¿quieres una copa de vino? – mientras lo decía yo recorría con la vista su departamento. Parecía totalmente de un hombre, tenía ciertos detalles que lo hacían obvios, a pesar que su decoración y el ambiente en general te hacía sentir cómoda, en casa.


- ¿Vino? – Me había prometido no beber ni una gota de nada que no fuera agua, debía estar en mis 5 sentidos en todo momento.


- Sí, vino. ¿Te gusta? Tengo una botella de un tinto que sabe delicioso, estoy seguro que te va a encantar, ¿me dejas invitarte una copa? – su sonrisa me desarmaba, me hacía perder el juicio, me movía el piso y era obvio que iba a aceptar cualquier cosa que me diera.


- Ok, probaré tu vino.


- Perfecto – dijo con esa sonrisa de nuevo - ponte cómoda y dame 5 min mientras me pongo algo y voy por mi cámara.


Dijo esto ultimo mientras me daba en la mano una copa de lo más hermosa con un vino tinto que se veía delicioso. O sea, no tengo ni idea de vinos, pero esa copa me quitaría esta sed que tenía desde que lo vi. Así que tomé la copa y le di un pequeño trago y su sabor me encantó, estaba en la temperatura perfecta y fue lo más delicioso que pude probar hasta en ese momento. Sin pensarlo camine por su sala y me acerque a un banco muy alto que estaba cerca de una barra que separaba la cocina de la sala de estar, pensaba en lo rico que era estar ahí y en lo rico que sería un poco de queso para acompañar mi vino, o quizá unas cuantas uvas cuando levante mi pierna y me senté en el banco sin pensar en lo que hacía.


Cuando voltee a verlo él tenía la mirada perdida en mí, su respiración estaba muy agitada, tenía las piernas abiertas, los brazos junto a sus piernas y una pose de cazador esperando el momento perfecto para atacar, su mirada me recorrió desde los ojos, la boca, el cuello, los senos, el abdomen y fue ahí cuando me di cuenta que estaba con una pierna estirada, la otra sobre el banco, frente a él… sin bragas.


Él me veía con hambre y con ganas, podía ver perfecto como su respiración estaba totalmente acelerada, y yo estaba exactamente igual. Pero los dos sabíamos que si algo pasaba en ese momento nos perderíamos de la diversión de qué tan lejos podíamos llegar antes de caer en la tentación.


Así que le sonreí, retándolo un poco y él me devolvió la sonrisa, me pidió que me pusiera el primer cambio de ropa y en seguida regresaba. Paso a un lado de mi y por primera vez desde que llegué pude respirar un poco más tranquila.


Dejé la copa en la barra, y caminé un poco para saber qué era lo que hacía ese departamento tan particular. Me encantaba los detalles en los adornos, incluso la música, toda la vida me ha encantado portishead y fue genial que él lo pusiera sin que yo se lo pidiera. Después de unos minutos me acerqué a mi maleta y la abrí, iba decidida a sacar un liguero cuando su voz detrás de mí me espantó. Por instinto solté lo que traía en la mano y cayó al piso.


Cuando giré para verlo me quedé de piedra, un pantalón negro que dejaba ver el resorte de sus boxers y ya, sin playera, descalzo y con su cabello alborotado. En una mano traía una cámara hermosa y en la otra una copa de vino justo como la mía. Que por cierto tuve que voltear a la barra para asegurarme que no fuera la mía, pero no, esa era de él.


- Solo me ganaste por unos minutos, la idea era que me encontraras así. – dijo mientras se señalaba completito, y yo solo pude recorrerlo con la mirada, pero su sonrisa hacía que me perdiera de todo, era coqueta, segura y perfecta.


Le sonreí y me sorprendí cuando dio las dos zancadas para llegar a mí con tanta seguridad que solo pude tomar aire y retenerlo sin saber qué hacer, cuando se agacho enfrente de mí me quedé parada viendo como se movía y de repente lo vi… estaba levantando lo que se me había caído cuando me espanté, lo mismo que me había olvidado por completo, y ahora estudiaba con una sonrisa mientras estaba casi hincado frente a mí.


Con una enorme sonrisa estiró su mano y me dio una tanga de satín negra que pensaba usar con un liguero que me fascina.


Todo era tan sexy, tan hedonista y único que por algo que aún no alcanzo a entender qué fue solo dije:


- Ya no me hacen falta, te los regalo.


Me sentía sexy, decidida, caliente, y con un aire hedonista de saberme deseada por él que empezó el verdadero juego.


Él se levantó muy lentamente tratando de acercarse todo lo posible a mí, pero sin tocarme, y ahí fue cuando me di cuenta de que a pesar de mis altísimas botas él estaba más alto que yo, y ahora lo demostraba, incluso podría jurar que se estiraba todo lo posible para volver a marcar territorio en mí.


Dio un paso atrás y me dijo:


- ¿Estás lista? Es hora de comenzar.


Y si, estaba lista, pero más que para las fotos, estaba lista para él.


- Vamos a empezar por ocupar lo que queda de luz natural, vamos a jugar con la luz y las texturas, así que te sugiero que empecemos en la ventana, puedes jugar con las cortinas, recargarte en la pared, incluso puedes ponerte de espaldas a mí y dejarme jugar contigo.


Las últimas tres palabras me sorprendieron, pero me calentaron en seguida, pude sentir como latía mi corazón y me ponía húmeda al momento solo para él.


- ¿así vestida?


- Obvio no, quítate la ropa, pero tus botas no, me gusta cómo se te ven.


Así que, parada frente a él, con un valor que no se de donde lo saque, me quite la camiseta por la cabeza, baje lentamente el cierre de mi falda y me quedé completamente desnuda, salvo por mis botas favoritas, y más excitada que nunca en la vida.


Aún así camine por toda la sala hasta llegar a la barra y darle un trago a mi copa, porque por todos los Dioses, lo necesitaba.


Mientras iba caminando escuche un par de veces el obturador de su cámara y eso me hacía sentirme mucho mejor, mucho más deseada y sexy. Después de tomarle a mi copa, tome mis lentes para quitármelos y dejarlos ahí cuando él me dijo que no.


- No te los quites, me fascina como te ves con ellos, tan sexy, intelectual y un tanto tímida, que me enloquece y me pone duro como no tienes idea.


Mi reacción quedó grabada en varias fotos, entonces descubrí que hacía eso para que yo reaccionara ante la cámara. Y eso fue genial.


Iba de regreso cuando me pidió que me sentara en el banco, con las piernas abiertas, los brazos sobre la barra, recargada en ella y que sonriera.


Hice exactamente lo que me dijo y era tan sexy estar así para él, para su cámara, para mis fotos. Pero al parecer la luz no ayudaba, así que me dijo que subiera a la barra. Así que para subir puse una rodilla en el banco para poder alcanzar la altura adecuada y una par de fotos me tomaron por sorpresa. Cuando estaba en la barra vi un cinturón, que según mi poco sentido común que me quedaba, no estaba ahí cuando llegue así que lo tomé y lo vi directamente a los ojos como dejando clara la pregunta en el aire: ¿qué hace esto aquí?


- Aaaaa, la niña quiere empezar a jugar. – dijo mientras se reía y se acercaba a mí decidido.


- ¿jugar?


- Solo por que tu me lo pides pequeña.


Y de repente tomó mis manos las puso en mi espalda y pasó el cinturón varias veces hasta que lo abrocho y así me dejó atada de manos con las piernas abiertas sobre la barra y tomó unas cuantas tomas más. Mi corazón estaba sumamente acelerado, eso era por mucho lo más sexy que me había pasado.


Poco tiempo después me ayudó a quitarme las botas aún sobre la barra y soltó mis manos pero solo para amarrar cada muñeca con el tobillo que le correspondía a su lado, y me dejó sobre la barra abierta totalmente para él, y cuando creí que eso sería lo más intenso, camino a un mueble que estaba al final de la cocina lo abrió y sacó una cajita un tanto peculiar.


Dentro había una clase de huevito metálico con una gema que brillaba, nunca en mi vida había visto nada igual, pero analizando el contexto donde me tenía atada, a su merced pude descubrir que se trataría mucho más intenso que quedarme indefensa, atada y super caliente por él. Supe que me llevaría a descubrir nuevas cosas, nuevos límites del placer y la sensación de ser de alguien.


Cada reacción merecía una foto, perdí la cuenta de cuantas llevábamos solo era consciente de cada orden, cada posición, cada mirada… incluso cuando me pidió que chupara el juguete mientras él lo sostenía parado frente a la barra. Al tenerlo en la boca pude recorrer con mi lengua el pequeño huevito metálico, pesaba un poco, estaba frío y tenía una textura sumamente suave, cada vez que movía la lengua para que quedara listo mi boca salivaba demás, y en una de las veces que intenté pasar saliva, él lo sacó de mi boca con tal fuerza que parecía que estaba escupiendo… y no, pero su reacción me hizo perder la razón.


- Justo eso quiero que hagas con mi verga, ahora.


Soltó mis manos de mis piernas y me dejó estirarme por un segundo antes de que me cargara y me llevara frente al sofá, me puso de espalda a él y con un claro gesto hizo que me inclinara. Y así fue como comenzó a besar mis nalgas, incluso morderlas, mientras apretaba fuertemente mis caderas, sentir el contraste de sus caricias con el calor de sus besos era el paraíso, poco a poco abrió mis piernas y coló una mano entre ellas, acariciaba mi clítoris con un dedo mientras metía solo un poco dos más. Entre besos estiró su mano y me dio de nuevo el juguete con la orden de chuparlo. Lo tomé con una mano mientras que con la otra me sostenía del asiento del sofá para no caer de bruces.


Mientras lo empezaba a chupar el pasaba su lengua por un lugar que no me lo esperaba… sentía su lengua y un dedo jugando ahí… y de pronto me quito el juguetito y me lo metió, poco a poco, mientras mordía y besaba mis nalgas, mientras me decía lo sexy que me veía con esa voz tan ronca, que me fascinaba.


Lo sentía por todos lados, literal… el juguete pesaba un poco y eso era sexy. Él me tocaba y besaba con hambre y sus manos me estaban provocando un orgasmo monumental.


Cuando sentía los últimos estragos del orgasmo me dio la vuelta y me puso de rodillas ante él. Ni siquiera fui consciente en qué momento se desvistió, solo supe que lo tenía deliciosamente desnudo frente a mí.

Pude contemplarlo, sus piernas tan perfectamente marcadas, un tatuaje en la cadera que moría por besar, la línea que iba de su cadera hasta su verga, su abdomen, sus tatuajes, su sonrisa de triunfador, viéndome desde arriba, sus manos que empezaban a juntar mi cabello… o eso creía hasta que sentí una venda en los ojos. Y juro que me espante de pronto saber que no podía ver, que tenía algo en el culo, que él estaba desnudo frente a mi y que todo era nuevo y diferente, me asusto.


Escuche un par de veces el sonido de la cámara, a veces sentía su cuerpo muy cerca de mí y otras no sentía nada, los olores me llegaban a la nariz, ahora no solo era canela y chocolate, ahora había un olor a sexo, a hombre… a él.


De pronto lo sentí detrás de mí, una cuerda pasaba por mis muñecas y las juntaba en mi espalda, cada nudo venía acompañado de una pregunta. ¿cómo me sentía? ¿tenía miedo? ¿estaba bien? ¿me dolía?... cada pregunta venía con besos o mordidas.


Cuando me tuvo lista, atada, vendada, hincada y más caliente que nunca por fin me dejó probar su verga.


- Abre la boca y saca la lengua. Muero por sentir ese percing en mi verga.


Al hacerlo solo se acercaba y me daba pequeños golpecitos, pero sus gruñidos y jadeos me decían que se estaba conteniendo, y yo cada vez estaba más húmeda y sentía el juguete aún, de pronto puso sus manos en mi cabeza y la metió en mi boca, sintiendo la humedad, el calor y el roce de mi pieza. Entraba y salía a su merced, él tenía el control, y yo lo disfrutaba como nunca, una y otra vez hasta el fondo de mi garganta y de repente todo se tensó y sentí su delicioso orgasmo, su sabor era embriagante y el calor de su cuerpo me dio un orgasmo a mí también.


Soltó mis manos y destapó mis ojos, fue ahí donde me di cuenta que había puesto cojines a mi alrededor, por inercia caí sobre ellos, él me acompañó y comenzamos a platicar. En todo momento se preocupaba por cómo me sentía con él, si me estaba gustando, si quería algo especial, nos servimos una copa de vino, la plática fluía perfecto. Hubo risas y contamos mil experiencias del pasado, incluso fue por su cámara y sobre los cojines salieron fotos demasiado sexys, yo estaba satisfecha y había un juguete que me mantenía aún caliente, jugamos con las luces, con las cuerdas, con las texturas. Definitivamente esas eran las mejores fotos y de repente de la nada, me besó.


Un beso de película, un beso que detuvo mi corazón, que podía hacer girar mi mundo, comenzaba a tocar todo mi cuerpo, sus manos eran perfectas, y yo me perdía entre su cuerpo y el placer.


Y entonces puso mis pies en sus hombros y entró, sin pedir permiso, hasta el fondo y el placer fue sublime, sentía que me cogían por los todos lados, sentía su calor, su fuerza y todo el placer.


Entraba y salía como quería, una y otra vez y tres palabras bastaron para hacerme tocar el cielo…


- Termina conmigo pequeña.


Y así fue, disfrutaba yo de un rico orgasmo cuando de pronto sentí que sacó el juguete y el placer fue incomparable. Fue volar en el cielo y arder en el infierno aferrada a mi propio diablo personal.


Él sabía follar y me lo había demostrado de la mejor forma.


Tardé unos minutos en reponer mi respiración, mientras él aprovechó y tomó un par de fotos más. Pero eso había sido demasiado. Tres copas de vino más tarde tomé un baño, me vestí y salí de ahí rumbo a mi casa. Con la promesa de quedar en otra cita para escoger las mejores fotos.


Ya se las presumiré… 😉


Lhy.


 
 
 

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