Otro día en cuarentena
- Lilhy Camacho

- 31 may 2020
- 7 Min. de lectura

Como todos los días me levanté, me bañé y me conecté al trabajo. Así han sido mis días desde hace tres meses… trabajar desde casa es lo que tenemos que hacer para cuidar nuestra salud.
No me mal entiendas, me encanta estar aquí, pero extraño enormemente salir a la oficina, mis compañeros de trabajo, los jueves de chela en la oficina, las quincenas Godínez y uno que otro fin de semana de fiesta.
Ni que decir de las citas… la última que tuve fue hace tanto que el chico en cuestión ya hasta me dejo de hablar (si estás leyendo esto… quiero que sepas que aún pienso en ti). En fin, volviendo al tema, tengo que contarles algo grandioso que me sucedió.
La cuarentena, el encierro, el trabajo y la rutina me tenían loca ya, en un ataque de ansiedad (y mucho aburrimiento) me metí de nuevo a una página de citas, hace años que no entraba ahí… quise ver que había de nuevo.
Una foto tras otra de hombres sin playeras, casas en la playa o los mejores lugares turísticos y nada se me antojaba… más bien, ninguno llamó mi atención lo suficiente, andaba con antojo de algo diferente, algo más allá del clásico hombre que se siente único y diferente.
El algoritmo lo notó, porque después de muchas fotos rechazadas me llegó una notificación: “Están interesada en: - Hombres – Mujeres – indistinto”.
Eso me hizo pensar en la respuesta, tanto la computadora como yo sabíamos que hoy no quería un hombre entre mis piernas… hoy buscaría algo similar a mí.
Al momento de poner mujeres en verde todo cambió, una tras otra era cada vez más hermosas, miradas sexys, bocas irresistibles, escotes que me parecían hechos por la mano de los ángeles… uno, dos, tres, cuatro match después y apareció un sobre coqueto en la esquina de mi pantalla.
Un perfil que solo mostraba unos labios rojos increíbles, su Nick era: Soft.
- Hola hermosa, ¿cómo estás? – Preguntó
No sabía si contestar o no, así que antes de hacerlo me metí en su perfil, quería conocer un poco más de ella…
Fotos provocadoras, pero sin mostrar su cara. Un par de pechos que exigían atención y unas piernas largas y perfectas fue lo de menos cuando vi su ubicación: “50 metros cerca de ti”. 5 palabras con una promesa sumamente sexy.
- Hola. Todo de maravilla, gracias. ¿Tú qué tal? – contesté después de varios minutos.
- Que bueno, yo estoy aquí pensando en ti…
- ¿en serio? ¿qué piensas de mí?
- En lo mucho que me gustas.
- Perdón, ¿nos conocemos?
- No, pero eso se puede solucionar…
Y ahí estaba la propuesta que esperaba.
Platicamos por poco más de una hora y yo seguía sin saber quién era, lo cual me ponía muy nerviosa y caliente a la vez.
Ella era inteligente, divertida y muy coqueta, tan libre que se me antojaba volar junto a ella.
Un par de horas después nuestra conversación estaba muy candente, me descubrí deseándola más de lo que esperaba y en un ataque de euforia la invité a mi casa. Después de todo llegaría en menos de 5 minutos.
Quedamos que llegaría en punto de las 10:30 de la noche. Eso me daba dos horas para arreglar mi casa y quedar lista para nuestro encuentro.
Limpié mi casa, puse a enfriar una botella de vino y por fin me metí a la regadera pensando que en poco tiempo podría disfrutar de esa delicia de mujer, sus fotos eran espectaculares, moría por sentir sus labios, por conocer su sabor. Aunque algo me ponía nerviosa, ella era 10 años menor que yo. Una delicia de 20 años que está conociendo de la vida, y hoy venía preparada para la lección que le pudiera dar.
Al salir del baño me puse mi mejor lencería, un conjunto de encaje negro con el que me sentía sexy; un vestido negro de tirantes y unos zapatos discretos. Justo en el momento que terminaba de peinar mi cabello sonó el timbre.
14 pasos que se me hicieron eternos, poco a poco sentía como mi corazón se aceleraba, la música de fondo era suave y aún así sentía que estaba muy fuerte, quizá solo eran mis nervios, mi interés de saber quien era ella.
Al abrir la puerta tuve que esperar un par de minutos para poder reaccionar, claro que la conocía… ella era la hija de la señora que todos los días me vendía el desayuno en el gimnasio. La había visto varias veces entrenar ahí, y siempre la vi tan niña, tan chiquita… que nunca imaginé que ella fuera quien me provocaba todo tipo de pensamientos.
Era un poco más pequeña que yo, venía con una minifalda con tablones negros y una camiseta blanca con un escote tan sublime que moría por disfrutar. Ahí estaba con una sonrisa traviesa, sabiendo que estábamos a punto de romper todas las reglas, que esta noche ella sería mía.
Paso frente a mí y yo seguía sin poder decir nada, mis ojos iban de su mirada retadora a esos labios infernales, una sonrisa de medio lado fue lo único que vi antes de que me dijera otra vez:
- Hola hermosa ¿cómo estás? ¿puedo pasar?
Escucharlo, ahora sí, de su voz fue mucho más genial.
Asentí con la cabeza y en un segundo sentí su dulce cuerpo junto al mío y uno beso en la comisura de mis labios me hizo saltar de la impresión.
Definitivamente ella ya no era la niña que yo imaginaba, y ahora estábamos aquí las dos.
- ¿Quieres una copa de vino? – le pregunté.
- Claro, muchas gracias, ¿te ayudo con algo?
- No te preocupes yo lo hago
- Quiero hacerlo
- Esta bien, vamos a la cocina
Mientras sacaba el vino podía sentir la forma en que me veía, su mirada quemaba mi cuerpo y moría de ganas de besarla, pero por ser ella valía la pena esperar y hacerlo un poco más épico.
Saqué las dos copas de vino, serví un poco en las copas y mientras quedaba la segunda le dije:
- Este vino es delicioso, es mi favorito, ¿sabes cómo sabe mejor?
- No, ¿cómo?
Serví el vino, dejé la botella en la barra, le di un sorbo mientras ella veía cada movimiento que hacía con detenimiento esperando mi respuesta.
Un segundo después la copa acompañaba a la botella en la barra, y mientras aún tenía el delicioso sabor en la lengua me acerqué a ella y la besé. Sus labios eran divinos, y al meter la lengua en su boca ella pudo sentir el sabor del vino en mí.
Mis manos rodeaban su cabeza para mantenerla en el lugar que yo quería, pero el pequeño ronroneo que dio me hizo acercarme mucho más, mientras sentía sus delicadas manos en mi cintura, poco a poco bajaban por mi cadera y quedaron justo donde empezaba mi nalga.
Una de mis piernas se coló entre las de ella y sentí como se juntaba más a mí mientras yo la besaba como está prohibido hacerlo.
Esa mujer era deliciosa.
La solté y poco a poco fue alejándose de mi cuerpo, sus gemidos eran suaves y dulces. Juraría que ella estaba tan húmeda como yo.
Llevamos las copas a la sala y comenzamos a platicar, cada vez más cerca una de la otra, mientras ella me contaba de su vida sus aventuras y los planes de su vida yo no podía dejar de tocarla y besarla. Su piel era perfecta, su olor me enviciaba y esa sonrisa, tan coqueta y decidida lo era todo.
Ella preguntaba acerca de mí, pero por primera vez no quería hablar de mí, esta noche era de ella.
En cierto momento hubo un silencio que no fue para nada incómodo, más bien las dos lo tomamos como una antesala a lo que vendría. Las dos dimos un trago al vino, dejamos las copas en un lugar seguro y acto seguido nos fuimos una por la otra.
Besándonos con pasión, mis manos recorrían cada centímetro de su cuerpo, ella tomaba mi cabello y jugaba con él mientras poco a poco le quitaba su ropa.
Al momento de verla en ese bra color nude y una tanga negra me supe la más afortunada. La recosté en el sillón y comencé a besar esos pechos que me encantaban y bajé lentamente besando cada centímetro de su diminuta cintura, el percing de su ombligo era tan sexy que tuve que detenerme a jugar con él.
Su cadera tenía curvas perfectas, al besarla ahí ella se retorcía y gemía de puro placer… y supe que era momento de verificar qué tan húmeda estaba por mí. Bajé lentamente su ropa interior y me descubrí en mi lugar favorito.
Contemplarla así era un arte, era perfecto. Ella se abría para mí y yo lo agradecía pasando mi lengua por lugares estratégicos, subía y bajaba mi lengua, mientras metía lentamente un dedo.
Ella estaba recostada en el sofá mientras yo estaba de rodillas en la alfombra. En cierto momento me pidió parar, y por mi cabeza pasaron mil cosas, si lo que hacíamos estaba muy mal, si se sentía incómoda… mil cosas así.
Ella lo notó, sonrió y con su dulce voz solo dijo:
- Te quiero disfrutar yo también, levanta las manos.
Y me sacó el vestido, seguido de un suspiro que me calentó enseguida.
Me tomó de las manos para acostarme justo sobre ella, una de sus piernas quedaba entre las mías y yo podía sentir perfecto su humedad sobre mi pierna derecha.
- Quiero probar mi sabor en ti
Eso fue lo más sexy que me había dicho hasta el momento, así que la besé de nuevo.
Nuestras lenguas danzaban al mismo ritmo que nuestras caderas se mecían.
“Baby come back” sonaba de fondo y nuestros cuerpos disfrutaban al ritmo de la melodía.
Por momento ella besaba mi cuello y mis hombros, mientras yo disfrutaba de los pechos tan deliciosos que tenía.
Estar con ella era la gloria, nuestros cuerpos se ajustaban y podía sentir como juntas tocábamos el cielo.
Dos copas de vino nos bastaron para comenzar de nuevo, esta vez eran dos cuerpo desnudos, calientes y deseosos de más placer.
Yo estaba sentada en el sofá mientras ella se movía deliciosamente sobre mí, sus tetas me quedaban en mi cara, así que podía besarlas y morderlas a mi antojo, ella bajo su mano y la puso exactamente entre nuestros cuerpos.
Movimientos circulares y de vez en cuando una palmada perfectamente medida para darnos el placer perfecto a las dos.
Besos, mordidas, miradas… esta mujer me enloquecía.
La tomé de la cintura y la levante para acomodarnos como era debido… quería sentir su piel con mi piel. Y así perderme en la delicia de su humedad.
Nuestros jadeos se acoplaban, las respiraciones eran irregulares y el beso que me dio fue de total gratitud.
Poco a poco caímos acostadas, mientras la abrazaba y un ligero sueño nos perseguía.
La luz del día entraba por la ventana y me daba directo en los ojos, su cabello picaba mi nariz, pero su respiración pausada me daba paz. Estaba segura de que por ella sería capaz de perder la cabeza, como ya lo había hecho.




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