Transferencia aceptada
- Lilhy Camacho

- 15 may 2020
- 9 Min. de lectura

Hoy era uno de esos días eternos, que pasa una cosa tras otra empeorando cada vez más. Para empezar no me dio tiempo de desayunar gracias a que había un tráfico terrible para llegar a la oficina, así que pasé toda la mañana con hambre. Para colmo no llevaba mucho efectivo y los cajeros estaban repletos de gente. ¡Aggh! Definitivamente no era mi día.
En la oficina casi a punto de salir Hugo me tiró una taza de café casi hirviendo en la blusa. Así que me tuve que cambiar en el baño después de hacer el peor oso frente a todos mis compañeros.
Me salí enojada, acalorada y de malas. El suéter que me puse me picaba y todo iba peor…
Llegué a mi casa corriendo para cambiarme y poder alcanzar el banco abierto. Eso era lo único que me daba esperanza. Por fin iba a sacar mi dinero para pagar el viaje de mis sueños. Dos años completitos, viviendo por periodos en distintas ciudades. Empezando por Oslo.
Como no tenía ganas de nada me puse la primera falda que encontré, mis vans y una camiseta de los Ramones, el viejo look de hace años, con el que me sentía completamente cómoda y normal.
Mi mamá y mi hermana aún dicen que cuando me visto así me veo como la niña pandrosa que patinaba en la secundaria… quizá hoy necesito sentirme de nuevo así. No quiero que la realidad de un adulto me absorba, hoy quería ser solo yo. La misma Lhy de siempre.
Así que me puse mis lentes de sol y fui al mismo banco donde abrí la cuenta justo un año antes. Recuerdo que me quería sentir tan formal que me equivoque con todos mis datos, mis nervios me traicionaron.
Es que, para acabarla, el ejecutivo que trabajaba ahí era sumamente guapo. Serio a más no poder, estaba capacitando a la chica que me ayudo, y no se quien estaba más nerviosa, ella o yo. Creo que a las dos nos causaba el mismo efecto saber que estaba parado detrás de nosotras.
Quincena tras quincena he ido a depositar al mismo banco para poder verlo, aunque sea unos minutos. Aunque él no está en las cajas donde paso, siempre es lindo verlo pasar de un lado a otro.
Y hoy lo vería un poco más…
Llegué super feliz y contenta, pensando que al estar en el banco 5 minutos antes de que cierren no me hace una cafre, cuando de pronto ¡Pum! Portazo en mi cara. Resulta que la “encargada” del banco dijo que no era tiempo suficiente para una transacción.
Y ahí estaba yo, más enojada que nunca… con pinta de niña berrinchuda que no sabe nada de la vida. Pero no… yo sabía que aún estaba en horario y me iban a atender sí o sí.
Como toda millenial sabía que la solución estaba en Google… busqué la sucursal y el teléfono de esta. Y marqué. Uno, dos, tres tonos después… una voz grave de hombre me respondió.
- Buen día, te estás comunicando a la sucursal Norte. Mi nombre es Miguel, ¿en qué te puedo ayudar?
- Hola, yo soy Lilhy. ¿Me puedes decir a qué hora cierran la sucursal?
- Mucho gusto. Cerramos en 7 minutos exactamente.
- ¿Y cuanto tiempo me lleva hacer una transferencia bancaria?
- Un par de minutos máximo.
- ¿Entonces porque me cerraron la puerta en la cara si todavía tengo tiempo de hacerlo?
- ¿Perdón?
- Sí, la chica que trabaja en esta sucursal acaba de cerrar y me dijo que no.
- Bueno, es que por la hora…
- ¿Entonces no cierras a la hora que dices, cierras a la hora que crees conveniente?
- No, dame un minuto y te abro de nuevo.
- Gracias, espero.
Mi corazón latía al mil, estaba tan enojada… que ni siquiera me importaba parecer una niña berrinchuda.
Pude ver como el chico de mis sueños venía hacia la puerta mientras le decía algo a la chica que me había cerrado, y por sus movimientos creo que ella quiso recordarme hasta mis antepasados por haber hecho esa llamada.
Entonces caí en cuenta… había hablado con él. Quien me contestó fue el mismo que siempre me robaba mis suspiros y quien había sido mi inspiración en algunas noches de soledad… y ahora venía hacía mí.
Mi corazón latía a mil, me sudaban las manos y no sabía bien la razón.
- Hola, perdón por el inconveniente, pasa por favor.
- Gracias – dije con un poco de voz, causados más de los nervios que el coraje.
- Mucho gusto yo soy Miguel, el gerente de esta sucursal, dime en qué te puedo ayudar.
- Yo soy Lilhy, mucho gusto.
- ¿Me decías que quieres hacer una transferencia?
- Sí, justo eso quiero hacer, pero antes quiero saber cuánto dinero tengo en mi cuenta.
- Claro, vamos a mi escritorio y yo con gusto te ayudo.
Lo dijo mientras ponía su mano en mi espalda y yo hiperventilaba más y más. Al pasar junto a la vieja que me cerró la puerta pude ver como me quería comer con la mirada y con un aire triunfal caminé al lado de mi chico ideal.
Para llegar a su lugar teníamos que subir unas escaleras, como buen caballero me dejó subir primero. Como buena dama agradecí el gesto, hasta el tercer escalón donde me di cuenta de que traía una falda verde sumamente corta, y subiendo las escaleras delante de él podría asegurar que con un mínimo esfuerzo podría ver mis cacheteros negros.
Pensarlo me pareció sexy, pero debía comportarme. Estaba ahí por negocios y él por trabajo.
Llegamos y me ofreció una mini botella de agua fría que sacó de un pequeño refrigerador de la esquina. Creo que él solo atendía a las personas importantes, porque después de un año de ir nunca me daban ni las gracias.
Mientras sacaba un folder de otro mueble pude notar que se tardaba más de lo normal, entonces voltee de reojo a ver qué pasaba y el chico estaba perdido en mi camiseta. Que cabe mencionar deja ver mi bra rosa. Y entendí el porqué la gente no va así vestida al banco. Es fácil distraerse y ahí no es conveniente que pase eso.
Pensarlo me dio risa y eso lo hizo apurarse y dejar de ser tan obvio.
Por fin sentado frente a mí, con esa cara de serio que lo distingue lo podía ver perfecto. Su barba, sus hermosos ojos oscuros, y unos labios que me daban ganas de probar.
Me pidió unos datos para abrir mi cuenta, entre ellos mi fecha de nacimiento.
- 28 de febrero, y me gustan los regalos – contesté
- Lo tendré presente
Me dijo con una media sonrisa que me volvió loca, después de todo este chico era coqueto y sexy.
Me dio mi estado de cuenta y preguntó un par de cosas respecto a la transacción que iba a hacer, y yo me solté, como suelo hacerlo, a contarle de mi nueva aventura que tendré. Cada vez se emocionaba más y me preguntaba más cosas y de repente nos vimos hablando de los viajes, los amores y la vida. Ahí en su lugar de trabajo.
Poco a poco venían sus compañeros a despedirse, después de todo ya era la hora de salida. Uno a uno se fue mientras nosotros cada vez estábamos más divertidos.
Me ayudo a hacer la transferencia y en un intento de acercarme un poco a él le pregunté cómo podía saber cuánto era el equivalente en euros lo que yo tenía en la cuenta.
- Ven, mira… te enseño.
Dijo en un tono tan bajo que se me heló el corazón y se me calentó la cabeza. Eso era una total invitación para romper la barrera del escritorio. Sin dudarlo me acerqué, rodeé el escritorio y me recargué muy cerca de la pantalla.
Movió un poco su mouse y me enseñó cada cambio con cada depósito que hacía.
Al principio super concentrado, pero al poco tiempo se trababa un poco y tardaba años en contestar las tontas preguntas que me ingeniaba para estar ahí muy cerca de él.
Sentía su respiración cada vez más agitada, al mismo compás que la mía.
Giré para tenerlo frente a mí con una sonrisa triunfante… un año llevaba viéndolo y pensando cómo sería poder platicar con él. Y mejor aún cómo sería tenerlo entre mis piernas.
Su mano estaba sobre su pierna a solo dos centímetros de mi pierna, solo una sonrisa bastó para que subiera su mano y rozara suavemente mi piel.
Un roce que me calentó en segundos solo sentía dos de sus dedos tocando mi pierna y yo ya estaba jadeando.
Él estaba ahí, esperando, disfrutando y yo ya no podía más.
De pronto se ajustó en su silla, me tomó de la cintura y me sentó sobre su escritorio. Yo jadeaba y él se tomaba su tiempo, me veía como un niño chiquito ve un caramelo. Era tan sexy y hedonista que solo me quedó cederle el poder.
Se acercó y besó mis piernas… su barba me hacía cosquillas y su beso era suave y húmedo, que me encantaba. Después del beso húmedo pasó sus dedos tibios sobre el mismo lugar, masajeando tan rico que me encantó… estaba perdida en esa sensación cuando sentí una mordida en la otra pierna, no dolía pero podía sentir sus dientes marcando mi cuerpo mientras seguía masajeando la otra pierna, lo sentía por todos lados.
De pronto se movió un poco para adelante y aspiro mi aroma… y en un suspiro me vio a la cara.
- Llevo un año esperando esto – me dijo de pronto.
- ¿Qué?
- Recuerdo cuando llegaste a abrir tu cuenta, estabas tan nerviosa que me pareciste encantadora. Las historias que contabas eran tan geniales.
- No lo puedo creer
- ¿Te molesta? – preguntó más preocupado de lo que hubiera imaginado
- Al contrario – contesté con una sonrisa
En un segundo se paró de su silla, tomó mi cabeza poniendo su mano en mi cabello y jalándolo de una forma tan suave que era el contraste perfecto a la forma salvaje que tenían sus labios en besar los míos.
Un beso marcado, perfecto. Con una mano sostenía mi cabello y mi cabeza y con la otra me jalaba de la cintura para que pudiera sentir su cuerpo caliente y húmedo entre mis piernas.
Los besos y las caricias aumentaban, puso sus manos en mis piernas. Subía y tocaba a su antojo. Al tiempo que yo desabrochaba poco a poco su camisa.
Descubrir sus tatuajes era como encontrar el mapa del tesoro, él besaba y mordía los míos a su paso y supe que también le gustaban.
- Eres un rico panquecito - decía una y otra vez mientras mordía mi tatuaje.
Este hombre me volvía loca, mientras mi camiseta estaba tirada en junto a la silla y su camisa sobre el monitor de su pantalla.
Subió mi falda hasta que parecía un cinturón muy ancho en mi cintura, me recostó un poco en su escritorio y bajó lentamente mis bragas por mis piernas.
Y es todo lo que pude ser consciente, porque un segundo después su boca y su lengua me hizo perderme en el mejor de los placeres.
Me llevaba al cielo y al infierno mezclando besos con mordidas mientras sus manos aún marcaban mi cuerpo y yo solo tocaba su cabeza para mantenerlo en el mismo lugar… enseñándole el camino a la felicidad.
Aún sentía los últimos estragos de mi maravilloso orgasmo cuando lo vi de pie contemplándome, viendo la forma que tenía de gemir por él, estando tan alterada y necesitada de más.
- Mi turno – dije mientras me iba a poner de pie (o de rodillas en este caso)
- No nena… déjame disfrutarte un poco más
Me ayudó a levantarme y estando de pie junto a él me dio la vuelta y comenzó a besarme el cuello, la espalda y comenzó a bajar, besando todo a su paso, marcando mi cuerpo por completo.
Hasta llegar a mis nalgas, las besó, mordió y marcó como quiso mientras masajeaba mi clítoris… cada vez más fuerte, a su tiempo, a su forma, a su ritmo.
Me tenía completamente húmeda y perdida en sus caricias cuando de pronto dejé de sentirlo, y en un momento me sentí perdida.
- ¿Estás lista?
- Para ti siempre
Me recargo un poco en el escritorio y entró en mí por detrás, una embestida directa, sin tapujos. Haciéndome suya justo como debía de ser.
Cada estocada tocaba en puntos adecuados, cada una venía acompañada de besos y mordidas mientras jalaba mi cabello.
Era increíble como podía follarme tan duro y a la vez ser tan suave y dulce.
Me enloquecía en toda forma.
Y así, una tras otra me llevaba al cielo junto con él.
- Termina conmigo hermosa
Tres palabras que me hicieron entregarme a él de la mejor forma.
Terminó sentado en su silla conmigo sobre él. Aún estaba dentro de mí y nos movíamos suavemente mientras masajeaba mis tetas y me decía cuántas veces me había visto en esa sucursal.
Yo le contaba de mí, de mis planes y de cuanto me gustaba aún sin conocerlo.
Ambos sabíamos que esto no podría ser, al menos no por ahora… pero en este momento éramos uno mismo, ahora todo era posible.
Y este, definitivamente, era una entrada triunfal de la mejor aventura de mi vida.




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