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Un nuevo proyecto

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 6 jun 2020
  • 24 Min. de lectura

Actualizado: 7 jun 2020


La primera vez que escuché hablar de él me pareció el tipo más aburrido de la historia… Uno de esos que se para frente a sus empleados en su oficina de cristal y da ordenes como si fuera el rey de esa jungla. Un típico señor amargado que no tenía nada más que ofrecer que ideas de antaño y un humor de la chingada.


Con el paso de las reuniones, en la oficina, mis compañeras hablaban más y más de él, y yo no entendía que le veían. Solo era un cliente más, y lo peor, de los aburridos y nefastos.

Y no es que me hubiera hecho algo para caerme mal, al contrario… la primera vez que hablamos por teléfono me dejó explicarle todo el proceso contestando con ocasionales

“ok´s” y me colgó sin decir más… para venirme a enterar que le dijo a mi jefe que solo me tenía ahí por mi cara bonita.


Para mí, tenía la palabra “Nefasto” tatuado en la frente y los miles de comentarios que hacían mis compañeras solo me parecían vacíos… seguro él pensaba lo mismo de ellas.

A él en específico, debo decir que no lo toleraba, evitaba hablarle lo más que se pudiera y en muchas ocasiones prefería un absurdo correo electrónico que enviarle un mensaje o una llamada personal. Aunque sabía que tarde o temprano tendría que lidiar con él tiempo completo, por la complejidad de mi área de trabajo.


Y de pronto llegó el día, videollamada con mi jefe a las 8:15 para tratar todos los pendientes y los pasos a seguir con “Nefas”, al parecer trabajaríamos tres semanas corridas para terminar el proyecto en el tiempo estimado… ni hablar, tenía que soportarlo, era parte de mi trabajo.


Al colgar la llamada con mi jefe me preparé mi café favorito, el que siempre me hago para consentirme, porque hoy lo necesitaba para aguantar.


10 en punto y sonó la alerta de una videollamada nueva.


- Hola, buenos días – Decía la voz del otro lado, un enorme cuadro con una jota roja anunciaba que ya había entrado. Al menos no me molestó con su cara en la pantalla.

- Hola Jonhy, ¿cómo estás? – contesté queriendo parecer un poco amigable.

- ¡Súper! ¿Y tú?

- Bien gracias, te quiero contar de los pasos que vamos a seguir en este proceso, empezando con llamadas en punto de las 8 de la mañana para aclarar los puntos y retroalimentaciones de los avances que tengamos, seguido de reunión con Carlos y Ana para avanzar en el proceso de diseño y después del medio día ya sea por videollamada o presencial – le rogaba al cielo que no fuera así – seguimos trabajando en el proyecto. ¿Te parece bien?

- No – contestó sin más.


Sí, casi hago corto circuito por su respuesta, o sea, ¿cómo que no… qué le pasa?


- ¿Perdón? Esa es la forma en la que trabajamos aquí, siguiendo estos pasos es como vamos a poder terminar a tiempo.

- Pues no, no me parece… creo que debemos trabajar de otra forma.

- ¿Qué sugieres?

- Primero, la llamada es a las 7:30 y vamos a meditar juntos por 20 minutos seguido de 10 minutos donde me vas a platicar algo personal. Antes de iniciar el día trabajando lo vamos a iniciar como personas normales que hacen esto por amor. Cada día nos vamos a retroalimentar en actitud, desempeño, avance, comodidad… todo.

- Ok, pero la llamada tiene que ser breve porque Juan y Ana…

- Ellos van a participar algunas veces en la dinámica de la mañana, pero en realidad seremos tu y yo, nada más.


¡Mátenme! ¿Era en serio lo que estaba diciendo?


- Al medio día, en medida de lo posible comeremos juntos y los fines de semana vamos a tomarnos un descanso.

- Discúlpame Jonhy pero no creo que haciendo eso tengamos una diferencia en la entrega, yo tengo un plan que me funciona y con el que te garantizo sale la producción.

- Pues en ese caso solo te pido una semana para intentarlo, si no funciona a la semana dos volvemos a tu sistema y listo.

- Pero si perdemos el tiempo en esa semana nos podemos retrasar.

- Bueno, me hago responsable con los socios por el tiempo perdido.

- Pero mi jefe, Ana, Juan… todos, vamos con el tiempo medido.

- Por eso, ¿qué es lo peor que puede pasar?


“¿Quizá trabajar de más junto a ti?” – pensé, ¿por qué me hacía esto?


- Ok, vamos a intentarlo una semana a tu método, ahora somos parte del mismo equipo y el compromiso es entregarte los resultados esperados, así que vamos a trabajar.


Y con eso acepté mi derrota, lo quiera o no él era un cliente y debíamos ajustar a trabajar juntos. Aunque pararme antes de las 7 para meditar no era muy de mi agrado, pero era la clase de cosas que uno hace por no perder el trabajo.


En punto de las 4 de la tarde estaba por enviarle la propuesta, los tiempos y el proceso cuando un mensaje personal llegó: “Espero que todo vaya bien, por favor dame 10 minutos mientras me preparo un café y podemos empezar”.


Después de todo no era mala idea, hice lo propio y 4:10 comenzamos la llamada de nuevo. Curiosamente el olor del café todo momento junto a mi computadora hizo más llevadero el plan de trabajo. En punto de las 8 agradeció mi tiempo, mi trabajo y paró con el trabajo, aunque en nuestro plan estaba trabajar una hora más.


- Ahora cuéntame, ¿cómo te sentiste en el primer día de trabajo?

- Bien, creo que avanzamos super bien, te quiero enseñar la carpeta de…

- Para niña, para. Por hoy dejamos de trabajar.

- Pero…

- Nada, hoy es el primer día, hoy debemos ir con calma. Quizá los próximos días si ocupemos el tiempo completo, pero hoy no.

- Ok, pues creo que avanzamos de maravilla.

- Sí, yo creo lo mismo, ya te dejo descansar.

- Perfecto, nos vemos mañana 7:30


Pues no me podía quejar, me dejo salir temprano… eso era un buen gesto.


7:30 en punto y la llamada estaba ahí. Puntual.


- Hola

- Buenos días Jonhy


Esta vez sí prendió su cámara, pero solo veía su playera de star wars, nunca lo hubiera imaginado… debajo un pans de franela o algo parecido. ¿Era en serio? Yo sí me paré temprano para poder bañarme y maquillarme y él se presenta en pijama… ¡No lo puedo creer!


- ¿Ya prendiste tu incienso? – preguntó.

- Si claro, también la veladora roja – contesté con el sarcasmo menos disimulado de la vida.

- Jajajajajaja


De verdad era una carcajada, de esas que salen del fondo de la garganta y que puede llegar a ser contagiosa.


- Esa boquita niña.

- Lo siento, no sabía que debía traer incienso o algo así.

- Bueno, eso era un poco de sarcasmo para romper el hielo, no es necesario, aunque lo deberías de probar.

- Ok, quizá algún día de esta semana.

- Me encantará saber que así es.


Puso música de fondo, de esa que rara vez escucho, solo cuando me voy con mi hermana a algún centro holístico para no perder la cabeza. Pensar en eso me hizo sonreír, siempre nos escapamos así cuando alguna de las dos esta hasta la madre de la realidad, siempre juntas, siempre de la mano.


Mientras pensaba en esto no me di cuenta de que había subido el volumen y que ahora estaba en posición de loto en la alfombra de su casa.


- Cierra los ojos, escucha la música, siente tu respiración – decía lentamente con una voz que me transportaba a algún lugar con paz – siente como entra el aire en tu cuerpo, como se llenan tus pulmones de oxígeno…


Poco a poco me fui relajando, incluso era consciente de la gota que caía de mi cabello aún mojado. Sentí como cayó de mi chongo mal amarrado por el contorno de mi oreja, lo recorrió lentamente hasta llegar a mi arete y un segundo después la misma gota caía en mi clavícula. Eso hizo que mi piel se alterara, el contraste de la temperatura era obvio. Me puse alerta y mi respiración se agito cuando la gota bajó poco a poco hasta rodear mi pecho derecho y siguió su camino lentamente hasta llegar al pequeño pedazo de tela de mi brasier. Imaginar la mancha que dejaría en la tela me hizo sonreír y justo con ese suspiro sentí como el aire que yo misma sacaba erizaba mi piel.


La música era mística, su voz era suave y yo estaba perdida en una gota que caía de mi cabello.


- Ahora poco a poco comienza a abrir tus ojos decía mientras la música se paraba.

- ¿Mis ojos? – pregunté sin entender muy bien porqué.

- Sí, ábrelos. Jajaja


Y sí, noté que los tenía cerrados y por eso es por lo que en todo momento podía ver como en una película todo el recorrido de esa interesante gota.


- Ok, cuéntame ¿qué tal te sentiste?

- Mmmmm

- ¿Relajada?

- Sí, mucho. Creo que conectar mi cerebro ahora será difícil.

- Al contrario, ahora lo harás con más claridad.

- ¿Desayunaste? ¿dormiste bien?

- Hummm si

- Hoy vamos a trabajar mucho más pesado que ayer, por eso pregunto

- Estoy lista

- Tranquila, aún tenemos 5 minutos, ¿recuerdas? Hasta las 8 comenzamos a trabajar.


Y tal cual fue así… platicamos un poco y en punto de las 8 comenzamos con los comentarios de trabajo. Nunca había tenido ese nivel de compromiso, fue raro.


Unas horas después mientras yo trabajaba en una proyección me pidió esperarlo unos minutos. Y como en realidad lo menos que notaba era la cámara o su pantalla no tuve problema con quedarme trabajando sola un rato. 20 minutos después escuche de nuevo su voz, al parecer hablaba con alguien más.


- Hola de nuevo Lhy, ¿de qué me perdí?


Su voz se escuchó mucho más cerca esta vez, y la curiosidad me hizo abrir la pestaña de la conversación… y fue la primera vez que lo vi.


Un par de ojos cafés me impactaron de lleno, mi mundo se detuvo unos segundos y solo me quedé prendada en esa mirada. No hubo nada más, hasta que escuché su voz y me hizo ver su boca. Un par de labios gruesos y deseables se escondían detrás de una barba completa, por todos los Dioses, me encantan los hombres de barba. Su pelo mojado y despeinado parecían los de un chico descuidado, pero juraría que cada cabello estaba estratégicamente acomodado para que luciera así. Una camisa blanca y un chaleco azul era su look ahora, nada que ver (y sí) con el chico de la sudadera de star wars. Este hombre no tendrá más de 35, y ahora me estaba haciendo perder el norte.


- ¿Me escuchas? – repetía una vez más

- Hola Jonhy, ¿todo bien?


Intenté, juro que lo intenté, fingir que todo estaba bien, pero mi voz ahora se quebraba y apostaba todo a que se había dado cuenta.


- Sí, todo bien. Perdón por la tardanza, tomé un baño super rápido.

- No te preocupes, yo avancé un poco mientras te fuiste, te muestro mi pantalla.

- ¿Eso era lo que veías cuando llegué?

- ¿Por?

- Tu cara era una poesía, quiero pensar que es porque ya quedó mi proyección, ¿cierto?

- Jajajaja, algo así.


Sabía que lo había notado, pero fue inevitable perderme en esa cara que ahora se presentaba en la pantalla. Ahora entendía los comentarios que se escuchaban en la oficina, pero seguía sin entender porque había dicho eso de mí.


El siguiente día fue genial, me descubrí (¿cómo no?) coqueteándole de pronto. Y él siempre sereno.


Así pasaron los días. El sábado trabajamos hasta medio día, después prometió no llamarme ni mensajearme hasta el siguiente lunes… todo el domingo me descubrí pensando en él.


Pero aún así aproveché para comer con mi hermana y mi mamá, retoque el color rojo de mi cabello y tomé la tarde para consentirme un poco.


Lunes 7:30 de la mañana y el tono que alteraba mi corazón llegaba. Ahí estaba yo con un minishort y una camiseta, esta vez sin bañarme porque lo haríamos después de la meditación, en vez de platicar, para empezar trabajar en punto de las 8:10. Cabe mencionar que esos 10 minutos me los gané porque gracias a mí nos aceptaron la primera parte de una licitación que necesitábamos para el proyecto, así que ahora tenía 20 minutos para arreglarme.


- Hola Liliana ¿estás lista?

- Sí, pero no me digas así… siento que me regañas.

- No tendría porque regañarte

- Ya sé, pero así siento

- Ok, ¿cómo quieres que te diga?


“Mira, puedes ir desde mi vida, mi cielo, pequeña, bebé, muñeca, amor… hasta te voy a hacer mi puta personal y te voy a coger hasta que lleves mi olor grabado en tu piel” imaginé contestarle por un momento, pensar en esto me hizo reír y ponerme tan colorada como un tomate.


- Lilhy, así nada más

- Ok, Lhy ¿comenzamos?

- Cuando tú me digas

- Cierra los ojos


Y lo hice, descubriendo que a partir de ese momento haría todo lo que él me pidiera. Lo descubrí tan inteligente, tan hábil y caballeroso que me tenía impactada.


Los días pasaban tan rápido, que sentía que me duraba 2 minutos nada más.


Un par de veces nos tocó tanto trabajo y estrés que alguno de los dos terminaba enojado. La primera vez que me pasó estaba tan enojada porque Ana decidió hacer algo que no le correspondía y la que recibió el regaño fui yo, por ser la responsable del proyecto, pero al parecer a nadie le importó, Jonhy por su lado estaba tan pacifico que me desesperaba, me tuve que salir a fumar para poder calmar el coraje. La siguiente vez fue él, porque no le mencione una llamada que tuve con uno de los socios lo cual cambiaba el rumbo que tomaríamos. Cuando se enteró estaba tan enojado que mejor se desconectó y no me volvió a hablar en todo lo que quedaba del día.


Las meditaciones después de un coraje así eran con música más intensa, incluso con un toque de canciones celtas, tambores y sonidos llenos de poder. Sentir esa experiencia al iniciar el día estaba cambiando por completo mi forma de trabajar.


Ya íbamos en la semana tres, estábamos a unos días de terminar. Y eso me partía mi corazón, pero así era esto… solo proyectos temporales donde te entregas por completo, defiendes tus ideas, tu esfuerzo y al cabo de unas cuantas semanas se toma una decisión y todo termina… así, nada más.


Yo era la única del equipo que al terminar un proyecto seguía manteniendo como amigos a algunos clientes, por eso mismo me invitaban a más eventos y obvio disfrutaba mucho más mi trabajo. Pero esta vez, este proyecto se había metido hasta mi alma, y la razón no era más que toda la magia y misterio que se encondía detrás de esos ojos cafés, que ahora eran mi perdición.


Nos quedaban pocos días del proyecto, seis días para saber si había valido o no la pena tanto esfuerzo. Mi record era impecable, el haber trabajado en todas las áreas de mi oficina me daba muchas armas, esa es la ventaja cuando empiezas desde abajo, aprender a base de cagarla una y otra vez, pero los resultados a final de cuentas son chingones, son épicos.


Yo quería cerrar este proyecto como los Dioses lo mandan, de forma magnifica y generosa. Así que en medio de una comida con mi jefe y con Jonhy sugerí terminarlo en la hacienda que a veces rentábamos para los eventos corporativos. Yo tenía buen trato con el dueño, así que sería algo así como un préstamo a cambio de un servicio… y como era de esperarse, ambos aceptaron.


Nos iríamos el jueves en punto de las 10 y regresaríamos el lunes en la noche, después de recibir la respuesta.


El miércoles terminamos de trabajar a las 8 en punto para alistar todo para la salida.


Caí en cuenta que pasaría un fin de semana con un hombre que me traía loca, no solo por ser guapo, aunque él era uno de esos chicos que no sabe que lo es… el clásico que nunca se entera que trae babeando a todas las chicas de la oficina, o de cualquier lugar donde vaya, porque su vida y su pasión están en su trabajo, en sus metas, en sus nuevos proyectos. Hablar con él era la jodida gloria. Y ahora pasaríamos unos días en un lugar mágico.


Vestidos, trajes de baño, ropa formal y un par de conjuntos de lencería mega sexy fue mi guardarropa para ese fin de semana. Una maleta mi mochila y un sombrero salido de una revista, todo estaba listo en la puerta.


Jueves 7:30 en punto y comenzaba una meditación con una danza divertida y con mantras pegajosos, ambos estábamos de buenas por el trabajo y por complementarlo con un fin de semana fuera de la ciudad. Esa meditación duró mucho más, casi 40 minutos, porque sabríamos que era muy probable que no dormiríamos los próximos días, pero lo entregaríamos todo.


En punto de las 9:50 un mensaje llegaba a mi teléfono.


“Estoy fuera de tu casa”


Él se había ofrecido llevarme, para no llevar tantos carros, nosotros llegaríamos juntos y mi jefe llevaría al resto del equipo. 5 personas que nos internábamos a trabajar 24/7 para cumplir con el deber.


Cuando salí estaba aún en el carro, mientras cerraba la puerta de mi casa se bajó del auto y se acercó lentamente a mí. Mis manos me sudaban y mi corazón latía a mil por hora, me gustaba tanto que no sabía qué hacer, además siempre me ponía super torpe como niña de secundaria cuando estaba junto a él, y ahora saber que estaba aquí junto a mí me ponía peor.


Se acercó y me dio un gran abrazo de oso, donde pude sentir su calor, su olor y su respiración.


- Gracias por entregarte así a este proyecto

- De verdad es un placer para mí

- ¿Estás lista?

- Para ti siempre


Juro que lo dije sin pensar, pero la mirada que me dio fue tan perfecta que una y mil veces reafirmaba mis últimas tres palabras.


Subimos mi maleta a la cajuela y me abrió la puerta del carro y en un extraño momento nos vimos directamente a los ojos, por mi mente pasó la idea de que un beso encajaría perfecto, pero no era el momento, aún no.


El viaje era de 3 horas, aunque para nosotros fue un poco más porque paramos a comer a un pueblito que encontramos en el camino, luego por un café y tomamos carretera de nuevo. Descubrimos que pudimos hablar de todo, de películas, viajes y algunas series para terminar cantando y coreando “Bohemian Rhapsody” a todo volumen. Eso fue divertido y genial…


Y después de toda la diversión venían las horas más pesadas de trabajo. El jueves nos desconectamos a las 2 am.


El viernes nos tocó meditar frente a frente a las 7 de la mañana, así podríamos nadar media hora después.


Verlo llegar de bermudas (lo cual asumí era su traje de baño) y sandalias nada más, altero mi corazón, hasta ese momento siempre lo había visto en camisas o sudaderas, pero ahora ahí, frente a mí podía descubrir el mapa del tesoro… y sí quería llegar al cofre de oro.

Cada tatuaje dibujaba una historia, un dragón protegía su espalda, mientras que un atrapa sueño hacía lo propio en su corazón. Letras, figuras, diseños únicos y grandiosos que moría de ganas de recorrer. Verlo era una maldita poesía.


Y yo, frente a él con un ligero vestido que con mucho trabajo cubría mi traje de baño, mi sombrero de revista y unos lentes de sol con los que trataba de ocultar mi cara recién lavada.


Al verme se burló de mí por el sombrero tan grande que llevaba puesto (ya lo veía venir), pero esa sonrisa le llegaba a los ojos y había un brillo especial que me encantaba.

Prendió la música en su celular y en medio de un gran jardín nos sentamos frente a frente, por primera vez a meditar juntos. En cierto momento su mano tocó por accidente mi rodilla y apostaría lo que fuera que ambos sentimos ese choque eléctrico, nuestra energía se conectaba.


7:22 am, y ambos estábamos como niños chiquitos muriendo de ganas de meternos a la alberca, solo le pedía a los Dioses estuviera un poco tibia el agua, si no, despertaría sí o sí.

Una carrera para saber quién llegaba primero hizo que nuestras carcajadas se escucharan por todo el patio, creo que el resto del equipo aún dormía en sus habitaciones.


Cuando estaba a punto de llegar, me detuve junto un sillón para dejar mi sombrero, mis lentes y los teléfonos, cuando sentí un par de manos en mis piernas, todo sucedió muy rápido… mi mundo se ponía de cabeza y era porque él me levantaba sobre su hombro para cargarme esos cuatro pasos que faltaban para llegar… 3 segundos de mi vida en que todo fue en cámara lenta hasta sentir que volábamos juntos, literalmente… su risa agitada, mis nervios y el grito que di fue lo último que se escuchó hasta que chocamos con el agua fría.


Todos mis sentidos se pusieron alerta, eran demasiadas emociones que hacían un pacto inolvidable con el agua fría que incluso la sentía en la boca y nariz.


Me levanté para tomar aire y en un extraño movimiento solo me topé con un dragón con ojos azules en una espalda hecha por los Dioses.


Él se dio la vuelta para verme y en su cara había una sonrisa de niño travieso, sabía lo que hacía y ahora lo tenía frente a mí, húmedo y divertido… ¿qué más podría pedirle a la vida?

La respuesta era, un beso.


Una vez más lo sentía tan cerca y, sin embargo, sabía que no era el momento adecuado.

Pasó una mano por mi cintura, me hizo sentir tan segura que se me olvidó incluso respirar… su otra mano tomo mi cabello que ahora era un chongo mal acomodado y me hizo levantar la cabeza por su movimiento.


Se acercó a mí, rozó mi cuello con su nariz y suspiró, tan fuerte que juro que se llevó una parte de mi alma ahí.


- Aún no hermosa, primero acabemos esto.


Lo dijo tan cerca de mi oído y en un tono tan bajo que lo sentí con cada poro de mi piel.

Suspiró, me soltó y se hundió en el agua alejándose de mí, dejándome en la expectativa de algo más.


Tomé un poco de aire y me hundí en el agua… quise desaparecer, dejar de sentir esa extraña palpitación entre mis piernas al sentirlo cerca de mí. Pero ya era demasiado tarde, ese hombre me traía loca.


Nadé hasta cansarme, de un lado a otro por toda la alberca, necesitaba dejar de pensar en él, en su cuerpo junto al mío, en sus risas, en sus ojos…


De repente me descubrí parada a media alberca pensando en todas las posibilidades que podrían pasar, y en un momento de iluminación solo me relajé y comencé a flotar… liberando mi peso, mis pensamientos, mis esperanzas, mis deseos. Simplemente lo solté todo.


Unos minutos más tarde escuché la voz de Ana, que venía a decirme que en 10 minutos comenzaríamos la reunión. Al abrir los ojos el sol me daba de lleno, así que entre pequeñas esferas de luz pude fijar una silueta.


Mi mente asumía que era Ana, porque su voz fue la que me había traído de nuevo a la realidad… pero al mirar bien descubrí que no. Era él con unas bermudas negras, una camisa blanca y un sombrero que me veía desde la orilla de la alberca.


- Te ves tan calmada que no quisiera molestarte.

- ¿Cuánto tiempo llevo aquí?

- Más de media hora

- ¿De verdad?

- Si… creímos que ya te habías quedado dormida

- Jajaja no, solo… meditaba

- Bueno nena, ahora vamos a trabajar


Salí de la alberca en cámara lenta, imaginándome en una escena de “guardianes de la bahía”, mientras me reía de mis propios pensamientos.


Tomé mis cosas y fui a mi habitación a darme un baño rápido y ponerme a trabajar. Justo cuando salía de mi habitación para llegar a la sala de juntas un mensaje me sorprendió:

“Verte es una poesía, gracias por traernos aquí. Ahora corre porque ya te extrañamos y tu café se enfría”


Como niña chiquita llegué a trabajar, emocionada y feliz… Y fue lo mejor, porque el trabajo era tan pesado que necesitábamos una buena actitud para mantenernos firmes en todo momento.


El sábado fue muy parecido al viernes, con la única diferencia de que cada vez que nos veíamos chispas saltaban de nosotros, buscábamos cualquier pretexto para tocarnos. Un roce de manos, una felicitación con un abrazo, chocar puños por estar de acuerdo… cosas mínimas pero que nos mantenía tocándonos en todo momento.

Era sorprendente la capacidad que teníamos de trabajar bajo esa presión emocional… nos desnudábamos con la mirada en todo momento y aún así las ideas surgían y el proyecto avanzaba.


Poco antes de la cena del sábado estábamos a punto de acabar, incluso pudimos darnos una noche libre y así dejar todo listo para terminar los detalles el domingo y enviar todo el lunes en punto de las 8 am.


Así que por petición general en punto de las 7 cerramos las computadoras, apagamos la luz de la sala de juntas y salimos al jardín. Habíamos pedido comida de un lugar cercano, había de todo tipo de comida, un poco de pasta, ensalada, pizza, carne… lo que quisieras podías comer.


Estaba tan cansada que opte por una copa de vino solamente, el saco una cerveza súper fría del refrigerador y nos fuimos a sentar a una cama flotante que estaba iluminada con pequeñas esferas de luz.


El clima era cálido, un calor tan rico que se disfrutaba estar al aire libre, mi vestido era ajustado y muy corto, tanto que mis tatuajes se veían perfecto. Mientras tomaba de mi vino él puso su cerveza en mi pierna, justo sobre la flor que tengo ahí.


El contraste de la temperatura fue extremo, mi piel estaba ardiendo, no solo por el clima, era por saberme junto a él. Y su cerveza estaba tan fría que al momento de separarla de mi pierna un par de gotas casi heladas cayeron sobre esta. Mi salto y mi grito de la impresión lo hicieron reír a carcajadas.


- Lo siento, vine a regar las flores

- ¡¿¿Estás loco??!

- Por ti… sí.


Y ahí me quedé, viéndolo. Sin decir una palabra, un silencio nos invadió y los segundos pasaban… 3, 4, 5, 6… no sé cuántos fueron, pero al no decir nada pude ver como su cara cambiaba poco a poco de la risa a la coquetería hasta la duda y la incertidumbre. Podía imaginarlo pensando “¿me habré pasado?” hasta que ya no pude más.


Una sonrisa de medio lado fue lo primero, ver su boca, chupar mis labios (todo en cámara lenta), verlo a los ojos, bajar la vista a mi copa y por fin acabar con una frase en un tono muy muy bajito…


- ¿Y por qué no me besas de una jodida vez?


Pude ver cómo soltó el aire que retenía por no saber qué hacer, dejaba su cerveza en la orilla de la cama y literalmente se abalanzaba sobre mí como una fiera cuando caza a su presa.


Su peso poco a poco cubría mi cuerpo, sus piernas en un movimiento perfectamente dominado se ponían en medio de las mías y su sonrisa por fin llegaba a rozar la mía.


Lo último que fui consiente de escuchar fue un suspiro antes de sentir esos labios y esa barba que me volvían loca… fue el beso más caliente, excitante y estudiado que he tenido en mi vida.


Sus labios danzaban con los míos mientras su lengua me demostraba cómo era un buen beso. Mientras tenía una mano recargada junto a mi cabeza sosteniendo su peso la otra tocaba mi pierna justo donde había dejado la marca de su cerveza. El lugar que por un momento se congeló ahora ardía por una mano de hombre. Tan grande que abarcaba toda mi flor, y ambos lo disfrutábamos por completo.


Poco a poco me descubrí moviendo mis caderas al compás de sus besos, él tenía el control y yo me estaba entregando por completo.


Subió un poco más la mano hasta tocar mi nalga y apretarla de una forma curiosa, que incluso hizo que parara un momento el beso para poder decir: “moría por hacer esto desde hace mucho”.


Este hombre además de sexy era divertido y extrañamente honesto.


Los besos seguían, cada vez más ardientes… cada vez con más hambre uno del otro. Cuando fuimos conscientes que estamos en el jardín con el resto del equipo.

En un suspiro nos separamos, tomamos aire y tratamos de recuperar la postura.


- ¿Vamos a dar una vuelta por la hacienda? – dijo con una voz tan cortada como nuestra respiración.

- Claro, te voy a dar un tour por las instalaciones

- Perfecto, yo voy a donde tu me digas, la experta eres tú


Un comentario tan lindo y sincero que no supe cómo encajar, creo que aún me cuesta trabajo asimilar los buenos comentarios, y más viniendo de alguien tan importante como él.


Caminamos por unos minutos, cada ciertos pasos se detenía y me besaba, pasaba su mano por mi pelo y en un acto de total cursilería (que me encantó de sobremanera) me tomó de la mano para caminar juntos.


Conocía esa hacienda a la perfección, llevábamos años trabajando ahí y en cada remodelación nos invitaban y nos enseñaban cada detalle. En la cima de la hacienda había un pequeño jardín privado con un área de fogata que estaba rodeada de cojines.


Era uno de mis lugares favoritos de ahí, cada vez que íbamos lo disfrutábamos… y a partir de esa noche tendría una historia diferente.


Cuando llegamos, se detuvo en seco y me miró a los ojos…


- Hay algo que tengo que decirte…

- Ok, dime

- Bueno, en realidad son dos cosas. La primera, muero de ganas de recorrer cada parte de tu cuerpo, ya no aguanto las ganas de hacerte el amor y pedirte que te entregues a mí por completo.


Lo decía mientras se acercaba a mí, su voz se hacía más ronca en cada palabra y sentía como el calor de su cuerpo calentaba el mío.


- ¿Cuál la otra cosa que me tienes que decir? - Pregunté en un mini segundo de claridad

- Me ofrecieron ser socio de la empresa, si el lunes dan la aprobación del proyecto entro a la plantilla, el problema es que ambos sabemos que tenemos todo para esa aprobación.


Mi cabeza explotó. Era el fin… dármelo ahora sería poner la soga en mi cuello. Si de por sí era difícil siendo un cliente, esto lo complicaba mil veces más.


Así que di un paso atrás, y respiré. Lento y con la consciencia de todo lo que podía pasar. Di media vuelta y me alejé de él. Uno, dos, tres pasos y yo pensaba y dudaba más y más.


Cinco de mis pasos fueron dos de él, marcados y firmes, tan rápidos que no me dieron tiempo de reaccionar, solo sentí un par de manos rodeando mi cintura hasta parar en mi pecho, que empujaron mi cuerpo hacía atrás hasta chocar con un cuerpo más grande que yo, tan caliente que quemaba, mi piel exigía sus manos, su atención y sus besos.


Levante las manos hasta tocar su cabello y por instinto moví mi cabeza entregándole mi cuello, él lo aceptó y cada respiración que él daba ahí era un choque eléctrico que llegaba hasta el centro de mis piernas, podía sentir toda la humedad por él, ahora más que nunca lo necesitaba justo ahí.


- Esto no puede ser – dije mientras apretaba mi trasero a su verga tan dura, que podía sentir a través de la tela.

- Lo sé, pero no me puedo resistir a ti – lo decía tan despacio, mientras mordía mi oído que pequeños gemidos salían de mi boca por él.

- Tenemos que ser conscientes – yo misma sabía que era la mayor ironía pedir eso justo en ese momento.

- Hoy no, esta noche somos solo tú y yo, sin títulos, sin puestos, sin dudas.

- Pero…


Estaba por decir alguna excusa sin sentido cuando coló su mano debajo de mi vestido hasta llegar a rozar mi tanga negra, un ligero movimiento le basto para tocarme y hacerme gemir por su contacto.


- Aquí no hay excusas.


Sacó su mano y en un movimiento decidido se llevó los dedos que habían estado en mí a su boca. Verlo fue la cosa más sexy del mundo.


Por instinto lo bese para probar mi sabor en él, era tan hedonista que ese beso nos llevo a movernos tres pasos atrás hasta sentir los cojines a nuestros pies.


Bajó sus manos hasta la orilla de mi vestido y me lo quitó poco a poco hasta sacarlo por mi cabeza, al verme en tanga negra y un corsette de encaje juraría que agradeció a algún Dios.


Era mi turno, moría por descubrir cada tatuaje, así que le quite la playera negra que traía y uno tras otro aparecía como un tesoro… desabroche sus bermudas y él se las sacó de una patada.


Ambos moríamos por besarnos y sentirnos, pero vernos ahí en ropa interior solo con la luz de la luna llena era místico y jodidamente perfecto.


Ambos sonreíamos al saber que eso estaba mal de mil formas distintas y aun así lo íbamos a disfrutar en todas las de la ley.


Se acercó a mí y metió su mano en mi cabello, su otra mano rodeó mi cintura, justo como lo hizo en la alberca y me hizo mirarlo a los ojos…


- ¿Qué tanto me deseas? – preguntó


Pasé mi mano por su verga tan dura y con cada movimiento podía sentir como se aceleraba su respiración mientras apretaba más y más fuerte mi cabello.


Su mirada me quemaba, su cuerpo cubría por completo el mío y sin embargo yo seguía sin contestar.


- ¿Quieres que te lo demuestre? – contesté sabiéndome con el poder de darle placer.


Caí de rodillas ante él sin que soltara en ningún momento mi cabello, bajé sus boxers y pasé mi lengua justo donde una perla de semen se asomaba.


Un rugido de placer me excitó más de lo que hubiera imaginado, verlo bajo la luna llena así, me hizo querer sacar al hombre lobo que habitaba en él. Chupé cada centímetro de esa verga que era tan perfecta como él. Mientras sostenía mi cabeza yo lo podía follar como quisiera.


Entraba y salía de mí, hasta que en cierto punto paró y me soltó para caer de rodillas frente a mí… ahora él era quien probaba su sabor en mí.


Con un abrazo me recostó sobre los cojines y comenzó a besarme, pasó por mis orejas, bajó al cuello y poco a poco a mis pechos. Los liberó por encima de mi corsette mientras que con la otra mano recorría la orilla de mi tanga, hasta que me la quitó.


Se sentó en los cojines y me jaló hacía él.


- Tómame nena, soy tuyo – Lo dijo mientras levantaba los brazos.


Ahí estaba él, sentado con una verga tan lista para mí, sabiéndose deseado.


Y claro que lo iba a tomar… pasé una pierna sobre él y poco a poco fui bajando, siendo consciente de que entraba en mí, poco a poco, podía sentir cada centímetro abriéndose paso entre mi cuerpo, mi humedad lo hacía fácil… Quería sentir esto con detalle, porque coger con este hombre era tocar el cielo y el infierno.


Cuando por fin lo tuve adentro por completo agarró mis nalgas y me sentó incluso un poco más sobre él y tomó el control de nuevo, me levantó un poco y entró de nuevo, hasta el fondo, lo sentía tan adentro que quería llorar…


Una y otra vez lo hacía mientras mordía mis labios, mi cuello, mi pecho.


- Estás tan hermosa – lo decía una y otra vez

- ¿Eres real? – le pregunté mientras me hacía tocar el cielo con cada estocada

- ¿Esto lo responde…?


Y me besó, mientras colaba una mano entre nuestros cuerpos. Su dedo se posó en mi clítoris y con delicados círculos me hizo perder la razón… Sentía su mano clavándose en mi nalga, su dedo dando placer y su verga tan dentro de mí que me fascinó y mi orgasmo lo llevó a él al suyo.


- Eso es nena, dámelo.


Cuatro palabras que quedaron tatuadas en mí.


Caí en pedazos sobre él, mientras sentíamos los últimos estragos del orgasmo él entraba y salía lentamente de mí, aún firme, todavía delicioso.


Puse mi cabeza en su hombro, y él no se salía de mí. Solo pasaba su mano por mi espalda cuidándome y protegiéndome. Nuestras respiraciones estaban en perfecta sincronía y poco a poco nos fuimos relajando.


- Aún nos queda un par de días de trabajo – me dijo después de un rato

- Al parecer me acabo de dar a mi nuevo jefe

- Jajajajaja no cantes victoria niña, aún no sabemos


Oírlo reír era el puto cielo para mí, daba todo por esa risa.


- ¿Tu puesto depende del resultado de este proyecto?

- Sí, pero aún no sabemos cuál será la respuesta

- Yo sí la sé, y ya estoy festejando mi victoria

- Lo sé… y yo también


Y me besó, un beso más cursi que caliente… un beso donde me entregaba algo más que su cuerpo y su placer. Y yo, encantada lo recibía.


Y nos quedamos ahí un poco más de tiempo…


En la mañana nos presentamos a la reunión para afinar detalles, esta vez juntos, tocándonos sin ningún remordimiento, siendo él y yo.


En un punto creí que mi jefe me regañaría, pero su único comentario fue “yo nunca lo había visto así por nadie, tampoco a ti… solo espero que esto no afecte el trabajo de ambos de ahora en adelante”. Así que básicamente tenía su bendición.


En punto de las 5 pm ya habíamos terminado, así que nos disculpamos con el equipo y nos fuimos juntos a comer, a besarnos y a disfrutarnos como se nos diera la gana.


El lunes a las 8 en punto mandamos el proyecto final, un trabajo donde todos entregamos el alma, un trabajo de equipo guiado por nosotros… algo de lo que nos sentíamos orgullosos.


Después de entregarlo nos fuimos a comer, sabiendo que habría un antes y un después muy claro después de este momento.


En punto de las 3 pm recibimos una llamada que tomamos en el altavoz de la sala de juntas.


- Tenemos algunos puntos que queremos mejorar respecto al diseño. La estrategia nos parece adecuada en un 90% y hay algunos cambios que queremos hacer…


Jonh y yo nos veíamos fijamente, nada más importaba…


- Entre ellos – seguía diciendo la voz al teléfono - Jonhy, ahora te tienes que presentar como el nuevo socio de la firma.


Todos soltamos el aire que reteníamos y nos sumábamos una nueva victoria, esta vez mil veces mejor.


- Felicidades chicos, hicieron un buen trabajo. El miércoles a las 10 am firmamos contratos.

- Muchas gracias - contestaron a la vez mi jefe y Jonhy

- Nos vemos en dos días, felicidades de nuevo – Y la línea se cortó


Jonh caminó los tres pasos que lo separaban de mí y me dio un beso de película. Y así, oficialmente me convertí en la mujer del nuevo socio de la empresa.



 
 
 

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