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Un viaje inesperado

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 25 ene 2021
  • 15 Min. de lectura

Tenía meses que no me emocionaba por una reunión con mis amigos, estar encerrada me estaba volviendo loca, por eso, cuando Karla llamó para invitarme a comer a su casa acepté sin dudarlo. Al parecer iríamos solo 4 personas, eso no rompía ninguna regla de sanidad, además, iría Ernesto, mi crush por excelencia. Y Darío, el novio de Karla… hace unos años trabajamos los cuatro juntos en un proyecto que nos fascinaba, nosotros éramos la cabeza de un magno equipo que llevaría muchos víveres a comunidades que se vieron afectadas después de un temblor.


Fue una experiencia que nos retó y nos hizo crecer muchísimo, ahí conocí a profundidad el gran corazón de Ernesto… siempre dando la vida por todo. Y hoy, la vida nos cruzaba de nuevo.


Obviamente me puse mi mejor vestido negro, un clásico.. hermoso y sexy. Me llegaba justo a la rodilla pero estaba abierto en la pierna izquierda que poco dejaba a la imaginación, unas botas altas y mi chamarra de piel. El maquillaje y el peinado me lucían perfecto, así debía ser.


La cita era a las 9 de la noche en casa de Karla. Así que durante el día me preparé para lo que venía. Sabía que tenía que salir de mi casa a más tardar a las 7:30, por que la ciudad siempre es un caos y cruzarla para llegar me tomaría casi hora y media… si bien me iba.


Esta noche iría por todo con él, de eso estaba segura… quizá pasaría la noche allá, quizá bebería un poco (o mucho)… quizá lo haría mío. Así que no llevaría carro, no haría falta.


Pedí mi taxi en una aplicación, al poner mi dirección me quedó claro que en 3 minutos comenzaba mi aventura. Al salir buscaba como desesperada el carro; siempre me pone de nervios por alguna extraña razón, a veces me siento como niña chiquita perdida en el súper… ya sé, es súper raro eso.


En fin, mientras buscaba el Mazda 3 negro un par de hombres pasaron detrás de mí y me pusieron aún más nerviosa, se detuvieron dos pasos adelante y me miraron por completo cuantas veces quisieron… mi corazón estaba acelerado y el carro no aparecía.


“¿Puedes fingir que eres mi novio?… hay una situación aquí que me tiene nerviosa, por favor"


Le escribí ese mensaje al chófer, fue lo único que se me ocurrió… correr no era la opción con los tacones que traía y la calle estaba vacía por la cuarentena, nadie saldría a ayudarme.


“Claro, ya estoy llegando".


Al leer eso mi corazón se calmó por un segundo hasta que descubrí que estos hombres comenzaban a acercarse a mí. Y de pronto, el auto se detuvo enfrente de mí, una canción de Queen se escuchaba fuerte aún con las ventanas cerradas, mismas que estaban tan oscuras que le daba un toque más misterioso.


Al abrir la puerta un hombre muy alto se bajó, vestía un pantalón de mezclilla, una camisa negra y botas, al verlo pude imaginarlo perfectamente bajando de una moto. Su barba no tan larga pero perfectamente cuidada me encantó, unos ojos oscuros que me recorrieron completita y un piercing en la ceja que no cuadraba del todo, pero le daba un toque maravilloso.


Caminó tres grandes pasos hasta llegar a mí y dijo en un tono fuerte:


- Estás guapísima amor, ¿te hice esperar mucho? – mientras ponía una mano en mi cintura y se acercaba a mi cuello.


Olió el perfume de mi cuello o mi cabello, no sé, pero fue un acto que me dio un choque eléctrico por todo el cuerpo, y en cuestión de segundos mis pezones se pusieron duros.


- ¿Todo bien? ¿Quieres que llame a alguien? – dijo en un susurro en mi oído.

- Creo que todo está mejor ahora – contesté mientras miraba de reojo que el par de hombres que me habían puesto tan nerviosa ahora seguían con su camino mirándonos de vez en vez.

- ¿Segura? – preguntó mientras me veía directamente a los ojos.

- Sí, es hora de irnos – contesté con una voz algo quebrada por la presencia de este hombre.

- Perfecto, déjame abrirte la puerta.


Y abrió la del copiloto, mantendríamos la imagen del novio hasta llegar sana y salva a mi destino. Al subirse prendió el motor y la música se escuchó de pronto y me dio tremendo susto, con el grito que di se desató una serie de carcajadas, aún así se disculpó y bajó el volumen.


- Ahora sí dime, ¿qué pasó?


Lo preguntaba en serio, se notaba el tono de preocupación en su voz.

En cada oportunidad que tenía volteaba a verme para poder tener el contexto de mis expresiones mientras relataba lo sucedido.


En cierta parte de la historia me dijo que me veía radiante, aunque eso no justificaba para nada su actitud y que le hubiera gustado llegar antes para evitarlo. Lo cual me pareció un buen gesto, realmente estaba preocupado y creo que tenía una forma de coquetearme muy linda y sutil.


Seguimos platicando de todo y nada, fluíamos muy bien, incluso en el caos del tráfico. Cada vez me ponía más cómoda sin ser consciente del todo que mi falda mostraba mucho más de lo debido.

Hasta que, en un semáforo, al mover la palanca el cierre de la manga de su chamarra rozó ligeramente mi pierna.


Todo fue en cámara lenta… bajé la mirada para ver el cierre como tocaba lentamente mi pierna, solo era un roce, mínimo, pero lo percibía a la perfección. Observé mi pierna izquierda totalmente descubierta, vi mi tatuaje y sonreí.

En ese momento él me dijo algo, que sigo sin saber qué fue, y lo miré detenidamente a los ojos mientras aún sonreía.


Vi sus ojos oscuros y llenos de pasión, vi su piercing y automáticamente bajé la mirada a sus labios… unos labios carnosos, delineados perfectamente y rodeados de una barba perfecta. Él miraba mis ojos y mis labios, de la misma forma que yo lo hacía.


El deseo comenzaba a aumentar, mi corazón iba a mil por hora y lo único que tenía que hacer era acercarme y besarlo. Pero siempre me gusta ir por más, así que bajé la vista de nuevo a mi tatuaje de la pierna y volví a sus ojos en una clara invitación que decía “mírame “.


Lo hizo y calentó todo a su paso… sentía como ardía mis piernas, mi cuerpo… mi sexo. Y de repente sentí una mano caliente recorrer mi pierna.


Todo se detuvo, incluso mi respiración, mientras mi mirada permanecía en mi pierna y en un abrir y cerrar de ojos su mano tocó mi barbilla y levantó mi cara para impactar de lleno mi boca con sus labios.


Fue un beso caliente, de una boca maestra. ¡Vaya que sabía besar!


Su lengua jugaba con la mía de una forma sublime, sabía a menta y sus dientes de vez en vez rozaban mis labios. Un gesto maravilloso que me provocaba ligeros gemidos.


El semáforo se puso en verde y el claxon del carro de atrás nos sacó de nuestro momento ideal.


- Lo siento, yo… - él buscaba las palabras adecuadas tratando de disculparse.

- ¿Lo sientes? – dije retando con la mirada a que me dijera que sí, yo tenía esta mirada que uno a mi sonrisa de medio lado cuando mi lado más perverso sale.

- Bueno… - estaba a punto de decir algún mal pretexto cuando me miró y se perdió en el brillo de mis ojos – en realidad no. Podría repetirlo una y otra y otra vez.


Lo decía en un tono tan grave que me ponía mi corazón aún más acelerado. Este hombre era guapísimo, su sonrisa brillaba y le llegaba a esos ojos oscuros y perfectos.


Me ajusté en mi asiento y puse una mano en su pierna. En cuanto mis dedos tocaron su piel, tan caliente que podía sentir su calor sobre la tela de su pantalón, él tensó los músculos y pasó saliva como si no hubiera bebido nada en años. Su garganta se ajustaba como cuando te preparas para decir algo importante y su pecho subía y bajaba a una velocidad increíble.


Solo miraba en frente, tenía su pierna tensa y una mano en el volante y otra en la palanca (muy cerca de mi pierna). Podía ver el movimiento nervioso de sus ojos y cómo analizaba el tráfico, los demás autos, el mapa y a la chica que estaba junto a él, tan caliente que la ropa le comenzaba a quemar.


- ¿Te incomoda? – pregunté levantando la mano y mirándolo a los ojos.


El volteó rápidamente a mirarme a los ojos y con una increíble velocidad tomó mi mano con su mano derecha y la cubrió por completo.


- Esto es lo que me incomoda – dijo mientras llevaba mi mano a tocar su verga dura y palpitante por mí.

- Lo puedo solucionar – contesté mientras movía mis dedos debajo de su mano.


Por un lado sentía el palpitar de su verga, tan caliente y perfecta y por el otro lado el roce de su mano. Su respiración era imprecisa mientras yo tocaba a mi antojo cada centímetro de ese falo que estaba ansiosa por probar.


De pronto dejé de sentir la seguridad de su mano y antes de llegar a analizar el porqué sentí una gran mano calentando mi pierna izquierda a la altura de mi tatuaje.

Esa mano lo cubría casi por completo y eso que era de un tamaño considerable.


Su mano ardía, cada sitio donde tocaba dejaba un rico sentir, mientras él calentaba mi muslo y subía lentamente por el interior de mi pierna yo comencé a abrir un poco más las piernas y relajarme.


- De tu lado derecho hay una palanca, con ella puedes acomodar tu asiento – me dijo con una voz tan ronca como sexy.


Yo obedecí al acto, mientras buscaba la palanca y ajustaba el asiento una voz automatizada de una mujer que sonó durante la canción me dio un susto.


“Viaje cancelado, si tienes algún motivo especial comunícate con el usuario"


- La casa paga – dijo entre risas mientras cambiaba la velocidad y volvía a poner su mano sobre la mía que aún permanecía en sobre su entrepierna.

- Eso es ser un caballero y no chingaderas – dije entre risas.


Me quité mi chamarra y junto con mi bolsa lo pasé al asiento de atrás, mientras me movía cómodamente en su carro el tocaba de vez en cuando mis piernas, mis brazos o mi cabello.


Volví a ponerme cómoda fingiendo ver al frente, pero su mano derecha tocó suavemente mi hombro para indicarme que me recargara, que me pusiera cómoda… y así lo hice.


Mi mano aún estaba sobre su pantalón, su mano tocó de nuevo mi pierna izquierda solo para comprobar que seguía caliente por su tacto, así que se estiró un poco más y tocó la pierna derecha. Yo creía que estaba igual de caliente que mi cuerpo, mi cerebro y mi sexo. Pero al poner su mano con ese calor tan especial de él me di cuenta que no… nada se comparaba al calor que él emitía.


No se tomó mucho tiempo con esa pierna, a fin de cuentas quedaba algo lejos para ser cómodo, mejor regresó a la izquierda pero esta vez solo para tomarla como guía y subir lentamente hasta sentir la tela de mis bragas.


Solo coló un dedo para dar un suave roce, pero eso bastó para que mis gemidos fuera muy obvios. Con mis ojos entre cerrados por el placer lo miré y su sonrisa me hizo sonreír a mi también.


Un semáforo en rojo fue mi oportunidad para levantarme y besarlo de lleno en la boca, su barba me hacía un poco de cosquillas y tenía los movimientos perfectos para hacerme pedirle más. Mientras el beso aumentaba de intensidad, con una habilidad nunca antes vista en mí, bajé la bragueta de su pantalón y metí mi mano en búsqueda de algo que ya anhelaba.


Una suave tela de algodón fue lo primero que sentí, así que seguí su camino hasta llegar al resorte y logré bajarlo solo un poco para sentir el calor infernal de un falo tan duro para mí. Lo rodee con mi mano y poco a poco comencé a recorrerlo buscando la forma de sacarlo de ahí. Pero avanzaba y no llegaba a su fin, mientras trataba de analizar cuánto medía aquello que tenía entre las piernas una mordida me distrajo.


El roce de mi mano alteraba nuestro beso, cada vez sus mordidas eran más marcadas, más deliciosas… y por fin lo saqué.


Cortó el beso para poder gruñir a lo bajito mientras yo subía y bajaba mi mano, rodeándolo, haciéndolo mío.


Por segunda vez un claxon nos sacó de ese momento y quitó su mano de mi pierna para meter la velocidad y avanzar. Mientras lo hacía yo lo masturbaba y el carro que antes estaba detrás de nosotros pasaba por el lado derecho mentandonos madres, seguro de pura envidia.


Él puso una vez más su mano en mí, esta vez de lleno en mi sexo. Lo cubría por completo, sobre la poca tela del vestido y la ligera tela de mi braguita. Y yo estaba segura que mi calor y humedad se podían sentir por completo.


Cuando movió un poco la tela de mi braga y sintió la suavidad y humedad de mi parte más caliente pude sentir como se empujaba para que mi mano tomara su verga con más fuerza.


Yo cerré los ojos, relajé la cabeza hacia atrás y me entregué al roce de sus dedos. Mientras mi mano hacia lo propio.


Al principio fue suave, abrió un poco mis labios en búsqueda de mi humedad. No le fue difícil ya que yo estaba lista para él desde que me salvó de esos hombres.


Al tener los dedos ligeramente húmedos rozó perfectamente mi clítoris, lo hizo suave, delicado. Y yo gemí aún más fuerte. Así que continuó, movimientos precisos, marcados perfectos.. me tenía con las piernas abiertas, los ojos cerrados, la cabeza recargada hacia atrás y mi mano bien sujeta de su verga… que con cada roce sentía el palpitar en mi mano.


Y entonces coló dos dedos lentamente en mi interior, y yo levanté un poco la cadera en búsqueda de ese placer sublime.


Eso era el cielo o el infierno, no sé. Pero lo disfrutaba.


En medida que él los metía y sacaba y yo gemía más y más fuerte mi mano hacia lo propio con su verga. Era consiente que estaba cada vez más cerca de terminar porque su pierna se tensaba bajo mi brazo cada vez más.


Él arremetía contra mí, sentía sus dedos invadiendo mi sexo, mojándose con mi placer, estaba consciente de su falo tan duro, a punto de explotar, el calor de su cuerpo, la música de fondo, la vibración del motor, el sonido de los demás autos… y a un microsegundo de tomar consciencia él giró sus dedos y mientras tocaba de nuevo mi clítoris yo me corría de una forma perfecta algo ruidosa pero llevándolo al placer conmigo.


Sentí el vibrar que tenía al terminar en mi mano, sentía su leche caliente sobre mis dedos y quizá un poco sobre el volante y el asiento. Sus dedos permanecían dentro de mí disfrutando de las últimas contracciones de mi cuerpo y entonces, por fin abrí los ojos.


Pude ver como cambiaba la velocidad con la mano izquierda y tomaba nuevamente el volante, y caí en cuenta que íbamos cada vez más rápido porque su pierna derecha, la que sentía que se tensaba cada vez más pisaba con fuerza el acelerador. Y entonces sacó sus dedos de mi y me hizo estremecer.


Acto seguido se los llevó a la boca y me miró como el mismísimo diablo. Solté lentamente su verga… sabiendo que sentiría cada roce. Al quitar mi mano hice lo mismo… la llevé a mi boca y pasé lentamente mi lengua por donde aún corrían gotas de su placer. Y podría apostar a que sus ojos se volvieron de fuego al ver eso.


Seguíamos avanzando, jamás se detuvo y no había tanto caos como pensaba. De repente con una voz muy ronca me dijo que en la guantera había toallitas húmedas. Que con eso me podía limpiar.


Las saqué y limpié mis manos, la humedad de mis piernas y mi sexo. Ajusté el asiento y recobré la pose de un principio. Eso había sido la gloria en todos los sentidos.


Mientras veía como terminaba de ajustar todo en su ropa y su asiento el sonido de mi teléfono me alteró.

Lo busqué en mi bolsa y al sacarlo pude ver la cara de mi amiga, sin dudarlo contesté.


- Hola loca – dije más nerviosa de lo que hubiera querido.

- ¿Qué onda flaca? ¿A qué hora llegas? – contestó con su energía tan genial, muy característica de ella.

- Llego en unos 40 minutos, hay algo de tráfico.


En realidad la aplicación marcaba 18 minutos, era claro que yo me tomaría más tiempo con el adonis que tenía a mi lado derecho, que había sido mi salvador esta noche.


- Ok, ya está lista la cena… te veo en un rato.


Al colgar él me miraba fijamente, su mirada ardía. Y la mía denotaba hambre… el orgasmo que me había dado había sido genial, pero yo siempre quería más.


- ¿Quieres algo de beber? – preguntó estacionando el carro en una tienda.

- Agua, por favor.

- No tardo.


Bajó del carro y pude ver su maravilloso cuerpo al andar. Era guapísimo, un par de chicas que iban saliendo de la tienda lo desnudaron con la mirada y acto seguido trataron de mirarme a mí a través de los cristales.


Un par de minutos después salió con una botella de agua, una lata de una bebida energética y caminó con una seguridad increíble mientras me sonreía.


- ¿Lista? – preguntó sonriendo mientras me daba mi botella de agua.


Solo asentí con la cabeza, en realidad no entendía el trasfondo de su pregunta pero estaba segura que sería delicioso.


Prendió el motor y se metió entre algunas calles, todo se veía muy tranquilo y vacío, producto de la cuarentena. Unas cuantas calles más adelante, mientras esperábamos que pasaran unos carros, se acercó a mí.


Puso dos dedos debajo de mi barbilla para asegurarse que lo mirara a los ojos. No hacía nada más que verme y eso me ponía muy nerviosa. Mi respiración era irregular, mi pecho subía y bajaba y yo comenzaba a sentir esa humedad entre mis piernas de nuevo.


- ¿Se te antoja algo más? ¿Tenemos tiempo?


Lo dijo en un tono tan bajito que me quebró aún más, mis manos sentían unas ganas inmensas de tocarlo así que puse una en su pierna derecha, la otra en su brazo izquierdo (que era el que tenía elevado sujetando mi barbilla), me acerqué lentamente a él y lo besé.

Suave, tierno… cursi. Pero su mano pasó de mi barbilla a mi nuca y ahí sostuvo mi cabello en una coleta hecha con su propia mano y me besó con una mayor intensidad.


Nos comíamos literalmente, la temperatura aumentaba y sentía su mano dominando por completo mi cabeza.


Me soltó y en un segundo cambió la velocidad y se estacionó 6 carros adelante. La calle estaba totalmente vacía y oscura, así que era el lugar ideal.


Apagó el motor y con ello se quitó la música, ahora solo éramos consiente de nuestras respiraciones agitadas ante la premura de coger.


Se quitó el cinturón de seguridad y desabrochó el mío, pasó la mano por mi cintura y entendí qué tenía que hacer… era obvio que teníamos muy poco tiempo.


Mientras me ayudaba a pasar mis piernas sobre las de él, jaló la palanca que tenía a la izquierda y su asiento salió disparado para atrás, para darme la oportunidad de acomodarse mucho mejor.


Al sentarme a horcajadas sobre él llegué a su boca directamente y lo besé con hambre y desesperación.

Él jaló mi vestido y mi escote cedió dejando salir mis tetas a la altura de su cara, con un pequeño movimiento liberó mis pezones del brasier y dejó de besarme para poder lamer mi pezón derecho.


Los vidrios comenzaban a empañarse y mi humedad se acumulaba en medio de mis piernas mientras mis músculos palpitaba ante el roce con su pantalón.


Me levanté un poco y el pudo liberar su verga para mí, sacó un condón de algún lado de la puerta y lo abrió con una gracia única. Se lo puso y en un segundo me acomodó en el lugar adecuado.


Al hacerlo mi sexo rozó con su falo de lleno y gruñí de placer. Aquello ardía, la situación era sexy y yo estaba ansiosa por tenerlo dentro de mí.


Me tomó perfectamente de las caderas y mientras lamía mi pezón izquierdo me levantó ligeramente hasta que la punta de su falo tocó mi entrada… y me dejó el poder a mí.


Yo me sostenía de su cuello con ambas manos, mi cabeza estaba echada para atrás y sentía mis senos sensibles por su boca. Y bajé… sintiendo cada centímetro, cada textura, oprimiéndolo con mi sexo y fallándomelo a mi modo.


Estaba totalmente ensartado en mí, lo sentía hasta adentro y era la gloria. Poco a poco me levanté una vez más y bajé un poco más rápido. La estocada era perfecta. Tocaba los lugares adecuados.


Comencé a tomar velocidad, era consciente que estábamos en un auto en la vía pública a una hora que podía ser familiar aún.


Con la adrenalina hasta el cielo comencé a montarlo, a hacerlo mío. Subía y bajaba a mi antojo y placer.


Con una mano me tomó de la cadera y con la otra sujetó mi cabello como lo había hecho antes. Su boca besaba a su antojo mis tetas y yo sentía como me follaba por todos lados.


Sentía mi cuerpo arder, cada vez se acercaba más al límite, sus dedos se clavaban en mi carne y yo ya no podía más… y en medio de un grito ahogado estallé en un orgasmo fenomenal.


Sentía todos mis músculos contraerse una vez más, esta vez sintiendo la intromisión de su verga tan perfecta. Y él seguía entrando y saliendo, podía sentirlo tan tenso, tan perfecto, tan duro… tan mío.


Esta vez subió ambas manos a mi cabeza, la sujetó apoyándose en mis hombros y me besó mientras levantaba un poco la cadera para entrar aún más profundo y desatar un tercer orgasmo en mí… que vendría junto al de él.


Me dio un par de estocadas marcadas pero más suaves antes de soltarme la cabeza y cortar el beso.


Nuestras respiraciones eran un caos, imaginaba que mi pinta sería un poco guarra y él me sonreía con esa carita hermosa.


Poco a poco subí para que saliera de mí y ambos sentimos esa extraña sensación de separación.


De un salto llegué a mi asiento y cubrí mis senos como debía ser. Él se sacó el condón usado y lo amarró para dejarlo sobre su tapete y ajustar su ropa de nuevo.


Saqué nuevamente las toallitas y le di una para limpiarnos una vez más. Prendió el carro solo lo necesario para prender la luz y poder ajustar todo.


Los cristales seguían empañados, así que los bajamos solo un poco para que entrara el aire. Ahora su auto olía a sexo, a pasión… a nosotros.


Una vez que teníamos todo en orden prendió el motor, volvimos a poner la dirección de mi amiga y avanzamos.


No hablábamos de gran cosa… simplemente estábamos saciados uno del otro.


17 minutos después yo estaba en el lugar adecuado, con una pinta perfecta y algo ruborizada aún.


Detuvo el auto, bajó de él y lo rodeó para abrir mi puerta y ayudarme a salir.


Mis piernas aún me temblaban, mi cara me ardía y no sabía que hacer. ¿Qué se dice en estos casos? ¿Gracias?


Para no errar me acerqué a él y me despedí con un beso en la boca.


- Fue un placer conocerte – fue todo lo que dije.

- El placer es mío, ya estás sana y salva.

- Gracias a ti.


Sonreí mientras cerraba la puerta a mi espalda, di un paso alejándome de él y entendió perfecto la señal, así que dio un paso atrás y comenzó a caminar al auto mientras yo me acercaba al timbre de mi amiga.


Cuando toqué él ya prendía el motor y con un gesto con la mano me despedí de él.


Mientras veía como avanzaba Karla abrió la puerta y se fundió conmigo en un abrazo. Y entramos juntas a su casa.


Al sacar mi teléfono vi una notificación de la aplicación de taxis.


“¿Algún comentario del servicio?”. Decía el mensaje.


“Excelente servicio” y le di 5 estrellitas al chófer. Que esa noche fue mi salvador.




 
 
 

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2 comentarios


Sandy McCartney Belle
Sandy McCartney Belle
05 jul 2021

Me encantó!

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Jorge Centeno
Jorge Centeno
12 mar 2021

Wow, lo amé. Me imaginé cada momento. Por un momento me sentí el conductor, gracias.

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