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Una noche mágica

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 15 ago 2021
  • 15 Min. de lectura


“¿Y si ya nos escapamos?” Era lo que me preguntaba como saludo cada día. Su vida y la mía no podía estar más revuelta, él era el director del área creativa de una televisora y yo entre libros, propiedades y podcast me la vivía trabajando.


Aun así, al despertar en mi bandeja de entrada había un audio dándome los buenos días y antes de dormir le dejaba un último mensaje. Era divertido porque él madrugaba para llegar a su oficina y yo trabajaba hasta la madrugada escribiendo, así que algunas veces llegamos a conversar en un punto donde uno iniciaba y el otro acababa su jornada del día. Era obvio que una cita presencial jamás se daría.


Yo sabía que no era posible empatar tiempos y horarios, de hecho, hasta cierto punto, no lo quería hacer... siempre he tenido la idea de que entre más tiempo dure una conversación más sazón tendrá el primer encuentro. Y platicar con él era un arte... entre música, recuerdos, chistes, fotografías de su entorno y un sinfín de afinidades me la pasaba increíble. Definitivamente era esa burbuja que me hacía olvidarme un poco de las responsabilidades de mi día a día para darle un color mucho mejor a mi vida.


Muchas veces nuestras conversaciones estaban llenas de audios, entre sus citas y mis excursiones por la ciudad no había tiempo de escribir... pero sí de escuchar una voz familiar que siempre me invitaba a escaparnos juntos.


Cierto día, en medio de un conflicto en el trabajo estaba más que cansada, un tanto preocupada y con una presión monumental. Su día había sido un poco peor que el mío y una llamada nos bastó para saber que estaba a tan solo 15 minutos de mí, con el plan de escaparnos lo más lejos posible.


Fingí un problema en casa, pasé al baño a retocarme el maquillaje y salí como nueva en búsqueda de mi príncipe azul que venía en su carruaje moderno. Mientras salía de mi oficina pude ver como se bajaba del auto para abrirme la puerta... esos detalles me encantan.


Al acercarme a él su sonrisa me hizo olvidar el día tan pesado que tuve en la oficina y las malas decisiones que a veces me gusta tomar, mi teléfono no dejaba de sonar porque seguía en horario laboral, pero al abrazarlo y disfrutar del aroma de su perfume todo se me olvidó.


El brillo de sus ojos era genial, esa familiaridad que teníamos porque nos conocíamos perfecto era exquisita y sin dudarlo me subí al carro para aventurarnos a recorrer el mundo... la primera parada fue una expo de cine clásico donde el punto clave era una proyección de una película clásica al aire libre. Mientras llegaba el momento adecuado pasamos por algo de tomar, y debo confesar que últimamente mis citas, incluso las del trabajo estaban demasiado viciadas, si no era una cerveza, un vino o de plano unos mezcales, pero siempre estaba bajo la influencia de algo que me relajara, pero esa noche nada de eso era necesario, el simple sonido de su voz tenía el poder de tranquilizarme y calmar cualquier duda.


Una malteada de fresa fue la bebida que me hizo perder la cabeza con él, mientras nos la tomábamos la conversación fluía sin parar, él era mucho más de lo que había soñado, tan sutil que se sentía como un caballero, de estos que seducen a la antigua, que por todos los Dioses era como un aire fresco.


No me tocaba en lo más mínimo, su sonrisa no era coqueta, bueno sí, no sé... era perfecta. Era esa sonrisa que venía después de un comentario tan dulce y tierno que poco a poco nacía de la comisura de sus labios, para crecer por completo con el brillo de su mirada que bailaba de mis ojos a mis labios. Y después, en un suave movimiento bajaba la mirada para soltar el aire y volver a una postura seria.


Al terminarnos la malteada caminamos por el lugar, todo era genial. El frío de la noche se comenzaba a sentir más y era el pretexto perfecto para abrazarme un poco a su brazo mientras caminábamos. Mi estatura con las botas altas que llevaba me dejaba a la altura de su hombro, así que con facilidad podía recargarme en él.


Vimos algunas tiendas, unas salas de cine improvisadas y uno que otro souvenir hasta que llegamos al lugar de la proyección, un tapete en el suelo era el lugar VIP donde nos sentaríamos, yo iba de vestido y saco e imaginé que podría ser un problema para sentarme. Así que me quité el saco y me senté lo más decente que pude y me tapé las piernas. Creo que desde la preparatoria no tenía una cita donde implicara sentarme en el suelo, y eso fue sumamente refrescante.


Él se sentó a mi lado, pero antes de hacerlo se quitó su saco y me lo puso en los hombros... su calor y su olor me envolvió enseguida. Pude sentir como mis poros se alteraban desde el cuello, los hombros, los brazos y bajar lentamente hasta mi columna donde un calor me recorrió y terminó humedeciendo algo entre mis piernas. Aunque racionalmente podría ser complicado, esta seducción era diferente a todo lo que me había pasado.


Había hombres directos, sexys, seductores y uno que otro divertido. Mientras él se sentaba a mi lado pensaba en todas las citas que había tenido y jamás me sentí tan seducida. Quizá porque esta vez ninguno de los dos buscábamos sexo, quizá sí... pero iríamos lento. Esta vez seríamos el viejo cliché del cine antiguo.


La película estaba por comenzar cuando una vieja canción romántica comenzó a sonar en los altavoces, yo miraba la pantalla con mis brazos rodeando mis piernas cuando sentí que él puso una mano recargada en el suelo detrás de mi espalda, se acercó lentamente y en mi oído cantaba en un susurro aquella canción. No supe qué hacer, mi piel estaba chinita, mi cabello de punta y él rozaba lentamente mi oreja cada vez que hablaba, no me tocaba más... y no le hacía falta. Al terminar la canción lo miré a los ojos, estaba tan cerca de mí que un pequeño movimiento nos daría el beso perfecto, pero él se movió más rápido que yo y posó su nariz en mi cuello y aspiró tan profundo que se llevó parte de mi alma. Mis pezones se pusieron duros al momento y poco a poco moví mi cuello para darle más acceso, pero no hizo nada más.


Mientras veíamos la película y nos burlábamos de algunas escenas el frío nos hacía acercarnos más, mi cuerpo y el suyo se acoplaban por completo y su respiración guiaba a la mía. Y todo era perfecto.


Al terminar caminamos por los pasillos largos e iluminados en un tono suave, me tomó de la mano y me llevó a sentirme una adolescente de nuevo, esos detalles me encantaban, lo hacíamos sin preocuparnos de nada; en ciertos momentos los celulares sonaban sin parar, pero esta noche era nuestra. Llegamos a una terraza que estaba detrás de un bar donde tocaban jazz, la música llegaba hasta donde estábamos, parecía un susurro. La noche estaba despejada y los edificios alumbraban como si fuera la representación de las estrellas en ese lugar.


Me tomó por la cintura y se acercó a mí lentamente mientras ponía su nariz de nuevo en mi cuello, “me encanta tu aroma” me dijo con una voz tan ronca que sentí que mis rodillas se volvieron gelatina y que poco a poco me derretía ahí mismo por él. “Bailemos” dijo mientras recargaba mi cabeza en su hombro con una mano y con la otra rodeaba por completo mi cintura.


Mis manos subieron lentamente por sus brazos y me entregué al placer de bailar en aquel lugar que desprendía magia, se movía suave, olía delicioso y me hacía bailar con una suavidad que no quería que eso terminara. Y mientras me perdía en esa sensación él movía lentamente su mano en mi espalda, hasta que paró para tomar mi cabello con delicadeza y en un suave gesto levantar mi cara y darme un beso.


Al momento de rozar sus labios con los míos podría jurar que cientos de destellos salieron de nosotros, era como si el final esperado por fin llegara, y apenas era un beso... pero se sentía genial. Bailamos un rato más, la conversación no tenía fin y yo me perdía en el placer de saberme con él.


Esa noche apenas comenzaba, y lo estaba haciendo de la mejor manera.


Al salir de ese lugar, caminando de la mano rumbo al auto encontramos un lugar donde vendían vinos traídos de algún lugar exclusivo, fingí poner atención a los detalles que la hermosa chica nos decía, pero era un listado de cosas que según ella era fabulosas y a mí me daban un poco igual. Escogimos dos botellas y salimos de ahí hacia un lugar mejor.

Al encender el auto una canción comenzó a sonar, mi favorita en la vida... y él lo sabía. Se lo había contado semanas antes, la música era clave en nuestras conversaciones día a día y así nos acompañábamos todo el tiempo. Subió el volumen e inevitablemente comencé a cantar, me sentía cómoda, feliz.


Manejó hasta un hotel boutique hermosísimo y muy exclusivo, la simple entrada era sublime... imaginar la suite que pidió me puso más nerviosa que nunca. Antes de ir al estacionamiento privado pidió algunas cosas para comer y acompañar nuestro vino. “El paquete especial incluye una botella de Moët” dijo el chico simpático que nos atendió en la entrada, ambos bajamos la mirada hacia las botellas de vino que compramos un momento antes y soltamos una carcajada que hasta el chico se espantó. “Sí envíala, gracias” dijo entre risas.


Al entrar al estacionamiento privado mi corazón estaba a mil por hora, sentía mis manos sudar y que mis rodillas no podrían sostenerme en pie. Se estacionó y antes de apagar el auto solo bajó la música y me miraba detenidamente. Yo sentía como mil colores se acumulaban en mi cara, mi sonrisa era inevitable y me sentía plena, estando ahí con él.


“¿Estás lista?” fue lo que preguntó mientras se acercaba para besarme de nuevo, su mano sostenía mi mano en medio de los asientos y la otra me tomaba del cabello para acercarme más a él. Solo asentí con la cabeza antes de que me soltara para apagar el auto y bajarse, lo vi dar toda la vuelta mientras me sonreía de una forma coqueta.

Al abrir mi puerta sentí que mis piernas me temblaban de los nervios, puso su mano para ayudarme a bajar y en cuanto se la di y bajé mis pies al suelo me jaló y me dio una vuelta como si estuviéramos bailando.


  • Acompáñame a disfrutar de esta pieza – dijo mientras me sonreía y tomaba mi cadera para moverme a su ritmo

  • No hay música - dije mientras me reía de la forma tan divertida que tenía de hacerme bailar

  • Claro que sí, escucha – contestó mientras mi risa se escuchaba como un suspiro antes de terminar

  • No, no hay nada

  • Ash, ¿te tengo que hacer reír de nuevo para que escuches? - lo decía mientras movía mi cabello detrás de mi oreja y se acercaba a besarme, este hombre tenía la habilidad de ser tan genial y hacerme sentir como nunca.


Al terminar el beso, antes de recuperar mi aliento, me tomó de la mano y me hizo caminar hacía el elevador que nos llevaría a una suite que prometía darnos un pedacito de cielo y yo sabía que ya estaba ahí solo porque iba con él.


18 pisos nos separaban de nuestra habitación, yo llevaba mi bolsa y él las botellas de vino, al abrirse las puertas del elevador ya estábamos dentro de una habitación enorme, más grande que mi departamento. Imágenes hermosas y sexys adornaban la pared, teníamos una terraza privada y una cama redonda tan grande como mis sueños.


Caminé a un lugar cercano para dejar mis cosas y comencé a ver el lugar que era tan hermoso y lujoso que me perdía en los detalles, escuché que abrió una botella de vino, y por un momento me pregunté cómo lo hizo. ¿Acaso venía preparado hasta con eso? Nunca lo supe, solo fui consciente de la copa de vino que me daba en la mano y venía junto con una sonrisa que le llegaba a los ojos.


Sacó su teléfono y lo sincronizó con el audio del lugar y Nina Simone inundó el lugar con su hermosa voz, yo estaba caminando descalza por la terraza junto a la piscina mientras veía la mejor vista de la ciudad. Luces centelleaban a kilómetros y yo me perdía en esa belleza mientas le daba pequeños sorbos al vino cuando unas manos pasaron lentamente por mi cintura y subieron a mi cuello para mover mi cabello y besarme justo ahí, mientras cerraba los ojos y me hacía sentir las mejores de las sensaciones.


Besó mi cuello y parte de mi espalda mientras bajaba lentamente el cierre de mi vestido negro, cuando llegó al límite deslizó sus manos por mis hombros para que bajara en una cascada negra que ahora cubría mis pies, para quedar en un baby doll negro que traía debajo.


Me dio la mano para salir del vestido y lo levantó para ponerlo sobre un sofá, yo estaba ahí, observando sus movimientos tan precisos que me hipnotizaban, dejando que me sedujera con su caballerosidad. Ahora fui yo quien dio un paso hacia él y lo besé, como era debido... sintiéndome sexy, atraída por esta persona que sabía llegar a mi placer más profundo, que era mi mente.


Sentía sus manos a través de la tela satinada de mi lencería, movimientos suaves, marcados y comenzó a caminar conmigo hasta llevarme a un sofá lleno de cojines que se balanceaba lentamente, antes de sentarme deslizó un poco mi ropa para llegar al resorte de mi tanga y la bajó lentamente, pasando las yemas de sus dedos por cada centímetro de mis piernas. Cuando la sacó por mis pies las tomó en sus manos y se las llevó a la nariz y me miró de tal forma que el mismísimo Diablo se pondría nervioso y con un suave empujón caí sobre los cojines en medio de risas, sabiendo que él estaba hincado delante de mí oliendo mi ropa interior.


Abrió un poco mis piernas y se comenzó a besarme en medio de mis muslos, subía poco a poco, a veces eras besos suaves, otras pequeñas mordidas que coordinaba con movimientos de sus dedos en mi piel. Y de pronto, cuando menos lo pensaba sentí un lengüetazo que me llevó a tocar las estrellas, él chupaba todo a su paso y yo me entregaba al mejor de los placeres, cuando los últimos estragos del orgasmo pasaban se puso de pie para sacar por mi cabeza la ropa y comenzaba a besar mis pechos, mi cuello y llegó a mi boca para darme un beso sabor a mí.


En ese momento me di cuenta que yo estaba desnuda a su placer y él aún traía su camisa, pantalón y zapatos, así que me dispuse a desabrochar poco a poco sus botones, justo cuando le iba a quitar su camisa me pidió un momento y caminó hasta donde estaba mi vestido perfectamente acomodado para dejar sus zapatos en el suelo, quitarse los calcetines seguido de su camisa que quedó justo a un lado de mi vestido, seguido de su camiseta que dobló y acomodó también. El TOC de este hombre me parecía divertido.

Yo ya iba por la tercera copa de vino cuando se acercó para tomar la suya y vaciar todo el contenido en su boca, una pequeña gota cayó en su pecho y sin pensarlo pasé mi boca por el pequeño camino que recorría, y fui bajando lentamente, mi intención era obvia y no lo permitió. Justo cuando estaba por llegar a la hebilla de su pantalón me puso de pie y me propuso nadar un poco.


Y una vez más me sacaba de mi lugar, no sabía por dónde ir, pero me encantaba nadar así que sin dudarlo caminé a la alberca buscando la forma de meterme o de plano analizar qué tanto valía la pena aventarme como niña chiquita. Cuando lo sentí detrás de mí y estaba completamente desnudo y no solo eso, también venía tan duro que me distrajo por un momento y antes de hacer cualquier cosa me besó.


Sus labios y su lengua me distrajeron de tal manera que mientras subía mis manos a su cuello sentí un movimiento brusco que ahora nos hacía volar por los aires mientras el comenzaba a reír; yo sentí que fue una eternidad, pero no, solo habían pasado unos segundos cuando sentí mi cuerpo chocar con el agua, sus manos estaban alrededor de mi cintura y su boca pegada a la mía. Y de repente sentía el agua hasta el cerebro, movía mis manos buscando la salida, pero solo sentía sus manos sosteniéndome y sacándome para dejarme respirar de nuevo.


En los altavoces sonaba una canción de ska francés a todo volumen y su carcajada de niño travieso hizo que fuera el momento más épico de mi vida, sin dudarlo le aventé agua a la cara con mis manos y él se acercó a mí para tratar de hundirme de nuevo mientras me hacía cosquillas. Y así, el movimiento, el agua, la música y nosotros mismos nos sentíamos geniales.


Y me besaba en cada oportunidad que podía, yo sentía su cuerpo tan duro y firme, pero lo que más me enloquecía era su sonrisa, tan tímida, tan perfecta. Y de pronto, mientras se escuchaba una canción en un extraño idioma de su playlist se acercó a mí y tomó mi cabello para quitarlo de mi cara y besarme como era debido, cuando me tenía como quería bajo sus manos por mi espalda hasta llegar a mi cadera y levantar mis piernas y poderlas acomodar alrededor de su cintura, y justo así podía sentir su falo tan duro jugando en mi entrada y comenzó a moverse poco a poco y en medida de que agarraba mis nalgas y me besaba desataba un segundo orgasmo para mí. Una vez más yo caía en pedazos en sus manos.


Salió de la alberca para servirnos una copa mientras yo seguía flotando, verlo caminar sintiéndose tan seguro era aún más sexy... y podía ver como seguía duro por mí, así que sin dudarlo salí detrás de él, al notarlo me esperó y salimos juntos de la alberca, servimos una copa de vino y entramos a la habitación.


Corrí lo más rápido que pude y me aventé a la cama mientras me reía como niña chiquita, por inercia él hizo lo mismo y cayó junto a mí. Al verlo ahí no pude más y comencé a besarlo, fui bajando por su pecho, jugué con mi lengua en sus pezones y noté que cada vez se ponía más duro para mí de nuevo. Así que baje un poco más hasta llegar a su anhelada verga, ahora sí podría probarla, era toda mía.


Él acomodo unos cojines debajo y me miraba tan fijo que me ponía tan nerviosa como emocionada, un suave roce de mi lengua en la punta logró que está se moviera como un pequeño espasmo, así que bajé a chupar un poco la base y su gruñido era de placer puro, y comencé a darle una felación haciéndole el amor con la boca, sabiéndome dueña de su placer. En medida que entraba y salía de mi boca el movía sus caderas, en una sincronía perfecta.


En cierto punto lo metí tan al fondo que juraría que terminaría ahí, pero su control era increíble... simplemente lo disfruto y al sacarlo me levantó un poco y coló sus manos hasta mis axilas para subirme en él.


Antes de que me acomodara a horcajadas él tomó mi cintura y me acostó en la cama para ponerse sobre mí y decirme muy cerca de mi oído que moría por hundirse en mí. Y con sus piernas abrió las mías y se acomodó hasta dejar la punta de su verga en mi entrada ya húmeda, la perla del semen que se asomaba por ahí se mezclaba con mis fluidos hasta el punto de resbalarse y provocar la mejor de las sensaciones.


Él besaba mi cuello y mis pechos mientras yo pasaba mis manos por su espalda, y su boca llegó a la mía unos minutos antes de que se separa de mí para apoyarse en sus rodillas y levantar su cuerpo, sus manos buscaron las mías, cuando las tomó las subió lentamente sobre mi cabeza mientras el caía lentamente sobre mí. Con una mano tomó las dos mías y las sujetó perfectamente, con la otra tomo mis nalgas y las levantó un poco como antelación del primer encuentro dentro de mi cuerpo.


Me miraba a los ojos, me sostenía, me tomaba... y yo me entregaba por completo. Entró muy lentamente, no perdía detalle. Sus ojos nuevamente bailaban desde mis ojos a mis labios en una danza perfectamente sexy y su verga se abría paso en mi humedad.

Cuando estuvo dentro de mí se acercó a besarme y tras una ligera mordida en el labio pude sentir como creció un poco más dentro de mí y con una ronca me preguntó “¿sabes qué tanto deseaba esto?” Y escucharlo invadido de placer me hizo tocar un poco el cielo y abrirme un poco más a él y esta vez lo aprovechó para embestir como era debido.

Soltó mis manos para tomar con ambas manos mi cadera y levantarla un poco y así sentir cada estocada en lo más profundo de mi ser. Mientras gruñía una vez más se detuvo un poco solo para darme la vuelta y ponerme en cuatro para entrar en mí y hacerme gritar de deseo, sus manos llegaron a mis tetas y me levantaron para sentir su pecho en mi espalda y su pelvis chocar con mis nalgas, una de sus manos subió a mi cuello y me hablaba al oído. Me daba igual lo que me dijera, yo lo sentía en todas partes. Y me tomó a su placer hasta que ambos caímos en un orgasmo que nos dejó cansados y satisfechos.


Aun así, no se salía de mí, solo se movía suavemente, hasta que no pudimos más y tocamos la cama rendidos al placer. Antes de ir por mi copa de vino una vez más me tapó con las sábanas de la cama y al traerla se acostó junto a mí para juntos esperar el amanecer en ese hermoso ventanal que nos ofrecía ese lugar especial.


Las horas pasaron, no podría decir cuantas veces me entregué a él, solo sé que después de esa noche todo cambió. Si bien su vida y mi vida seguía siendo el mismo caos y nuestros tiempos jamás coincidirían al menos podríamos decir que el placer de conocernos jamás lo olvidaremos.


 
 
 

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