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Una playa, un Mustang y un fin de semana épico

  • Foto del escritor: Lilhy Camacho
    Lilhy Camacho
  • 20 jul 2021
  • 15 Min. de lectura


Faltan solo unas horas para salir, un viaje que he esperado por semanas y por fin veo cerca el momento. José y yo vamos a ir a una playa hermosísima. Si bien no es un viaje romántico porque no somos novios ni nada parecido, el acercamiento que tenemos y la confianza ciega nos llevó a planear esto.


Hace un par de meses atrás, en medio de una crisis emocional por mi trabajo, llegué con él con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar, ya no podía más. Recuerdo ese día como si hubiera sido ayer... yo hipaba como niña chiquita y contaba una y otra vez la misma historia, algunas veces me ponía como la víctima, otras como la valiente, otras más, planteaba un escenario donde me peleaba con todos los involucrados, pero al final, estaba ahí, cansada e indefensa dejando que mi mejor amigo me pasara su mano por mi espalda mientras lloraba en un cojín sobre sus piernas.


Me escuchó, hizo algunos comentarios y me dejó hacer una catarsis de lo que me acababa de suceder. Después de varias horas y cansada de llorar me encontraba totalmente abrazada a él, escuchando su respiración calmada, sintiendo su calor en mi cuerpo arropándome, y escuchando la melodía de su voz mientras me contaba, una vez más, de su gran pasión.


En poco tiempo podríamos sacar a carretera su hermoso Mustang rojo que me fascinaba, cada vez que lo veía o hablaba con José le preguntaba sobre su bebé, porque, aunque yo no tuviera uno propio compartía por completo su pasión.


Arreglamos todo para irnos a una playa virgen, lo único que queríamos era alejarnos de la ciudad y del caos que había en ella, y entre algunas opciones, encontré que había un lugar donde se solían hacer algunos eventos un grupo de amigos que gustan de placeres exclusivos. Es decir, era el lugar adecuado para olvidar tu moral y divertirte de cualquier manera y eso necesitábamos nosotros.


Vestidos, faldas, trajes de baño, bloqueador y una caja de condones llenaban la mochila que me llevaría, en realidad no era el clásico viaje en pareja donde buscar lucir bien para él en todo momento, o quizá buscas el mejor restaurant o la cena a la luz de la luna. No. Esto no era así.


Llenamos la cajuela de botellas, cervezas, y una que otra cosa que podríamos utilizar, tomamos una foto sonriendo en el carro y prendió el motor. El rugido que dio aceleró nuestro corazón, los asientos se ajustaban a nuestro cuerpo y la música comenzaba a sonar... esto sería la mejor experiencia.


6 horas de viaje después, estábamos llegando a un lugar mágico y genial. El calor te invitaba a tomarte una cerveza tras otra, la música iba a todo volumen y cada vez nos divertíamos más. Nos tardamos varias horas en encontrar el lugar donde teníamos la reservación mientras recorríamos la playa, al parecer había 2 parejas más y con eso se llenaba el cupo de ese lugar.


Entramos a nuestra habitación y descubrimos que solo tenía una cama king size, con una colcha color vino, un par de sofás con figuras extrañas y un rincón con una tapicería diferente, algunos tubos y una que otra cosa que no alcancé a entender bien qué era.


La luz del sol invadía por completa la habitación y me hacía querer cerrar mis ojos por algunos momentos, así que fui a buscar las persianas para poder oscurecer el lugar, yo buscaba el clásico listón que baja las persianas, pero me fui a encontrar con un botón que bajó una especie de cortina virtual y al mismo tiempo encendió luces en tonos rojos y violetas y una voz electrónica me pedía sincronizar un dispositivo de música.


Saqué mi teléfono y puse mi fabulosa playlist que lleva por nombre “Para el momento de estar cerca”, pensar en la referencia de ese título me hizo reír, además estaba en una habitación con mi mejor amigo y en mi sistema había mucho alcohol y poca comida. Justo pensaba en eso cuando los acordes de una canción que me fascina se escucharon en cada rincón de la habitación, las luces jugaban con los tonos de la canción y de repente pude notar la belleza del lugar.


Todo te invitaba a jugar, a seducir... y vi a José y pensé en las mil y un aventuras que hemos tenido juntos y aun así jamás me imaginaría follando con él. Lo miraba con atención, bermudas, tenis y su inconfundible camisa negra de Mustang, su mayor pasión en la vida. Traía una gorra y ahora mordía una vez más la patita de sus lentes de sol, esa extraña manía que tiene cuando está nervioso, yo estaba igual.


De repente una canción de rap comenzó en los altavoces y sin pensarlo caminé hasta la barra donde ahora se encontraban las cervezas y al segundo paso comencé a bailar al ritmo de la música, porque esta vez la pena, la timidez y las buenas decisiones las habíamos dejados encerradas en la cajuela de aquél hermoso auto rojo.


Llegué a mi cerveza y le di un trago que refrescó cada idea que pasaba por mi mente, mientras bailaba y tarareaba mi canción me acerqué a él y lo invité a disfrutar de esa joya de canción. Cuando acabó nuestras risas eran épicas, ninguno de los dos sabía bailar y eso lo hacía aún más divertido.


Cuando terminó la canción tomamos las llaves del auto y salimos a buscar algo de comer, las risas continuaban aún en el pasillo y al llegar al lobby conocimos a una de las parejas que se alojaban ahí ese fin de semana. Un chico alto y musculoso que traía una playera sumamente ajustada venía de la mano de una Diosa... no hay nada más que decir.


Sus piernas eran infinitas, sus pies perfectos en un par de sandalias que brillaban más que mi futuro, una falda verde que combinaba con su sombrero y un top amarillo que contrastaba con su tono de piel, una sonrisa perfecta y unos lentes oscuros que me parecían enigmáticos. Ella robaba toda mi atención, aunque traía de la mano el estereotipo de hombre perfecto para mí, esta vez no era él quien lo hacía.

Ella me miraba directamente sabiéndose digna de que yo babeara así, sin más se acercó y me saludo dándome un beso muy cerca de la comisura de mi boca, el contacto me impactó y me hizo saltar.

  • Yo soy Alejandra, mucho gusto de coincidir con ustedes acá - dijo mientras saludaba de beso al hombresote que tenía a mi lado

  • Ella es Lhy y yo Toto, mucho gusto - contestó él algo apenado por su beso.

¿Era en serio? Así le decían solo las chicas con las que coqueteaba de vez en cuando, ni yo le decía así, aunque bueno, nuestra relación parecía más de brothers, era totalmente entendible.


  • Mucho gusto chicos, él es Daniel, mi novio.

  • Hola – dijo él con un tono mucho más tímido que el de su novia hermosa que traía de la mano.

  • Vamos a ir a comer algo, ¿quieren venir? - dije sin pensarlo tanto.

  • ¿Es de ustedes el Mustang rojo que está ahí afuera? - preguntó Daniel con un brillo en los ojos.

  • Sí, es mi bebé y la razón por la que llegamos aquí, lo sacamos a pasear - contestó José con ese brillo en los ojos que lo caracteriza cuando habla de su coche.

  • Es Deadpool, una belleza para carretera – dije mientras comenzaba a caminar de nuevo.

  • Nosotros también íbamos a buscar algo de comer, podemos ir juntos - decía Ale mientras soltaba a Daniel y pasaba una mano por mi cintura para que camináramos en frente de los chicos.

Ella tenía una forma sexy de ser, caminaba en pausas, con estilo y verla era un deleite. Sentía su mano sujetando mi cintura como cuando bailas con un hombre y te sientes segura, esa misma sensación me daba, aunque su mano era muy fina, y suave.

La tela de mi vestido era muy ligera, además estaba consciente de que apenas y tapaba mis nalgas, era un plan con maña para presumir mis tatuajes, pero ahora sentía una mano que me transmitía un calor delicioso.

José abrió el carro con el control de la llave y Alejandra me jaló para sentarnos las dos en la parte trasera.


  • Déjalos que se diviertan un rato con ese extraño ruido del motor – dijo mientras se acomodaba en su asiento.

Yo comencé a reír porque yo si disfrutaba de eso, es más, el rugido que daba al cambiar la velocidad me parecía mega genial, pero esta vez me limité a sonreír. Pocos minutos después llegamos a un lugar que parecía más una casa que un restaurant, pero eso era obvio, no estábamos en una zona hotelera, esto era mucho más... discreto.

Mariscos, un poco de carne, ensalada y mucha cerveza fue el menú, al terminar de comer la misma señora que nos atendió comenzó a platicar con nosotros, chistes, risas y más... y de pronto, ya habíamos sacado una botella de tequila de la cajuela del carro y comenzamos a beber en serio.

Llevábamos media botella y Alejandra cada vez se acercaba más a mí, de vez en cuando pasaba sus suaves dedos delineando cada tatuaje y me preguntaba una y otra vez si me había dolido cierta línea, color o diseño. La verdad ya me daba igual lo que me preguntara, el simple hecho de sentir su roce me parecía increíble.

Poco a poco se acercaba más a mí, en cierto momento pasó su pierna sobre la mía para mostrarme algo en su tobillo, pero ahí la dejo. Así que yo bajé mi mano y la puse en su muslo y no se movió ni un centímetro, al contrario... puso su mano izquierda sobre mis hombros y se acercó más a mí y con su mano derecha comenzó a delinear el tatuaje de mi clavícula mientras repetía otra vez el ritual de las preguntas... solo que esta vez sus dedos recorrieron mi cuello, el tatuaje y bajó poco a poco hasta delinear la orilla del escote de mi vestido.


Mi pecho subía y bajaba por los nervios de tener una chica así tan cerca, su calor me enloquecía y su perfume estaba clavado en mí. Y yo tenía un buen rato que no escuchaba nada de la conversación que tenían el par de hombres que teníamos frente a nosotras.

  • A que no se besan – dijo de pronto Daniel.

Su voz me pareció lejana, así que lo vi detenidamente y descubrí que si bien no era el chico más guapo que he visto, era una dulzura de chico, y ahora, medio ebrio como estaba, sus ojos le brillaban de una forma sexy.

  • ¿No le pierdes? - contesté retándolo un poco, mientras mi mano subía y bajaba por la pierna de esa chica hermosa, cuando estaba por llegar a su nalga hacía el movimiento más lento y marcado, porque me encantaba su respiración agitada.

Ella me tomó de la barbilla y giró mi cara para verme de frente, su mirada jugaba con la mía y poco a poco bajó su vista a mis labios, por instinto los lamí y vi la forma en que ella soltó el aire. Ahora estaba perdida en esos labios carnosos que escondían unos dientes blancos perfectos. Sus dedos se clavaban suaves en mi piel, y sus labios se acercaron a mí.


Antes de llegar dijo con una voz quebrada “Solo porque tú lo pides baby” y me besó. Sus labios húmedos tocaron los míos de una forma fabulosa, mi mano recorría sus nalgas y su mano delineaba mi escote mientras su lengua bailaba con la mía y era un beso magistral, sentía ganas de tocarla por completo, de disfrutarla una y otra vez.


Nos soltamos y los cuatro estábamos más que calientes, la botella nos duró para dos tragos y se acabó, así que pagamos la cuenta y nos fuimos al hotel de nuevo, esta vez me subí yo primero y ella cayó en mis piernas para besarme una vez más mientras ellos prendían el motor y con su característico rugido nos fuimos de ahí.


Al llegar al hotel nos bajamos del auto entre risas y unos cuantos gemidos, porque Daniel disfrutaba probar el sabor de mis besos en los labios de su novia y José y yo nos mirábamos con esa complicidad que nos caracterizaba.


Entramos aún entre risas y descubrimos que una pareja se besaba acaloradamente frente a la alberca. Él estaba sentado en un camastro y ella permanecía encima de él moviéndose deliciosamente y de repente los cuatro veíamos como le sostenía las nalgas mientras ella se aprisionaba de sus hombros y juntos jadeaban entre besos.


La mano de José comenzó a bajar de mis hombros a mi cintura, acercándome más a él para besarme. Yo aún llevaba de la mano a Alejandra y cuando miré de reojo ellos estaban en un beso interminable, sin tiempo de nada sentí los labios de mi mejor amigo darme el beso de mi vida, ¡vaya que lo sabía hacer!


Mi mano libre pasaba por su nuca para acercarlo más a mí y de pronto sentí una mano en mi brazo que me hizo soltar a mi amigo para voltear y caer de lleno a la boca de Alejandra, la mano de Daniel que seguía en mi brazo se movía lentamente hasta mi escote y en un ligero roce con mi pezón solté un gemido que Alejandra replicó por completo.


José estaba detrás de mí besando mi cuello mientras rozaba mis nalgas con su verga ya dura. Y sus manos pasaban por mi cadera para subir poco a rozar mis tetas y las de esa belleza que besaba como los ángeles.


Y en un microsegundo de consciencia nos dimos cuenta que ahora esa pareja nos miraba con deseo, ella estaba sentada de espaldas a él y cada pierna estaba a un lado del asiento y su cuerpo estaba recargado en el pecho de su hombre. Él bajó su mano y descubrió un pecho de su mujer y lo masajeo hasta que todos vimos que su pezón estaba tan duro y bajó la mano mientras nosotros ya ardíamos de pasión... la continuó bajando hasta que llegó a su sexo y ella levanto la cara arqueando su espalda de placer.


Veíamos como la masturbaba mientras yo pasaba la mano por las nalgas firmes de Alejandra y José metía la mano debajo de mi vestido para acariciar las mías, una mano de Daniel recorría mi pecho y Alejandra agarraba mi otra mano para guiarlas hasta su sexo. Todos nos tocábamos, pero no perdíamos ni un segundo la vista de cómo ese hombre jugaba con la humedad de ella.


De pronto se detuvieron, nos miraron y ella dijo algo que no alcanzamos a escuchar, pero él la miró y sonrió como el mismismo Diablo, asintió con la cabeza y nos miró una vez más.


  • Chica del vestido negro, te invito a probar el embriagante sabor de mi mujer – me dijo en una voz de hombre que hizo que mis rodillas temblaran.

  • ¿Yo? - pregunté algo sorprendida y sumamente excitada.

  • Sí mi niña, ven.

Y estiro su mano esperando por la mía.

Uno, dos, tres pasos y mis piernas temblaban, pero mi cuerpo, mi sexo y mi cabeza ardían de placer. Y toqué su mano caliente y aún húmeda por el sexo de esa mujer que ahora me veía a la altura de mi pecho, mientras yo veía la mano de ese hombre ella bajó un poco el escote de mi vestido y besó mi pecho, succionando de una forma que me hizo perder el piso, al voltear de reojo pude ver como Alejandra me miraba mientras la besaban y tocaban por todos lados. Con un gesto asintió y la boca de esa mujer me hacía gemir más fuerte. La mano de él me tomaba con firmeza ahora de la cintura, para que yo no me moviera ni un centímetro de la boca que me follaba las tetas.


Y en cuanto me soltó caí de rodillas para dar un lengüetazo por ese sexo de mujer madura que me parecía una poesía. Sentía la humedad en mi lengua y su sabor me parecía embriagante... el olor que emanaba era sensual, así que sin más inhale fuerte y ella grito de placer, sostuvo mi cabeza y comenzó a mover la cadera de arriba abajo mientras su hombre jugueteaba con sus pechos y ella tomaba la verga que tenía a su espalda.

Sentía como se tensaba más con el movimiento de mi lengua, él tomaba sus tetas y ella gemía más fuerte, o quizá era Alejandra que ahora estaba en bragas y con las tetas de fuera, José disfrutaba de ellas mientras que Daniel rozaba su verga en sus nalgas y besaba su cuello.


Yo sentía cada vez más cerca el orgasmo de ella, su humedad caía por mi boca a mi pecho y ella de vez en cuando dejaba la verga de su hombre para jugar con su humedad en mis pezones y de pronto escuche gemir a Alejandra y era porque José le estaba metiendo su deliciosa verga mientras que ella se la chupaba a Daniel y ver eso me puso más caliente, si es que eso era posible.


Ella se tensó y sentí su humedad llenar mi boca, el sabor era lo mejor que me había pasado y ahora se ponía de pie entre gemidos para sacar la verga de él y ofrecérmela mientras ponía su trasero en su cara. Yo me acerqué a probar esa verga de hombre maduro que se me presentaba cuando un par de manos bajaron mi vestido y me dejaron en ropa interior.


Al voltear vi que Daniel me sonreía y casi me pedía permiso para bajar mis bragas, yo estiré mis piernas y levanté un poco más mis nalgas en señal de aprobación. Y las bajó mientras besaba todo a su paso, una vez que las sacó por mis pies yo me agaché a seguir en lo que estaba, pero las manos de una mujer madura detuvieron mi camino para levantar mi cara y mirarme un segundo antes de besarme. Cada beso era diferente y yo sentía cada movimiento de su lengua como una caricia, que se conjugaban con las manos de Daniel que ahora jugaban con mis tetas y su boca que besaba y mordía mis nalgas. Mi mano tocaba la verga que estaba a punto de probar y otra llegó directamente al pecho de ella y me encontré con un par de manos que disfrutaban mientras se comía el coño de su mujer.


Ella me soltó y bajé a probar la gota de semen que se asomaba en la punta de su virilidad, y al hacerlo sentí una lengua maestra recorrer todo mi culo, el placer era sublime... y no pude más y lo metí de lleno a mi boca buscando sentirme saciada por algo, yo ardía de placer y Daniel me comía por completo, los gemidos de Alejandra llevaban el ritmo de los besos de todos nosotros, ahora José se lo metía por detrás mientras ella estaba recargada en un muro con una pierna levantada. En cada estocada la levantaba un poco del piso y ella gritaba de placer mientras yo disfrutaba la verga de un hombre y la boca de otro.


Cuando la dejé totalmente húmeda su mujer bajó de su boca para dejarlo entrar poco a poco en su sexo, pude ver perfecto como se perdía dentro de ella y como se abría para él, mientras que Daniel comenzaba a meter su verga en mi humedad. Y yo corría a comerme la boca de esa mujer que entre gemidos por ser poseída me besaba como nunca nadie.

Bajé a sus pechos y los besé a mi gusto y placer, Daniel entraba y salía de mí, así como él entraba en ella... y de pronto él la levanto y me jaló para que ahora sea yo quien le permita entrar en mí... y así lo hice.


La mujer besó a Daniel que ahora se deshacía por ella y este man me tomaba de la cintura para sentarme a horcajadas sobre él y así pudiera entrar en mí, su boca besaba mis tetas, pero en cierto momento, antes de que entrara lo tomé de la cara y lo besé.


Él era un cuarentón, más grande que los otros dos hombres que estaban esa noche, tenía una barba completa y canosa que le quedaba perfecto con el pelo en pecho que le adornaba de una forma sublime. Era fibroso, delicioso y su verga podía ser un vicio para mí, pero al probar su boca, me di cuenta que él sabía lo que hacía, así que lo besé con calma, quise probar la habilidad de su lengua antes de sentirlo dentro de mí.


Entendió perfectamente bien lo que quería así que antes de hacer nada me hizo totalmente hasta atrás hasta que mi espalda quedó recargada en el camastro y levanto mis piernas hasta que su boca llegó a mi sexo y me folló como nunca. Yo veía de cabeza como José follaba a Alejandra y como su mujer le hacía felación a Daniel, pero nada me importaba porque cerré los ojos y me perdí en el placer sublime de que este hombre me comiera todo con su boca.


Sentía que estaba a punto de terminar y él seguía arrasando con todo, y de pronto se detuvo por un momento, me miro y dijo “Vamos pequeña, has feliz a papi” mientras soltaba el aire y me hacía estremecer a más no poder y un par de lengüetazos más me dieron el mejor de los orgasmos. Yo me partía en mil pedazos y no supe en qué momento se acomodó, solo sentí su verga entrar en mí, poco a poco mientras rugía de placer.


Al abrir los ojos pude verlo y era una delicia... mientras él embestía cada vez más duro busqué con la mirada a Alejandra que ahora caminaba hacia mí y no entendí lo que quería hasta que puso la verga de mi mejor amigo en mi boca y yo comencé a chuparlo. Ella fue a acompañar a la mujer a darle placer a su novio y yo me sentía llena por todos lados.

Fue cuando el hombre misteriosamente sexy me levantó y se sentó para entrar en mí y dejarle el camino abierto a José para que disfrutara con mi culo. Y yo encantada... al principio fue raro, pero poco a poco me sentía llena y satisfecha y cada vez podía sentir más cerca un siguiente orgasmo.


Ellos entraban y salían y llego esta mujer a besar a José mientras que Alejandra besaba a su pareja y Daniel entraba en una y en otra a su antojo. Yo sentía como se tensaban, las estocadas eran más profundas y pausadas cuando alguien me jaló del cabello y me besó, no estoy segura quien fue, solo sé que sentí el calor de un orgasmo que terminaba en mí, seguido de otro que venía a desatar un último orgasmo mío que me rompía totalmente y con eso venían gritos y gemidos de otras personas seguido de sonidos de respiraciones agitadas.


Poco a poco salieron de mí, de Alejandra y de la mujer misteriosa, y nos fuimos acomodando en aquellos lugares para descansar que estaban en el patio.

Las respiraciones eran imprecisas, hubo quien se quejó de algún dolor o molestia, quien se tapó o quien quiso hacer un comentario oportuno. La verdad no era importante... estábamos satisfechos.


Uno poco de tiempo después sacamos otra botella y nos servimos un trago, aunque más tarde cada quien se fue a su habitación.


Yo llegué directamente al baño y me metí a la tina con agua tan caliente que ardía, pero al mismo tiempo compensaba ese placer que había recibido, José me acompañó y descubrimos que nuestra relación jamás volvería a ser como antes y estaba genial.


Poco antes de dormir prometimos repetir un viaje así en unas semanas. Y al despertar volvimos a la ciudad. A fin de cuentas, el fin semana a veces dura muy poco, pero puede ser muy épico.



 
 
 

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