¡Viernes por la noche en la oficina!
- Lilhy Camacho

- 3 ago 2019
- 10 Min. de lectura
Viernes por la noche, afuera esta lloviendo terriblemente y no me quiero ir de aquí. Sí se que es un poco extraño el quedarse en la oficina después de las 10 de a noche, sola y en realidad sin tanto trabajo, o sea si tengo, pero este será uno de los fines de semana más relajados que tendré desde hace un par de meses. Lanzar campañas nos ha llevado demasiado tiempo.
Lucy y Marcos se fueron hace rato, claro ellos van juntos en el carro de ella, no tienen porque preocuparse de la lluvia. Es en estos momentos donde odio la idea de ser ecologista y llegar en scotter a la oficina, ¿en qué momento me volví tan hípster para seguir esas estúpidas modas?
Si trajera mi auto me hubiera ido hace horas, o bueno, en realidad no. Amo estar aquí, a esta hora todo es tranquilidad, amo que la oficina sea un lugar privado donde nadie entra, donde puedo estar sola y poner música tan alta como quiera, donde puedo incluso acostarme en el sofá a ver las nubes si eso quisiera.
He pasado tantas horas aquí que ya lo siento como mi casa, además últimamente todo ha ido de maravilla, así que el ambiente es dulce, amoroso, agradable y eso me fascina.
En otros tiempos hubiera querido salir corriendo a beber, comer demasiadas calorías y bailar como si no hubiera mañana… hoy no. Creo que estoy empezando a envejecer, porque veo a las personas que cada ocho días están en todos los bares que hay cerca de Reforma o de la Zona Rosa y me pregunto si no disfrutan un viernes de paz en la oficina.
Incluso, agradecí el hecho que Dan me cancelara la cita que teníamos hoy. Y eso que teníamos semanas planeándola, todo parecía indicar que nos escaparíamos toda la noche a disfrutarnos y perdernos, pero hoy en la tarde tuvo que tomar un vuelo a Monterrey para ver a su cliente estrella. Así que solo traigo mi ropa interior más bonita en balde.
Ya ni hablar de lo terrible que estar toda depilada y ultrasensible y no aprovecharlo como se debe, me planché mi pelo, traigo tacones y unos jeans que marcan de forma monumental mi trasero, mi blusa favorita que, en realidad no es tan escotada, pero tiene detalles que me encanta, además me hace sentir sexy y bonita.
Y todo eso para terminar escribiendo en mi computadora cosas sin sentido, con los pies descalzos recargados en una silla que está justo enfrente de mí y bebiéndome la última cerveza que quedaba en el refrigerador. Porque sí, mi jefe nos deja tomar en la oficina, obvio solo puede ser cerveza o quizá vino, solo jueves o viernes… y siempre y cuando estemos al día con el trabajo.
Por eso ayer trajimos cuatro paquetes de cervezas, quedaban 3 y ahora voy por la última. Aquí, sola, pensando y analizando todo lo que me ha ocurrido últimamente.
Debo decir que han sido cosas fabulosas, el trabajo marcha perfecto, me encanta trabajar aquí.
Dan y yo no somos nada y sin embargo me encanta platicar con él, seducirnos en momentos inapropiados, jugar, me fascina que puedo ser tan perversa como quiera y él siempre está a la altura de las circunstancias. Me seduce desde la mente y por todos los Dioses, quisiera que estuviera aquí en México para perderme en él.
Hay veces que llevamos los juegos a otro nivel, por ejemplo, hace unas semanas le conté que traía falda, porque por increíble que parezca, hacía demasiado calor. Y en mi oficina da el sol de una forma perfecta por las tardes, así que decidí venir así para broncearme un poco y hacer un “Acapulco en la oficina”, falda, camiseta y sandalias fueron el look de ese día.
Cuando le conté aplicó la clásica fórmula de que le mandara una foto para que viera mi look, ese tipo de cosas que no solía hacer y que él encuentra la manera de convencerme, le mande una foto muy discreta vista desde el espejo de cuerpo completo que hay en el baño principal, entonces el me mando una, en su oficina, de traje, formal y guapo como siempre.
Entonces le mande una mucho más divertida desde mi escritorio, y el me mando una mucho más casual sin corbata, riéndose, relajado… perfecto.
Así que yo le presumí mi nueva forma de tomar el sol en la oficina, esto era acostada en el sofá, las piernas en la ventana y mi computadora sobre ellas, trabajando mientras me bronceo… y él me mandó una sin camisa… y yo le mande una sin computadora, y él me mandó una sin pantalón.
Se tomó la molestia de poner en el título: “quítate las bragas”
Eso ya era demasiado sexy, ya se estaba saliendo de control y era por mucho lo más fantástico del mundo.
A veces estar sola tanto tiempo en la oficina puede resultar muy divertido. La siguiente foto que le mande fue de mis bragas literalmente colgadas de la silla de mi escritorio… la conversación subía de tono y cada vez era más divertido hasta el momento en que mi jefe me mandó un mensaje que llegaba en dos minutos para salir a comer con un cliente, ¡juntos!
Su mensaje llegó justo cuando estaba en lo más divertido de mi conversación con Dan, así que, como pocas veces me pasa, esta vez dejé pasar el mensaje y lo vi justo en el momento en que abría la puerta de la oficina.
Por suerte venía distraído en su teléfono (como todo el tiempo) y solo pude dar un brinco, dejar la lap en la mesa y muuuuy discretamente agarrar las bragas colgadas y guardarlas en la bolsa trasera de mi mochila. Después de todo es la ventaja de usar tangas de encaje, se pueden ocultar fácilmente.
Mi jefe me veía como tratando de descifrar el rubor de mi cara, mi sonrisa nerviosa y el por qué mis manos temblaban. Y es que no podía ser diferente, Dan jugaba con mi mente casi hasta llevarme a tener un orgasmo y la adrenalina de ver entrar a mi jefe fue demasiada.
Me preguntó si estaba lista para ir a comer, le pedí un momento para ir al tocador y refrescarme y corrí lo más lejos y lo más rápido que pude. Al entrar al baño me di cuenta de que dejé la mochila en el escritorio y que básicamente no llevaba bragas.
Al salir del baño mi jefe ya me esperaba en la puerta, ni hablar, me tendría que llevar la mochila y buscar un tocador en el restaurant… justo cuando caminaba hacia ella, me jaló del brazo y dijo que no había tiempo y que además no era necesario.
Y me llevó a la puerta, cada vez veía como me alejaba más y más de mi mochila y con eso de la única seguridad que podría sentir.
Ni hablar, un reto nuevo… me subí al carro con demasiado cuidado, el aire se sentía por todos lados y yo estaba a punto de estallar. Pero debía mantener la calma.
Mientras manejaba, como toda la vida, íbamos cantando y bailando, porque definitivamente estar en el coche con él era lo más divertido de mi trabajo. Me dejaba jugar con sus playlist y como niños chiquitos subíamos el volumen y hacíamos nuestra propia fiesta en el carro. Pero ese día iba de lo más tranquila, es más, recuerdo que puse a Sam Smith con el volumen en 15, ¡¡en 15!!... siempre lo poníamos en 100.
Así que muy preocupado me preguntó qué me pasaba, si me sentía mal, si tenía calor… esto último lo acompañó con el gesto de prender el aire acondicionado, una de las salidas fue directo a mis piernas y juró que al sentir que el aire directo me daba de golpe sentí como si me fuera a dar el mejor orgasmo de mi vida, pero cómo hubiera podido disimular eso… así que me moví nerviosa, mordiéndome los labios y sin querer gimiendo muy bajito y mejor estiré mi mano para apagar el aire.
En ese momento mi jefe, literalmente, le bajaba a la música en cero para verme fijamente y saber qué me pasaba… por voltearme a ver no vio un bache y el carro saltó un poco, pero lo necesario para mí.
Mi mano se encontró con la de él en el tablero del coche y no encontré nada más que hacer que sostenerme de él, cerrar mis ojos y dejarme llevar… fue en ese momento donde él se dio cuenta de lo que pasaba.
¿Sabes cuál fue su reacción?
Después de verme gemir y disfrutar, sostener mi mano con fuerza, subirle al volumen desde el volante y acelerar, lo único que pude ver era su sonrisa, entre burlona, caliente, sexy, coqueta… su mano la movía en un gesto muy obvio de arriba para abajo, de mi muñeca a la palma de mi mano, y luego de regreso… una y otra vez. Hasta que por fin dijo:
“¿Traes un vibrador?"
Yo estaba roja, acelerada, sonriente, extasiada a tal punto que solo pude sonreír. Una sonrisa traviesa con la que ni siquiera hice el intento de disimular.
“¡No!”
Contesté después de unos minutos…
Llegamos a comer y cabe mencionar que todo estuvo de maravilla, el cliente quedo feliz con la propuesta que le hicimos.
Cuando veníamos de regreso, después de semejante orgasmo y la comida… como nunca en la vida, me quedé dormida en el coche, el sol me daba en mis piernas y el aire del carro me daba el contraste perfecto que hizo que descansará esos 40 minutos de camino.
Después de ese día no volvimos a tocar el tema. Nunca se enteró que fui sin bragas a una comida de negocios ni todas las travesuras en la oficina. Solo supe que últimamente ya no nos veíamos de la misma forma.
Y es que solo a mí se me ocurre… ya lo sé.
A veces, como hoy, que estoy sola en la oficina suelo imaginar como sería follar con él, el escritorio es muy grande, pero siento que rechinaría horrible, además en una de esas se le rompe una patita… no, ahí no se me antoja. Pero en las sillas que tenemos quizá sí.
Son cómodas, reclinables, y tienen la altura perfecta… sí definitivamente sí.
En los bancos de la recepción, son altos… yo creo que sí. Me imagino ponerme de espaldas a él, recargada ahí, sintiendo como entra y sale, como me hace suya y me domina. Sí, definitivamente ahí también lo haría. Y de las escaleras de la entrada…. Siiiiiii y mil veces sí.
La cocina también me gusta… definitivamente también lo haría ahí… pero quizá ahí sería solo entrar y hacerle una felación, en silencio, mientras Lucy y Marcos trabajan afuera. Saber que puedo darle placer cuando quiera y donde quiera… eso sería genial.
Y por qué no, jugar con un hielo de vez en cuando… comer helados de formas creativas y en una de esas follarmelo por toda la oficina.
Pero ¿de qué estoy hablando? Es mi jefe, el mismo que me ha regañado mil veces, el que me hace enojar con sus miles de exigencias, el mismo que debe tener una paciencia de Dios por enseñarme una nueva lección cada semana.
Debo dejar de pensar en esas cosas, creo que la cita con Dan tendrá que ser el lunes a primera hora, y dejaré de pensar cosas así. Mejor voy a guardar mis cosas y me voy a ir a mi casa y dejaré que la lluvia quite estos malos pensamientos. Sí, eso haré.
Bueno, quizá solo 5 minutos más… me enc…
¿¿¿pero qué demonios???
¡¡¡Otra vez llegó!!!
- ¿Por qué siempre llega cuando estoy más húmeda y caliente mientras pienso guarradas?
- A ver Lilhy, ¿por qué piensas guarradas hasta el punto de ponerte caliente en la oficina?
- Hummm mi otra yo tiene razón… pero es que míralo…
- Juiciosa, ¿escuchaste lo que te preguntó?
- ¿qué? ¿dijo algo?
“¡¡Lilhy!! ¿Qué haces todavía aquí? ¿te sientes mal?”
“No jefe, ¿por qué? ¿me veo mal?”
“No, pero ya es noche, creí que estaría sola la oficina”
“Si, ya me iba, pero empezó a llover y no me quiero mojar… al menos no así”
“¿qué? ¿de verdad te sientes bien?
- Estúpida, ¿es en serio qué le dijiste eso?
- No lo puedo evitar, es la emoción
- Pues inténtalo… y contesta algo que pareces mensa aquí parada sin contestar.
- ¡Oh cierto!
“Si, solo que no me quería mojar, y recordé que quedaron un par de cervezas y se me hizo fácil quedarme a escribir un rato, normal”
“¿normal? ¿en serio que te pasa? ¿tienes algún problema? Últimamente has estado muy rara”
“no jefe, todo está bien, de verdad”
“¿segura? Sabes que cuentas conmigo para todo… ¿verdad?”
- Mierda, mierda… se está acercando… ¿Por qué se acerca?
- ¿oyes eso? Nuestro corazón se va a salir
- No, no… respiremos, piensa en algo que no tenga que ver con él, con su cuerpo, con su calor…
- Diablos, ¿nos quiere abrazar?
- Discúlpate por algo y salgamos de aquí…
- Pero… pero…
“¿Te puedo dar un abrazo?”
“Me puedes dar lo que quieras”
- ¿es en serioooooooooooooo?
- ¡¡¡¡No lo pude evitar!!!!
“¿segura?”
- Esa sonrisa, esa mirada, ese calor, sus manos, él es mi perdición
“Si”
- Deja de coquetear
- ¿crees que nos bese?
- No, es tu jefe…
- ¿y si lo beso?
- Noooooooo.
- Mierda, él me besó a mí. Juro que yo no fui, pero es que el sentir sus labios, wow, es genial, justo como lo imaginé, me encanta esa forma en que se pega a mi cuerpo, sentirlo… hummmm, espera ¿duro?, ¿está duro por mí?
- No idiota, está duro por la comida.
- Me encanta la forma en la que me toca, en la que me ve… en la que me quita mi blusa… espera. ¿Qué?
- ¡¡¡Haz algo!!!
- Seeeee, le quitaré su camisa… y es que, por Dios, esos tatuajes…
- Diablos Lilhy, ¡es tu jefe!
- ¿Entonces no debo bajarle el pantalón así?
- No te vas a detener, ¿verdad?
- Nop, muero por probarlo, su sabor, su textura, quiero sentirlo entrar y salir, quiero que gruña de placer por mí, quiero ser la que lo lleve al cielo mientras siente mi boca, mi humedad, mi lengua… me encanta estar aquí, de rodillas ante él, me fascina la forma en que sostiene mi cabeza y me folla como nunca nadie.
“de pie pequeña, te quiero sin pantalón, solo en tacones y con esa rica tanga que tienes”
“¿Te gusta?”
“¡Te voy a demostrar que tanto me gusta!”
- Woooow, sentirlo es mil veces mejor que imaginarlo.
- No lo voy a negar, sabe lo que hace
- Si tan solo hablará más.
- ¿Neta estás pensando en eso?
- Que te puedo decir, amo su voz.
“Solo dime una cosa… ¿desde hace cuánto querías esto?
“hace mucho”
“¿Y por qué no solo lo pediste?”
“¿Pedirlo?”
“Pídeme que te folle como nunca, que te haga mi puta, que seas mía… dime que me vas a complacer”
“voy a hacer lo que gustes y mandes, soy tuya, tu puta personal, solo follame… follame y nunca pares”
“¿eres mi qué?”
“soy tu puta”
- Por todos los Dioses, no puedo más
- Esto es demasiado, esa voz, sus manos se clavan en nuestra cadera y eso duele
- A mí me gusta
- Cada estocada es más dolorosa, más rica
- Siento que muero
- Siento que vuelo
“Así pequeña, termina conmigo, ¡anda!
- Y cómo no hacerlo, él manda…
- Adios juicio, hola placer.





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